miércoles, 9 de septiembre de 2026

En qué andamos. Kim y la marmita del Maasverso

Madre mía, tengo esta entrada abierta un mes y, entre la vida y un agapornis que se posa en mi teclado cada vez que quiero escribir, no he sido capaz de sacarla a flote.

Haré lo que este adorable ser me deje

Nos hemos sacado de la manga esta sección, En qué andamos, para que sea una especie de cajón de sastre donde entren todas las cosas que no son reseñerío puramente dicho (y ya sabéis que a nosotras NosCaben muchas cosas...). Este año he tenido, en mi vena haggardiana, dos cosas que me han absorbido el cerebro y el poco tiempo que tengo: Heated Rivalry y Sarah J. Maas. Todos los años, hago una lista de libros que me "obligo" a leer y en esa lista lo más fantasioso que entraba era uno de Brandon Sanderson, la Romantasy ni se me pasaba por la cabeza (porque eso es de niñatas que no tienen canas en el xirri -dejadme con mis cosas de vieja-). Hace algo más de dos años, en mi grupo de bff lectoras, creo que fue Elsa (ella siempre llevándonos al lado oscuro de la lectura) la que sugirió que leyéramos a Sarah J. Maas porque, total, solo tiene doscientos libros de un millón de páginas cada uno y nos sobra el tiempo. Allá que fuimos (porque yo me leo hasta las instrucciones del champú con tal de comentarlo con mis amigas ❤) pero yo únicamente pensando en probar de qué iba eso y ni seguir ni reseñar ni nada, ni notas fui tomando. Pues, chicas, en la marmita de la Maas he caído y acabo de asomar la cabeza tras leerme t-o-d-o, ACOTAR, los Ciudad Medialuna y la serie Trono de cristal enterita (esta última, en seis meses). Ya no soy la misma persona.


Bueno, sin exagerar, que esto no es El jinete de bronce, pero vamos, entiendo perfectamente la fama porque esta mujer es la frutísima ama. También os digo que si estáis acostumbradas a leer paranormal, Urban Fantasy y cosas por el estilo es probable que no os parezca para tanto, pero comparada con escritoras que ahora venden como churros tipo Rebecca Yarros (con todos mis respetos para ella, que yo me he metido a Xaden en vena tan ricamente), es como comparar un huevo con una castaña. ¿Qué tiene la zarzamora Maas que la hace la mejor?

Tiene tapas, chopitos y pistacos

Para empezar, en chorrocientos libros como tiene, os podéis imaginar la cantidad de tramas que te encuentras, eso empieza chiquitico y se expande cual pantalón de Hulk. Entre tramas y universos a estas lecturas no les falta un perejil. Tampoco se queda corta con la variedad de personajes, no te vas a encontrar con dos protagonistas absolutos y unos secundarios que pinchan más bien poco hasta que llega su escena clave o se mueren, todos tienen su importancia. Me han conquistado especialmente sus personajes femeninos. Huye de crear mujeres debiluchas, las dota de inteligencia, fortaleza, ovarios como dos campanas y capacidad de cometer enormes errores y afrontar las consecuencias aunque no quieran. Aquí, salvo excepciones (*ejem* Feyre *ejem*), la muchacha pobrecita patosa que debe salvar al mundo pero se cae incluso cuando se ata los cordones no existe. No son niñatas sino mujeres que hacen lo que pueden pero siempre afrontan todo, hasta los errores, con la cabeza bien alta. 

La he cagao pero para atrás, ni para coger impulso

No soy especialista en el Maasverso ni pretendo serlo (ya sabéis que yo no soy booktoker de libros bonitos y farolillo del Ikea) pero sí os puedo contar un par de cosillas y mi opinión por si os apetece asomaros a este mundo.

¡Anotando estamos!

