jueves, 21 de mayo de 2026

En su propia liga, Liz Tomforde


Como primera mujer propietaria de un equipo de las Grandes Ligas de Béisbol, Reese Remington ha dedicado toda su vida a prepararse para este papel. Con una mente aguda y años de experiencia trabajando entre bastidores, está más que cualificada. Pero el público solo ve a una mujer en un mundo de hombres, no a la persona que se ha ganado un lugar en el campo. Bajo el escrutinio constante y la presión de demostrar su valía, Reese no puede permitirse distracciones. Especialmente una que viene en forma del tentador mánager del equipo, que cuestiona cada una de sus decisiones.
Emmett Montgomery es un exjugador estrella convertido en entrenador que trata a sus jugadores como si fueran su familia y el campo como su hogar. Después de años dirigiendo el equipo a "su" manera, lo último que quiere es una nueva jefa, y mucho menos una que parece fría como el hielo y centrada exclusivamente en los negocios. Pero, cuando se ven obligados a pasar largas horas y demasiados partidos fuera de casa codo con codo, empieza a ver el fuego que se esconde bajo el control de Reese, el corazón que hay detrás de su ambición y su inquebrantable determinación por demostrar su valía.
Cuando las acaloradas bromas se convierten en una química ardiente, los límites profesionales se difuminan y la chispa entre ellos se vuelve imposible de resistir. Pero Reese recuerda constantemente cuánta gente está esperando que fracase, y lo más seguro es mantener a Emmett a distancia, por el bien del equipo, la temporada y su carrera. Sin embargo, mantener la distancia es un juego que ninguno de los dos parece poder ganar...
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[Antes de empezar debo deciros, por si sois nuevas por aquí o no lo recordáis, que soy fan total de Tenías que ser tú de SEP, es una de mis novelas favoritas y la sombra de Phoebe Somerville y Dan Calebow es muy alargada...]

Este libro claramente Liz Tomforde no lo tenía planeado pero poco a poco se fue formando, creciendo y tomando vida, al igual que el culazo que me ha salido. Desde que le conocimos en Perdiendo el control, el tercer libro de la serie Windy City, Emmett Montgomery nos ha sulibeyado los perjúmenes robando secuencias en ese libro y en el siguiente, Siguiendo el juego, los dos centrados en los hermanos Rhodes y los Windy City Warriors, el equipo de béisbol en el que juegan y del que Emmett es entrenador. Sale poco pero lo que vas viendo y conociendo de él te retrata un hombre maravillosísimo que hace que te vayas enamorando de él incluso aunque sea un secundario muy secundario (ay, eso de que cambiara por completo su vida para criar a una hija que no era suya... ¡Mis bragas pa ti!). Vamos, que es el típico personaje al que quieres que la autora le escriba una historia de amor secundaria en algún libro porque tremendo maromazo tiene derecho a mojar el churro y nosotras tenemos derecho a leerlo. Y hete aquí que, cuando al final de Siguiendo el juego conocemos a Reese Remington, la nueva propietaria del equipo, a lo que parecía algo secundario se le pone una cara de novela completa que no veas.


Y a ver quién soy yo para oponerme a los deseos de una escritora de hacer un libro enterito sobre un entrenador maravilloso y de vuelta de todo y una rubísima y guapísima nueva dueña del equipo...

Phoebe y Dan, ¡salid de mi cabeza!

Esto es lo que hay, queridas, me es muy difícil leer estas cosas sin acordarme de ellos. Pero vamos, que eso no ha entorpecido esta lectura, que en romántica argumentos y arquetipos se repiten más que el ajo (y yo las acojo en mis entretelas si me gustan). Retomemos reseña, que estábamos con Monty, Emmett o papichulo, como quieras llamarlo, retorciendo morro ante el cambio de dueño del equipo al que considera su familia. Ya sabéis que las cosas deportivas por allí no se parecen a las de aquí. Allí el equipo es tuyo y haces y deshaces como te dé la gana, incluso llevándotelo a otra ciudad si te conviene más (no estoy segura de eso pero tampoco lo voy a comprobar, llamadme perezosa). El anterior dueño era el abuelo de Reese y ella, como heredera, se ha formado toda su vida para coger el equipo. No encontrarás a nadie con más preparación que Reese para el puesto pero hay una cosa que le falta y cuya ausencia la hace, para muchos, inepta para el puesto.

