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miércoles, 6 de marzo de 2024

El vizconde y la cazafortunas (Los demonios de Havisham 3), Lorraine Heath


El vizconde Locksley había visto cómo se cumplía la premisa en el caso de su padre, tras la muerte de su adorada esposa. Pero cuando su progenitor decidió desposar a la cazafortunas de cabellos de fuego Portia Gadstone, Locke se sintió obligado a tomar medidas drásticas para impedir que esa mujer de impresionante belleza se aprovechara de su padre. Y un matrimonio cuya única finalidad fuera el placer mutuo podría resultar de lo más conveniente, por supuesto siempre que no se filtrara ningún sentimiento inconveniente.
La desesperación había empujado a Portia a acceder a casarse con un demente. El acuerdo le ofrecería la protección que necesitaba. Al menos eso pensaba hasta que el inquietantemente atractivo hijo del marqués leyó la letra pequeña del contrato… ¡y decidió ocupar el lugar de su padre!
De repente la tranquila y, sobre todo, segura unión que Portia había planeado había sido transformada en otra, rebosante de traviesas tentaciones y abierta a la posibilidad de que le rompieran el corazón. Porque, a medida que iba enamorándose de su endemoniadamente seductor marido, sus oscuros secretos empezaron a aflorar, amenazando con destrozarlos a ambos, a no ser que Locke fuera capaz de arriesgarlo todo y abrir su corazón al amor.
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¡Y llegamos al último de los demonios de Havisham! Ay, qué gustito me da cruzarme con diablos literarios, casi siempre me han dado una gran satisfacción bajeril lecturil. En esta serie he tenido experiencias satisfactorias pero irregulares y la Heath me ha reservado una alegría final ya que la historia de Locke es la que más me ha hecho disfrutar. Y no precisamente por sus sorpresas porque, salvo por cierto secreto, sabes bien desde el principio lo que va a ocurrir, ya que, en romántica, un matrimonio por conveniencia solo puede acabar bien.

Y por eso nos gusta

El visconde y la cazafortunas empieza con un anuncio de matrimonio, el del padre loco del vizconde.

Me muero muerta

Pues más o menos como Locke y nosotras, que nos hemos pasado los dos libros previos viendo cómo Marsden, el padre de Locke, no superaba la muerte de su esposa para descubrir aquí que se ha buscado una esposa por correspondencia con el único fin de tener un heredero, ya que su hijo Locke no tiene pinta de casarse y tener un hijo pronto. Ya veis, el padre de Locke quiere asegurarse de que el título se quede en casa y, si su hijo no se pone a procrear, ya se pone él.


Pues este es el invento de la Heath para que Locke diga que ni de coña y al final, para no hacer un estropicio en las arcas familiares, acabe casándose él con la moza que había escogido su padre.

Estoy en la flor de la vida

Por mucho que me guste Yetta, la moza escogida es joven, lozana y con credenciales de fertilidad, a ver si crees que el padre escoge para tener bebés a una que puede que no los teng. Portia Gadstone es viuda, tuvo un niño y, por razones supersecretas que luego acabaremos sabiendo, decide casarse con un hombre con fama de loco. Cuando Locke ve a Portia, levanta mástil pero, cuando se entera de que va a ser su madrastra, lo que se le levanta es la mala leche. ¡Y ya no os digo cuando se entera de que, si Portia no acaba el día casada, tienen que darle una pastuza! Pero el contrato de matrimonio no especifica el nombre del marido y Locke no quiere ver a su padre mangoneado por una esposa interesada, así que decide casarse él con ella porque, total, si tiene que hacerlo y procrear, mejor que sea con una moza que desde el minuto uno le pone el palote. ¡Locke huele el wantonismo y Portia parece irlo regalando! Ay, cómo serán las noches de boda.

Todas las noches Portia acabará volando

Y, si no ocurre, me devuelvan el dinero. Obviamente, las cositas del amor no les interesan a ninguno de los dos, a él porque no quiere pasar por lo que está pasando su padre al perder al amor de su vida y a ella porque ya conoció el amor con su marido y, con él, la decepción, así que no hay nada mejor que un matrimonio en el que el amor queda totalmente fuera. Con Locke y Portia casados pero siendo unos completos desconocidos comenzamos un libro en el cual no tenemos apenas misterio pero que me ha hecho pasar un rato estupendo. Cuando he empezado, reconozco que no me ha hecho mucha gracia el sopinstant instalust de Locke y pensé que ya empezaba el libro con el pie izquierdo, pero poco a poco la relación entre Locke y Portia me ha hecho sentirme más cómoda. Como ambos tienen las cosas claras desde el principio, se dedican al forniqueo y a decirse las cosas sin disfraces, lo que hace que se vayan conociendo y descubriendo como las estupendas personas que son. Bueno, se van conociendo pero los secretos secretosos no los sueltan, ¿verdad, Portia?