Primero, os sitúo. Sarah J. Maas tiene tres series escritas: Trono de cristal, Una corte de rosas y espinas (ACOTAR) y Ciudad Medialuna. La única finalizada (y que me ha traído de cabeza este año) es Trono de cristal, compuesta por ocho libros (aunque uno de ellos es una recopilación de relatos). ACOTAR tiene actualmente cinco, aunque, tras años de espera, se publican ya los dos siguientes (uno el 27 de octubre y otro el 12 de enero de 2027). Y Ciudad Medialuna tiene tres que, ojalá, sean más). Cada serie está ambientada en un mundo distinto y, si bien puedes leer cada una de modo independiente, en un determinado momento la Maas decide que qué bonito sería eso del Maasverso y... Hasta ahí puedo leer. Si quieres que te recomiende un orden lector, yo creo que siempre es mejor el de publicación (salvo los libros quinto y sexto de Trono de cristal, que yo recomiendo leer a la vez porque hace la experiencia chef kiss 👌🏻). Así que lo ideal sería Trono de cristal, ACOTAR y Ciudad Medialuna. También te digo que yo no seguí ese orden y he disfrutado como cochino jabalín en charca.


-Trono de cristal. Si vienes buscando Romantasy, circula, que esta no es tu serie. Es la menos guarronaca y la más puramente fantasiosa (si la hubiera escrito Brandon Sanderson o cualquiera de la cuerda tendría arrastrando el culo al masculinismo abonado al Celsius). Sigue los pasos de Celaena Sardothien, una asesina encarcelada a la que sacan de las minas donde está presa para que compita en un torneo donde el ganador se convertirá en el campeón del Rey. Una excusa tonta donde las haya, pero que nos sirve para conocer a un guapísimo príncipe y al buenorraco capitán de la guardia real y ya creer que sabes lo que va a pasar. ¡Error! Ay, lo que te espera... No le falta nada, hay mucha intriga, trama política, algo de amorcito (¡porque necesitamos vivir!), traiciones, sorpresas, dramas y malos malvadísimos. Y ojo al dato que es una serie cuyo inicio no tiene nada que ver con su final. Los personajes, todos, son fabulosos y complejos, con claroscuros, aristas y tan queribles como odiables, muy alejados de la perfección. Es una serie que me la he bebido este año y, en momentos en los que tenía la ansiedad disparada, ha logrado que me olvidara hasta de mi nombre. No pensé que fuera a gustarme tanto y se ha convertido en mi favorita.

Yo, tras leerla

-Una corte de rosas y espinas (ACOTAR). Si vienes buscando fantasía, espero que también busques sexo porque la Maas aquí abre las compuertas del follardeo narrativo (¡vi-va!). Nos metemos de lleno en la Romantasy, con faes y otros bichos, guarrerismo y el mejor de los maromos creados por esta mujer (y la protagonista más tonta de todas). Feyre Archeron es una moza humana con una familia regulera que decide salir a cazar porque están a punto de comerse las patas de la mesa, con tan mala suerte de que mata a un lobo y acaba prisionera en el mundo de las faes. Ojo, prisionera de Tamlin, un maromazo rubio que shiftea en bicho, hay peores castigos en esta vida. El mundo en el que vive Tamlin se ordena en cortes, cada una con sus líos y su jefe (él es Alto Lord de la Corte de Primavera, por ejemplo), y por ahí nos metemos en un mundo de fantasía y chingoneo del que no quieres salir ni con las patas por delante. Otra serie cuya complejidad crece según se va leyendo, se aumenta el politiqueo, los personajes de importancia -y sus correspondientes amoríos- y en la que se nota que la Maas no estaba escribiendo una serie, sino una parte importante de un universo más grande. La he disfrutado mucho (sobre todo un par de libros), aunque se dispersa un pelín para mi gusto.

Pero, ay, Yisuscraist, su maromo

-Ciudad Medialuna. Aquí a los faes y demás bichos les añadimos moderneo y tecnología porque por qué no. Un Urban Fantasy con airazo a mi adorada serie Fiebre de Karen Marie Moning (aunque tristemente sin un Jericho Barrons). Es su serie más reciente y, por lo que veo por ahí, la que más pereza le da leer a la gente pero yo, aunque no soy fan del género, me lo he pasado pipa. Nuestra protagonista, Bryce Quinlan, es una juergas de tomo y lomo a la que una desgracia de la vida (perversa Maas) le hace sacar su lado badass y acaba buscando a unos malvados con la ayuda de Hunt Athalar, un ángel caído (buenorro, claro), esclavo de los arcángeles que intentó derrocar. La Maas aquí no se priva de nada, es una mezcla frenética de todo: amoríos, palos que te dejan el corazoncito tocado, personajes más que cuestionables y complicaciones constantes de la trama. No es una lectura facilona pero adoro que la Maas te trate como a una persona adulta y no como a un adolescente simplón. La recomendaré constantemente y creo que, si has leído ACOTAR, la vas a disfrutar más...