Unos tremendos co*onazos

Efectivamente, ya sabéis que tener los huevos del caballo de Espartero te hace automáticamente idóneo para cualquier cosa relacionada con deporte... Monty no está a favor de que Reese llegue e interfiera en su trabajo pero no por ser mujer sino por intentar manejar las cosas de un modo distinto. Hay ahí un choque de voluntades que los hace automáticamente enemigos pero que, en cuanto Monty ve el trato que Reese recibe por ser mujer, queda en un segundo plano porque no va a consentir ese machismo delante de su bella cara. Ojo cuidao que Monty es tan estupendo que ayuda a Reese pero no se comporta como caballero andante, ella libra sus batallas hasta que necesita ayuda y ahí ya entra Monty akdjfklafhdlkjs. En fin, que ya sabéis que en esta serie los maromos son pura fantasía y son feministas a tope sin que por ello no sean capaces de atarte a la pata de la cama mientras se dan golpes en el pechote y te reclaman como suya, grrrrrrr. En fin, todo esto para decir que es un enemies to lovers que no es enemies para nada, estos se quieren trincar desde el principio. Obviamente, la relación entre ambos sí que es complicada, ya que Reese es la jefa de Emmett y, además, luchando contra el machismo de su trabajo, imaginad lo bien que quedaría para la opinión pública que la dueña bombonsito del equipo se refocilara los bajos con el maromazo del entrenador, igual que sería horrible que se creyera que Emmett se trica a Reese para asegurarse el trabajo. Ambos saben lo que no tienen que hacer... y no hacen nada por evitar hacerlo.

Los bajos tienen razones que la razón no entiende

¡Doy las gracias a la romántica por crear personajes que hacen justo lo contrario de lo que deben hacer para que yo goce su lectura! La dinámica entre ambos es fantástica, sobre todo cuando comienzan a derribar las barreras de la supuesta enemistad que tienen y pueden tener una relación de esas que disfruto especialmente, con humor y tensión sexual cada vez más creciente pero sin comportarse como críos. Ambos son adultos y como tales se comportan. Yo diría incluso que tanto Reese como Emmett son iguales cuando empiezan el libro y cuando terminan porque ya eran unas personas formadas y maravillosas. El amor no les cambia pero sí les completa y les hace mejores aún

Son la realeza de Windy City

Todo happy en el yupilandia que ha creado la Tomforde. Como casi todos los libros de la serie Windy City, En su propia liga también es un libro de dramitas ausentes, el machismo que sufre Reese y poco más. Ni siquiera se explota la rivalidad entre Monty y ella, que podría haber dado más profundidad al libro. Salvo cierta cosa al final que te mantiene alerta, no hay nada oculto, todo se gestiona a las claras, lo que es estupendo pero hace la lectura previsible y poco emocionante. Pero, si te ha gustado Windy City, esta historia también te gustará, es como echarte por encima esa mantita calentita que tanto adoras y coger tu libro favorito para pasar una fría tarde de invierno. No te provoca emociones sin fin ni te deja sin aliento pero te hace pasar un rato estupendo. Y, oye, si además puedes ver a un personaje de más de cuarenta años siendo un tipo sexy y con la cola perfectamente funcional, yo no le puedo poner pega alguna.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Monty, you can monty me


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miércoles, 13 de mayo de 2026