Portia al aparato

Pues ya sabéis, cositas que pasan, que resulta que huyes de algo y a tu marido no se lo dices confiando en que jamás se enterará. Spoiler: se entera. Como os digo, no hay sorpresas, ya que sabes desde el principio que no quieren oír hablar de amor ni en pintura y se acabarán enamorando, que Portia tiene un secreto que no quiere que se sepa y se acaba sabiendo, que algo va a pasar en la mina (porque hay una mina) a la que va Locke a trabajar como un Ross Poldark cualquiera. La cosa no es tanto lo que ocurre sino cómo se nos cuenta y en eso la Heath tiene una habilidad tremenda, ya que logra hacer interesante lo que tiene poco misterio. El único que hay es qué oculta Portia y eso me ha tenido bastante entretenida. Si a eso le sumas que hay mucho más humor del esperado, miel sobre hojuelas. No es el libro que te va a cambiar la vida pero es una historia enagüil que se lee con mucha facilidad y te hace pasar un buen rato, por lo que se lleva en nuestro Gandymetro...

Otro vizconde palote pa mi bote


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lunes, 18 de diciembre de 2023

Deseos ocultos del conde (Los demonios de Havisham 2), Lorraine Heath


Una noche de verano, años atrás, Edward Alcott había cedido a la tentación de besar a lady Julia Kenney en un jardín oscuro.
Después de que la dama se hubiera casado con el hermano gemelo de Edward, el conde de Greyling, esa pasión que ella había despertado en él debía permanecer entre las sombras del jardín. Sin embargo, cuando la tragedia les golpeó con fuerza, y para honrar el juramento hecho a su hermano moribundo, Edward debía fingir ser Greyling hasta que la condesa diera a luz a su bebé.
Tras el regreso de su esposo, después de un viaje de dos meses de duración, Julia lo encontró cambiado. Más descarado, audaz, y mucho más travieso, aunque limitara sus encuentros a unos simples besos. Cada día que pasaba, ella se sentía más enamorada de él.
Para Edward, los rescoldos del deseo, que habían prendido aquella noche de hacía tantos años, recobraron vida con suma rapidez. Se moría por ser su esposo en toda su plenitud. Pero, si ella descubriera el engaño, lo despreciaría, y las leyes inglesas le impedían casarse con la viuda de su hermano. Aun así, sabía que debía arriesgarlo todo y revelar sus secretos si quería optar a recibirlo todo.
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¡Qué ganas tenía de llegar a este libro! Ya sabéis que uno de mis pasatiempos mientras paso el mocho me hago la manicura es escuchar Fated Mates, el podcast de Sarah Maclean y Jennifer Prokop en el que hablan de tropecientos libros y hacen que me den ganas de leer casi los tropecientos (alguna vez me apañaré alguna lista o algún reto personal con esos libros pasa salir de mi zona de confort porque recomiendan de to-do). Y uno de los libros que han mencionado varias veces ha sido este, Deseos ocultos del conde. O, como ellas lo llaman, The Gorilla Twins.


Ay, de verdad, ya solo recordar las risas que se han echado a costa de este libro me provoca la risa a mí. No es que sea un libro malo, es que parte de una premisa loca total, no sé si es que la Heath le dio un poco a la ayahuasca o qué pero dime tú a mí si no es delirante que un par de gemelos se vayan a África, a uno lo mate un gorila y el otro regrese a casa para hacerse pasar por el muerto ante su embarazadísima esposa y que esta no sufra y pueda dar a luz.

Kim, tras leer la sinopsis

No os destripo nada que no cuente la sinopsis (bueno, lo del gorila, pero era necesario para que también lo llaméis el libro de los gorilla twins). Os pongo en situación. Edward Alcott y su gemelo Albert son hijos de una pareja churruscada en el accidente de tren donde también se churruscaron los padres de Ashe (véase el libro anterior). Los tres fueron criados en Havisham por el tarumba de Marsden junto al hijo de este y allí hicieron y deshicieron a su antojo sin que nadie les controlara. Al ser Edward el segundo en nacer se libró del título de conde y de las responsabilidades que este conllevaba, así que se dedicó a la vida padre, follisqueando por doquier, viajando mucho y contando luego sus historias con el mismo magnetismo que Henry Cavill leyéndote The Witcher las páginas amarillas lo que sea. Mientras tanto, Albert se dedicaba a ser conde, se enamoraba de Julia Kenney y se casaba con ella. Pero, ay, que en el noviazgo de estos dos pasó una cosita y es que Edward, decidido a tocarle los ovarios a Julia, se hizo pasar por Albert y le robó un besarraco. Y no uno cualquiera sino el primer beso de la moza, ese que hizo que se le bajaran las ligas de la emoción. Imaginad lo que fue para ella enterarse de que su primer beso no se lo acababa de dar al hermano correcto...