Cada libro te deja así

Creo que más o menos os podéis hacer una idea de lo que encontraréis si decidís darle una oportunidad a alguna serie de esta mujer (porque leer solo un libro de ella es rascar la superficie de algo mucho más satisfactorio). Para mí los libros de Sarah J. Maas tienen una calidad superior a muchos de los que inundan las librerías con los cantos ilustrados y portadas brillantosas, en cuanto a vocabulario, complejidad de la escritura, tramas, personajes, y momentos inesperados de los que no te recuperas (no escatima en ellos la jodía). Como ya os he dicho, no soy una especialista en este género (ni en otro 🤣) ni una booktoker/bookstagramer/influencerista de las páginas pero sí soy una lectora en busca de historias que me impidan dejar de leer y la Maas me ha dado todo lo que pido y un poco más

Así que, si teníais curiosidad por esta mujer y necesitabais una opinión amiga, aquí está mi viaje lector por el Maasverso, por si os anima a probar su lectura o preferís dejarlo pasar como a un maromo trasnochado. Y, de paso, sirva este post como excusa por no haber reseñado como es debido durante muchos meses. ¡Perdonadme, hermosas, es que estaba en otro mundo, presa de unos maromos fantasiosamente fantásticos!

Vosotras tampoco querríais salir de allí


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miércoles, 8 de julio de 2026

Los Davenport. Más allá de los sueños (Los Davenport 2), Krystal Marquis

Cuatro mujeres negras y jóvenes se abren paso en la cambiante sociedad del Chicago de 1910. El drama se caldea para los Davenport y su entorno social, y las vidas (y los amores) de estas cuatro jóvenes cambiarán de un modo que nunca habrían imaginado: Ruby Tremaine acaba de prometerse con el amor de su vida cuando un desagradable rumor amenaza su reputación y su matrimonio; Olivia Davenport se ha comprometido con la causa de la justicia social y espera en secreto reencontrarse con el apuesto abogado Washington DeWight… hasta que sus padres deciden que debe casarse con otra persona; Amy-Rose Shepherd ha conseguido abrir su propio salón de belleza, pero un incidente la obliga a regresar a la mansión Freeport, donde se reencuentra con John Davenport, del que sigue enamorada; Helen Davenport está decidida a superar el desengaño amoroso que sufrió y a conseguir que la Compañía de Carruajes Davenport se adapte al nuevo siglo, aunque eso signifique aliarse con un piloto de carreras al que le gustan las emociones fuertes y al que le encanta sacarla de quicio.

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(ADVERTENCIA: hay algunos destripes de la primera parte, avisadas estáis). 

Si algo es regulero, raro es que su segunda parte lo vaya a mejorar. Y éste es el caso de Los Davenport. Más allá de los sueños. La primera novela nos dejó a Ruby emparejada con Harrison Barton a pesar de la oposición de sus padres y al resto peleadas con sus respectivos maromos con olor a pino, hoyuelos y labios carnosos. ¿Y cuál es la ocurrencia de la autora para crear intriga? Algo más viejo que andar palante: meter nuevos intereses amorosos. Guapísimos y maravillosos todos, a ver qué os creéis. Habrá que irse a Chicago a buscar marido, que allí no hay hombre malo.




Aparte de esto, realmente no pasa casi nada novedoso en este libro. Desde el punto de vista de la realización personal de ellas, todo sobre ruedas: Olivia escribiendo artículos, Helen diseñando un coche junto a su hermano, Ruby sacando partido de su vista para la moda y Amy-Rose con su peluquería y sus productos capilares. La autora nos quiere meter miedo con la aparición de la hija de la protectora de esta última, que parece que le va a quitar todo. Y lo de conocer cierta cosa sobre su padre blanco ya pa qué, de culebrón venezolano. En cuanto al romance, sabemos que, siendo romántica, más o menos te puedes oler con quién acabarán y que, por supuesto, habrá final feliz. Pero en medio tiene que ocurrir ALGO sustancioso y aquí no lo hay. Además, parece escrito a pijo sacao, sin reposar, todo es una sucesión de capítulos que en ocasiones no te dejan situarte en el tiempo, da unos saltos raros. Y nada sorprende, pero nada de nada. Por ejemplo: el uso de enredos que consisten en no leer cartas donde el que las escribe se explica y da sus razones sobre su comportamiento o circunstancias. Hay en concreto una cosa que madre mía... la leía y ésta fue mi reacción: 