El precio a pagar/Tough Guy (Game Changers 3), Rachel Reid


La estrella del hockey profesional Ryan Price puede ser un jugador agresivo, pero fuera del hielo lucha contra la ansiedad. Recientemente traspasado a Toronto, está decidido a empezar de cero en el dinámico barrio LGBTQ+ de la ciudad. Lo último que espera encontrar en su nuevo vecindario es un recuerdo de su pasado en la fabulosa forma de Fabian Salah.
Fabian, aspirante a músico, detesta el hockey. Pero eso no le impide sentirse atraído por un defensa de barba pelirroja. No ha olvidado el beso que casi se dieron en el instituto, y la química entre ellos no ha hecho más que intensificarse.
Fabian está más que feliz de ser el guía de Ryan en la escena gay de Toronto. Entre discotecas y exposiciones de arte, y el sexo más increíble, Ryan siente algo que no había experimentado en mucho tiempo: alegría. Pero desempeñar el papel de peso pesado en el hielo ha pasado factura a su cuerpo y a su mente, y un futuro con Fabian puede significar colgar los patines para siempre.
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Bajo los efectos febriles de haber leído Heated Rivalry me lancé sobre el resto de libros de la serie porque, obviamente, tenía que leer The Long Game (la continuación de la historia entre Ilya y Shane). De paso, tampoco estaba mal ampliar mi repertorio de sporty melofós, que ya sabéis que son de mis maromos literarios favoritos. Pues nada, tendré que esperar a otro libro porque de este no me llevo nada más que un chasco.

Ojo lo que he disfrutado

Ryan Price colecciona equipos de hockey en los que ha jugado como yo colecciono ex maromiales. ¡Incluso ha sido compañero de nuestro adorado Ilya! Pero cada dos por tres lo traspasan. No es un estrellón pero es un jugador solvente que no deja a nadie indiferente, entre su físico de tiarrón enorme que te da una hostia y te viste de torero y su posición como defensa del que se espera casi exclusivamente eso, que se líe a dar hostias. El público vibra cuando Ryan reparte estopa pero lo que la gente no sabe es que el mozo no adora el hockey precisamente, tiene a la ansiedad como eterna compañera y, además, no oculta entre sus compañeros que es gay, lo que le hace objeto de acoso, incluso de estrellas de su mismo deporte como Dallas Kent o Troy Barrett. Traspasado de nuevo, esta vez a los Toronto Guardians, decide intentar relajarse un poco, se va a vivir al barrio queer de la ciudad... y se encuentra con su crush adolescente.

Ryan mirando a Fabian

Fabian Salah se cae de culo cuando ve entrar a Ryan en su trabajo. El jugador ya no es ese chaval tímido que su familia alojó en casa pero sigue despertando en él las ganas de rechupetearle hasta el DNI. Cuando era adolescente, Fabian pensó por un momento que podría haber algo entre ambos pero cómo iba a estar ese tochaco de hombre a fijarse en él, un chico gay poquita cosa que pasaba desapercibido. Ahora, Fabian no se esconde y no oculta su gusto por lo distinto, por llamar la atención, por el encaje, el eyeliner y el joyerío (las haggards no podemos objetar nada a su gusto) pero lo pone al servicio de su arte, ya que es compositor y cantante.


Y, por lo visto, Fabian también hace llorar a los ángeles cuando canta pero no por lo mismo motivo que Leonardo Dantés. Fabian ha recorrido mucho desde que era un chaval y su familia alojaba jóvenes jugadores de hockey y no va a dar un paso atrás ante Ryan. Él es como es y, además, odia el hockey, así que Ryan, jugador y heteruzo, es veneno puro. Pero, ay, cuando Ryan le cuenta que de hetero no tiene nada...

Dos tazas de Ryan para Fabian

Pues yo me moriré de muchos venenos pero del de este libro, no, porque no me ha gustado. Obviamente (al menos para mí) después de la historia de Ilya y Shane ni Henry Cavill dejando que le toque los abdominales me iba a dar tanta satisfacción pero tampoco pido yo mucho, con que este fuera cuqui me bastaba. Ryan Price, tan grandullón pero tan tierno y traumatizado, ha hecho su parte, pero Fabian... Ay, Fabian, qué insoportable eres.