Desde entonces, entre Edward y Julia hay una enemistad tremendísima, así que ya podéis suponer lo que es para él hacerse pasar por su hermano y ser amantísimo con su mujer, que está embarazada y no puede perder el niño... 


Hija, ¡que tiene que ser cariñoso con su cuñada! ¡Que tiene que llamarla cuchi cuchi! ¡Que tiene que trincársela!

Loca me quedo, Mari

A ver, no va a llegar y a hacer eso, mujer. Lo hará después, jejeje. ¿Habrá cosas peores que trincarte a una mujer que odias? Pues sí, tener que trincarte a la mujer de tu hermano de la cual llevas secretamente enamorado desde que la conociste y siempre lo has tenido que ocultar.

Ahora sí hablas mi lenguaje

Y todo esto sin llegar ni a la mitad del libro, imaginad lo que se ha inventado la Heath. La verdad es que yo leía emocionada y con el corazón en un puño porque Edward me parecía encantador y no le veía la solución a este problema por ningún lado, con este pisto tan tremendísimo. Y esto es romántica, en algún momento Julia se tendrá que enamorar de Edward, ¿no? De él siendo él, no siendo su hermano. Y en algún momento ella tendrá que saber la verdad, ¿no? No podía con la vida con tanta historia. La Heath tiene un oficio tremendo y sabe salir airosa de cualquier cosa que se invente pero, para mí, el libro es estupendo cuando Julia está engañada y un poco bluff cuando ya sabe la verdad. ¡Y eso que no soporto los engaños! Pero, dentro de la ciencia ficción que es la romántica, me ha resultado más creíble la relación entre ambos cuando Edward fingía ser otro pero sentía como él mismo y Julia notaba que se volvía a enamorar de su marido que cuando ya se había destapado el pastel. Me ha costado muchísimo creerme su evolución, ese amor por Edward que había que justificar de cualquier modo. Así, he disfrutado mucho de la primera parte, en la que había mucho sentimiento contenido debido al engaño, y bastante menos de la segunda, en la que el engaño desaparece y la pareja debe capear su nueva situación. Me parece que la Heath se metió en un jardin y ha tenido que hacer un encaje de bolillos que no le ha salido bien para darle al libro un final feliz. 

En cualquier caso, ha sido una lectura que me ha entretenido bastante, aunque no me ha conquistado, por lo que se lleva en nuestro Gandymetro...

A este conde le quiero ver lo que esconde


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martes, 14 de noviembre de 2023

Deseos ocultos de una dama (Los demonios de Havisham 1), Lorraine Heath


Tras seis temporadas selladas con sendos fracasos, la señorita Minerva Dodger había optado por la soltería frente a los pretendientes que no pretendían más que su fortuna. Pero, gracias al club Nightingale, al menos podría disfrutar de una noche de placer. En el conocido establecimiento, las damas elegían a sus amantes ocultas tras una máscara. El terriblemente atractivo duque de Ashebury estaba más que dispuesto a satisfacer los deseos ocultos de la dama y conducir a Minerva a una relación cada vez más íntima.
Hombre de extraordinarios talentos, Ashe pronto descubrió que su compañera de cama era la poco convencional señorita Dodger. Intrigado por su valor y osadía, estaba decidido a cortejarla en serio. Pero Minerva se negaba a confiar en él. ¿Cómo iba a poder cortejar a una mujer a la que ya había seducido? ¿Y cómo demostrarle que la pasión desatada en la oscuridad no había sido más que el comienzo de una vida de placer…?
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La Heath crea unos universos que me sulibeyan los perjúmenes. Ya sea en el Oeste o en el enagüil Londres, cuando esta mujer crea una red de personajes maravillosos que no deja de expandirse, yo el digo que Lorry, chica, shut up and take my money. Se sacó de la manga a los muchachos de Feagan y, de ellos, Jack Dodger me robó el corazón (más en el primer libro que en el suyo propio pero eso es otra cosa). El caso es que Jack, como buen maromo de potencia palotil, ha tenido descendencia y su hija Minerva es su ojito derecho. Minerva Dodger no ha salido modosita y pavisosa y, claro, eso en el mercado matrimonial de las enaguas te condena a la estantería floreril si no eres la Gisele Bundchen de la época, cosa que Minerva no es. Pretendientes no le faltan porque Jack le ha dado una buena dote y no hay maromo sin un duro que no se la quiera camelar para echarle el guante al dinero pero Minerva es digna hija de su padre y de tonta no tiene un pelo, así que prefiere coger telarañas antes que casarse con un cazafortunas. Pero claro, las telarañas no quiere cogerlas en el xirri, así que se procura la entrada a un club en el cual se juntan palotes e infieles para catarlo gozosamente y morir solterona pero con una alegría xirrinal.