Por otro lado, sigo pensando que lo de menos en el caso de estas chicas es ser negras, al final siguen las mismas normas que los blancos de clase alta: emparejarse con sus iguales, no salirse del protocolo. Las protagonistas incluso lo dicen: mi rango, mi estatus, mi clase social. Esto es como ver El Príncipe de Bel-Air. Si no es por las descripciones, ni te enteras de que son afroamericanas, salvo por el personaje de Washington DeWight y las alusiones a las leyes Jim Crow de segregación. Insisto en que la historia del padre de las Davenport y la búsqueda de su hermano sería más interesante (lo mismo nos hace la autora una precuela, que me conozco el percal). Esto va de otra cosa: el more than this del título original lo dice Helen en alusión a que quiere ser "algo más" que una niña bien destinada al matrimonio y a fiestas elegantes. Que ellas logren ciertas cosas (ser activista, mecánica de coches, empresaria o diseñadora) era igual de jodido para las blancas de clase alta, digo yo. Porque, por ejemplo, el personaje de Olivia, es sufragista, como lo eran mujeres no negras en esa época también. Vale, nos enteramos de que hubo lucha negra por el voto femenino, ¿y? No sé, lo que a juicio de la autora debería ser más importante -dar a conocer los logros de los afroamericanos- se diluye en la trama amorosa. No salen de su círculo, por lo que no se genera un conflicto grave en realidad. ¿Qué hubiera pasado si una de ellas se hubiera enamorado de un blanco, por ejemplo? 





En resumen, me ha parecido una bilogía de lo más normaleja, con unas pretensiones que no consigue alcanzar. Al final me he dado cuenta que es una novela Young Adult, porque la historia es súper facilona. A su favor decir que, gracias a este libro, conocemos otras realidades más allá de lo WASP, nos hemos enterado de que había familias negras influyentes y pudientes a principios del siglo XX (no esas fantasías made in Shondaland que ya sabemos); pero vuelvo a preguntarme si no sería más interesante contarnos cómo llegaron ahí. Leer otro libro de fiestas, modelitos y amoríos con algún toque reivindicativo no es suficiente si estás vendiendo esto como la novela que pondrá la historia negra en EEUU en su lugar. Lo que sí me huelo es que esto va a ir de cabeza a la televisión en forma de serie. Y que aún nos queda alguna novela más, porque hay cositas que se quedan sin desarrollar.


Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...



Mucho maromo, pero esto es un plomo




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miércoles, 10 de junio de 2026

Un mismo objetivo/Common Goal (Game Changers 4), Rachel Reid


El portero veterano Eric Bennett se ha enfrentado a algunos de los tiradores más duros sobre el hielo, pero nada le preparó para su último reto: la vida después del hockey. Es hora de hacer algunos cambios importantes, empezando por salir con hombres por primera vez.
El estudiante de posgrado Kyle Swift se mudó a Nueva York con el corazón roto. Había jurado encontrar a alguien de su edad de quien enamorarse. Hasta que conoce a un guapo y distinguido jugador de hockey de cabello plateado. A pesar de su intensa atracción física, Kyle no tiene intención de involucrarse emocionalmente. Le enseñará a Eric algunos trucos, se divertirán mutuamente y luego se marchará.
Eric está más que feliz de aprender todo lo que Kyle le enseñe. Y Kyle nunca esperó que su acuerdo de amigos con derecho a roce le dejara con ganas de más. El «felices para siempre» podría estar ante sus narices, pero no sucederá si son demasiado tercos para sincerarse sobre sus sentimientos.
Todo lo que quieren está a su alcance... Solo tienen que ser lo suficientemente valientes para agarrarlo.
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Seguimos con el maravilloso proceso de gayerización de la NHL que inició Rachel Reid con Game Changer. Y me remito a ese libro porque ahí está Scott Hunter ("¡contigo empezó todo!", que diría Piqué) y resulta que hay otro gay vigilándole la espalda...

¡El portero de su equipo!