Nada, que no me ha entrado de ningún modo este hombre, me ha parecido un egoísta que no está dispuesto a moverse lo más mínimo por Ryan, mientras que este cambia todo por amor. Entiendo que Fabian arrastra su pasado y le ha costado mucho llegar donde está pero no he llegado a empatizar con él en ningún momento, no he entendido el trato que le da a Ryan, que es un amor de hombre que necesita un achuchón y que le quieran mucho y no un egocéntrico al que hacer feliz a base de eterna atención y de tres toneladas de perlas de Majorica. La pareja me ha parecido muy descompensada y, sintiéndolo mucho, no me he creído nada de su historia de amor. Era todo tan extraño, tan ortopédico... Nada, que no he conectado y no he remontado la lectura. Bueno, miento, en el epílogo sí he disfrutado como cochina en charco, pero porque Fabian carece de importancia y hay otros que se llevan la atención, jijiji.

Y Rachel Reid no escribe mal precisamente, no es problema de calidad de escritura, es problema de calidad del protagonista, que no hay Dior que lo aguante. Así que, como Tough Guy no me ha gustado pero Ryan Price, sí, le doy en nuestro Gandymetro...

Besotes para el maromo grandote


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martes, 5 de mayo de 2026

Los Davenport (Los Davenport 1), Krystal Marquis


En 1910, los Davenport son una de las pocas familias negras que cuentan con enorme riqueza y buena posición social en unos cambiantes Estados Unidos.
Olivia Davenport, la hermosa hija mayor, está lista para cumplir con su deber al casarse… hasta que conoce a un carismático líder de la lucha por los derechos civiles, y saltan chispas.
En cambio, a la hija menor, Helen, le interesa más arreglar automóviles que enamorarse… a menos que sea del pretendiente de su hermana.
Amy-Rose, la amiga de la infancia convertida en doncella de las hermanas Davenport, sueña con abrir su propio negocio… y con casarse con el hombre con el que nunca podría estar: John, el hermano de Olivia y Helen.
Pero la mejor amiga de Olivia, Ruby, también le ha echado el ojo a John… La presión familiar la lleva a urdir un plan para conquistar su corazón, justo cuando otra persona conquista el de ella.
En este inicio de bilogía, cuatro mujeres decididas y apasionadas descubren el valor necesario para seguir su propio camino en la vida… y en el amor.
Pues aquí estoy de nuevo para traeros una lectura a la que me lancé con muchas ganas, pero ya anuncio que ha sido un chasquito lector.

Qué novedad, ¿eh?

El caso es que empecé con entusiasmo esta novela al tener como protagonistas a cuatro chicas negras en el Chicago de 1910. Algo diferente y con fundamento a la hora de colocarnos personajes no blancos en una historia de época, con todo lo que ello supone, y sin los edulcoramientos y/o fantasías que se llevan ahora (y no sigo, que me echan de aquí). 

Sí, lo tuyo es tan true como tu pelo

Pero lo que debería haber sido la gran virtud del libro  (que no niego que no haya nada digno de resaltar en ese sentido) se queda en agua de borrajas. Que sí, que esto se supone que es una novela romántica, pero el trasfondo, que es interesante, no ha sido bien explotado por la autora. Se ven ciertas pinceladas de lo que era ser negro y rico en ese momento, el problema del mestizaje, la lucha por conquistar derechos, pero no hay tanto peso como yo esperaba. Es más, en la nota final de la autora hay mucha más información que en la novela en sí y reivindica que haya más historias de este tipo. Pues hija, qué poco has aprovechado la oportunidad.

Así no


Yendo a la parte romántica, un mñé como un piano de grande, además de una estafa, porque la autora te deja a medio para que sigas con la segunda parte. Tú estás viendo cómo va todo sobre ruedas, muy fácil, y ya te hueles lo que va a pasar: los problemas al final para que te piques. Perfectamente podría haber escrito una novela completa, pero ya sabemos cómo funciona esto.