Pensar con la cabeza, gozar con el xixi

Así que escoge como identidad secreta la de Lady V y al club que se va. Ahí justo tiene un encuentro de lo más peculiar con un partidazo buenorro (of course), el duque de Ashebury. Ashe queda intrigado por esa mujer enmascarada (en el club te enseñaban el xixi pero no la cara) y por sus piernas perfectas, un fetiche para el duque palote que está traumadísimo por la muerte de sus padres. Y es que no os he contado que tanto Ashe como sus mejores amigos, los gemelos Edward y Albert, quedaron huérfanos cuando sus padres murieron en un accidente ferroviario donde quedó todo el mundo en forma trapezoidal y fueron criados por un amigo de los difuntos. Este amigo tenía un hijo, Locke, y los cuatro crecieron medio salvajes en Havisham porque el hombre era viudo y estaba como las maracas de Machín (ya veis que tenemos cuatro maromos traumaditos, la especialidad de la Heath). Total, que Ashe se va al club a buscar piernas perfectas que le quiten las pesadillas de los cuerpos churruscados del accidente de sus padres y, de paso, pegarse unos buenos revolcones. Lady V le intriga porque parece tener unas piernas fantabulosas y, encima, no es como ninguna de las mujeres con las que Ashe ha tenido cositas y queda tan fascinado que no solo quiere volver a verla sino que quiere hacerlo sin máscara por medio


Minerva no puede consentir que Ashe sepa quién es pero tampoco puede evitar acercarse a él y lo hace a través de su arte.

Para arte, el que entre las piernas me arde

Nos referimos a la fotografía, ya que el hombre es un Sebastiao Salgado de la vida y hace unas maravillosas fotografías de sus viajes, de lo que ve y conoce. Minerva queda impactada por cómo Ashe logra captar el alma de lo que fotografía y Ashe, a su vez, ve que la florero Minerva es mucho más interesante de lo que pensaba y, fíjate tú lo que son las cosas, le recuerda a su misteriosa Lady V...


Uuuuuuuhhhh, ¡pisto intrigante! Bueno, no, porque no es nada nuevo bajo el sol pero me ha resultado de lo más entretenido. Es un libro que, a pesar del trauma de Ashe, no resulta sentimental porque, sorprendentemente en la Heath, no se incide demasiado en eso. Es un libro entretenido y muy sexi porque, aunque no hay demasiado sexo, toda la parte del club y los momentos de tensión sexual entre ambos son fabulosos. Además, Minerva es un personaje estupendísimo. Duques palote hay muchos (sorry, Ashe) pero mujeres como Minerva, inteligentes, con mucha personalidad y con ganas de llevar las riendas de su vida no se encuentran tantas. Digna hija de su padre (ay, Jack 😍😍😍). Ashe a su lado, a pesar de ser el del trauma y, en general, el de los problemas (porque el único problema que Minerva tiene es que se quieran casar con ella por dinero), es mucho menos interesante. La Heath siempre sabe dotar de vida y de profundidad a sus personajes pero aquí Ashe es de los personajes más flojillos. Hablando de flojedades (chochona para mí por hilar bien fino), la segunda parte del libro me ha resultado más floja que la primera, donde la tensión sexual y la emoción de ver por dónde va a salir la Heath me ha hecho leer entusiasmada. En el tramo final lo mejor es ver a Jack como maravilloso padre y ver a Minerva defender su lugar como la estupenda queen que es, porque lo que es la resolución del pisto le ha quedado a Lorraine más bien sosa, ya estaba yo casi más pendiente de Edward (el protagonista del siguiente libro) que de lo que nos estaban contando aquí. 

Un poco irregular pero bastante entretenido, Deseos ocultos de una dama es un libro divertido, sexi y con ese toque de la Heath que tanto nos gusta a sus fanes. Lo he leído encantada y en un suspiro, así que le damos en nuestro Gandymetro...

Al duquesito los calzones le quito


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