Aunque le vigilará el culo por poco tiempo porque Eric Bennet está pensando en la retirada. Le da vértigo pero está dispuesto a afrontar ese gran cambio y, con él, dar un paso más: empezar a salir con hombres. Eric estuvo casado con una mujer pero poco a poco la relación se fue acabando y ahora, con toda la vida por delante y pocas cosas que hacer, Eric siente la necesidad de no ocultar más esa parte que siempre ha escondido. Obviamente, tener a Scott como compañero y amigo y ver lo feliz que es con su novio le hace plantearse muchas cosas. También, de nuevo gracias a Scott, frecuenta mucho el bar en el que siempre puedes encontrar al novio de este, Kip, y en el que trabaja como camarero Kyle Swift, amigo de Kip y que quisiera ser algo más...

Pues lo tienes bien jodido

Kyle oculta su corazón roto bajo un eterno flirteo con el guapo que se preste y, cuando conoce al maromazo de Eric, no puede evitar guiñarle el ojito por costumbre sabiendo que se lo hace a un maduro heterosexual, pero su gaydar no recibe las vibraciones que esperaba...

Eric creyendo que es sutil

Aquí el que tiene chicha interesante es Eric, que ha estado casado con una mujer y no por esconderse sino porque realmente se enamoró, es un reconocido deportista profesional, se siente viejuno y se encuentra en una etapa en la que el gayerismo está buscando rendijas por su cuerpo para escaparse. Encontrarse con Kyle, un chico majo, guapo, divertido y sin complicaciones es un soplo de aire fresco en su vida y una oportunidad que no puede dejar escapar. Todo resulta algo más fácil desde que Scott salió del armario por eso Eric encuentra la valentía de acercarse a Kyle, dejarse llevar por el flirteo para saber cómo es eso de estar con un hombre... y luego buscarse otro.


No seré yo la que critique las romance reasons de los libros pero aquí, donde se intenta tener cierta conexión con la realidad, me sorprende bastante que un hombre como Eric, con la cantidad de viajes que hace y la experiencia vital que tiene, necesite enseñanzas guarreriles de un chaval de su entorno no por darle gusto a su cola morena sino para aprender guarrerismos y buscarse luego otros hombres con los que practicarlos. WTF, hermoso? De todos modos, yo acojo esta trope en mis entretelas porque casi siempre me alegra la lectura (The Deal y Calle Dublín son unos maravillosos ejemplos) y, en ese sentido, Common Goal tampoco me ha decepcionado, he disfrutado muchísimo de las lecciones guarreriles entre Eric y Kyle. El sexo es hot, abundante y explícito (vi-va). Ellos se lo pasan bien y tú, estupendamente. Además, ambos me parecen encantadores (Eric especialmente) y ver cómo se relacionan y pasan del sexo al amor está bien, me parece que ocurre de modo bastante natural. Vamos, que esta pareja ha sido para mí todo lo que la del libro anterior no fue. Ya sé que todo es culpa de mis expectativas y, seamos sinceras, la sombra de Ilya y Shane es demasiado alargada para algunas de nosotras, pero con el otro no conecté en ningún momento y la pareja me pareció extremadamente forzada, igual que poco atrayente. Aquí me ha pasado justo lo contrario, los dos personajes me han parecido agradables, sus tonterías guarreriles me han encantado y su amor me lo he creído


Además, al ser Eric parte del equipo de Scott y pertenecer Kyle al entorno de Kip puedes disfrutar más plenamente del universo Game Changers, incluyendo una (muy innecesaria para la historia pero tremendamente necesaria para mí) aparición de Ilya Rozanov, sin el cual claramente ni Rachel Reid ni yo podemos vivir.

Tranquilas, hay para todas

Pero... Ay, este libro tiene un gran "pero" que me ha molestado mucho y que, si sois habituales por aquí, sabéis que no dejo pasar casi ninguna vez: la falta de comunicación. Ahí se reflejan las inseguridades de cada uno de los protagonistas y es cierto que les da profundidad pero, mira, entre personas adultas no creo yo que cueste tanto sentarse a comentar lo que sientes y no que cada uno, allá en la soledad de su cabecita, se dedique a pensar lo que cree que piensa el otro y actúe en base a ese pensamiento inventado. Eso de "yo sé mejor que tú lo que te conviene y eso no soy yo".