Cada capítulo es desde el punto de vista de una de las chicas: las dos hermanas Davenport, Olivia y Helena, privilegiadas, ricas, viven muy protegidas por sus padres. De hecho, su padre fue esclavo y escapó, y eso es casi un tema tabú en su casa (y una historia más interesante que contar, no es por nada). Ahora es dueño de una gran empresa de carruajes, pero se niega a reconvertirla en una fábrica de coches, que es lo novedoso. Olivia es la hija perfecta, totalmente integrada en cuanto a maneras y comportamiento en la alta sociedad. Helena, por su parte, está interesada en el mundo del motor y no duda en colarse en el taller paterno para pringarse de grasa y montar y desmontar todo artilugio que se le ponga por delante. 


Las otras dos chicas son Ruby Tremaine, amiga de las Davenport, cuyo padre está inmerso en una campaña política que los lleva algo apretados económicamente, por lo que le buscan a su hija un buen partido para casarse: John Davenport, el hermano de Olivia y Helena. Por último, tenemos a Amy-Rose Shepherd, sirvienta de las Davenport, aunque la tratan casi como familia; es mestiza y con ganas de tener su propio negocio de peluquería y colada por John.

Amy-Rose, te necesito

Hasta aquí todo bien. ¿Cuál es el problema del libro? Que suena a ya leído y, además, no hay conflicto apenas hasta casi el 90% de la lectura. Al principio, Olivia y Ruby están ya emparejadas por obra y gracia de sus padres. De pronto, todo sucede al mismo tiempo para ellas y las otras dos chicas: se enamoran y, qué casualidad, el elegido nunca es el ya destinado a ellas o el apropiado por las razones que sean. Pero no pasa nada, porque ellos les corresponden y los otros dos no ponen pegas tampoco, ya que son intercambiables (yo me entiendo). Washington DeWitt, Jacob Lawrence, Harrison Barton y el citado John Davenport son todos unos maromos que huelen a loción de afeitado, pino, bergamota y no sé qué más. Están buenísimos, tienen hoyuelos, dientes perfectos, labios carnosos, torsos firmes... un puto aburrimiento. Incluso el más cañero y reivindicativo de ellos me ha dejado fría, porque es tan típico que se le veía venir a kilómetros. Todos son un dechado de virtudes como no os podéis imaginar. Que no digo yo que tengan que ser unos feos, unos padentristas o unos pirados mentales, pero es que no tienen defecto. Sí, los protas de romántica suelen ser así, pero necesitamos que haya algo más en la historia. Los "problemas" que surgen casi al final no creo que sean muy complicados de resolver en la siguiente novela. 

Un déjà vu continuo leyendo esto

La autora afirma que quiere dar protagonismo a mujeres negras y cómo van encontrando su lugar en la vida y en el amor. Me parece muy loable, pero no me ha entusiasmado la manera de hacerlo. Lo de su lugar en la vida, vale, descubren que hay cosas por las que luchar fuera de sus mansiones, tienen expectativas profesionales más allá de casarse... En el amor, vuelvo a decir que es como leer algo que ya has visto mil veces: el amor imposible por la diferencia de clases; la atracción por el tipo que te pincha y te saca de tu burbuja; el que te quiere a pesar de tus intereses distintos a los de las demás mujeres; el que usas para dar celos y luego te enamoras de él. Un cliché detrás de otro, pero sin más sustancia, con unos personajes sin apenas relieve. Helena, por ejemplo, prometía mucho con su interés por los motores y la ingeniería, pero ahí se queda la cosa, más en lo anecdótico y en que su padre no le haga mucha gracia su afición. A todos les falta un "nosequé" para hacerlos memorables. Creo que la Krystal Marquis ha querido abarcar tanto que ni llega a convencer como romántica ni como historia con carga de crítica social. 

La forma de escribir, entre correcta y mediocre. Mucha mariposa revoloteando en el estómago, fruncimientos varios (eso que no falte), calor cuando el hombre de turno está cerca, hambre (sí, siempre están diciendo que tienen la barriga vacía, ¡parecen Carpanta, pijo!), descripciones de ropa y peinados... ¿Leeré el siguiente? Pues sí, a ver si hay una evolución en todos y saber cómo acaban. Y aquí estaré para contároslo.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Cuatro hombretones y ninguno me pone


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