Una mierda pa ti

En adolescentes o adultos a medio cocer lo puedes creer pero en Eric, que peina canas en los cataplines, me lo trago malamente las dos primeras veces y mucho peor las chorrocientas que vienen después. En fin, que por algún lado había que quebrar la felicidad y Rachel Reid tiró por un camino que yo no aguanto. Obviamente en romántica no hay ruptura que cien años dure pero sí se puede llevar algún Gandy por el camino.

Common Goal es un libro entretenido, divertido, muy sexi y con su punto emotivo que me ha hecho pasar unos ratos estupendos y al que estropea el reiterado uso de la falta de comunicación de la pareja (aunque no lo suficiente como para empañarme una lectura que, sorprendentemente, me ha gustado mucho más de lo que esperaba).

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

3'5. Eric te para los goles con la boa


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jueves, 21 de mayo de 2026

En su propia liga, Liz Tomforde


Como primera mujer propietaria de un equipo de las Grandes Ligas de Béisbol, Reese Remington ha dedicado toda su vida a prepararse para este papel. Con una mente aguda y años de experiencia trabajando entre bastidores, está más que cualificada. Pero el público solo ve a una mujer en un mundo de hombres, no a la persona que se ha ganado un lugar en el campo. Bajo el escrutinio constante y la presión de demostrar su valía, Reese no puede permitirse distracciones. Especialmente una que viene en forma del tentador mánager del equipo, que cuestiona cada una de sus decisiones.
Emmett Montgomery es un exjugador estrella convertido en entrenador que trata a sus jugadores como si fueran su familia y el campo como su hogar. Después de años dirigiendo el equipo a "su" manera, lo último que quiere es una nueva jefa, y mucho menos una que parece fría como el hielo y centrada exclusivamente en los negocios. Pero, cuando se ven obligados a pasar largas horas y demasiados partidos fuera de casa codo con codo, empieza a ver el fuego que se esconde bajo el control de Reese, el corazón que hay detrás de su ambición y su inquebrantable determinación por demostrar su valía.
Cuando las acaloradas bromas se convierten en una química ardiente, los límites profesionales se difuminan y la chispa entre ellos se vuelve imposible de resistir. Pero Reese recuerda constantemente cuánta gente está esperando que fracase, y lo más seguro es mantener a Emmett a distancia, por el bien del equipo, la temporada y su carrera. Sin embargo, mantener la distancia es un juego que ninguno de los dos parece poder ganar...
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[Antes de empezar debo deciros, por si sois nuevas por aquí o no lo recordáis, que soy fan total de Tenías que ser tú de SEP, es una de mis novelas favoritas y la sombra de Phoebe Somerville y Dan Calebow es muy alargada...]

Este libro claramente Liz Tomforde no lo tenía planeado pero poco a poco se fue formando, creciendo y tomando vida, al igual que el culazo que me ha salido. Desde que le conocimos en Perdiendo el control, el tercer libro de la serie Windy City, Emmett Montgomery nos ha sulibeyado los perjúmenes robando secuencias en ese libro y en el siguiente, Siguiendo el juego, los dos centrados en los hermanos Rhodes y los Windy City Warriors, el equipo de béisbol en el que juegan y del que Emmett es entrenador. Sale poco pero lo que vas viendo y conociendo de él te retrata un hombre maravillosísimo que hace que te vayas enamorando de él incluso aunque sea un secundario muy secundario (ay, eso de que cambiara por completo su vida para criar a una hija que no era suya... ¡Mis bragas pa ti!). Vamos, que es el típico personaje al que quieres que la autora le escriba una historia de amor secundaria en algún libro porque tremendo maromazo tiene derecho a mojar el churro y nosotras tenemos derecho a leerlo. Y hete aquí que, cuando al final de Siguiendo el juego conocemos a Reese Remington, la nueva propietaria del equipo, a lo que parecía algo secundario se le pone una cara de novela completa que no veas.


Y a ver quién soy yo para oponerme a los deseos de una escritora de hacer un libro enterito sobre un entrenador maravilloso y de vuelta de todo y una rubísima y guapísima nueva dueña del equipo...

Phoebe y Dan, ¡salid de mi cabeza!

Esto es lo que hay, queridas, me es muy difícil leer estas cosas sin acordarme de ellos. Pero vamos, que eso no ha entorpecido esta lectura, que en romántica argumentos y arquetipos se repiten más que el ajo (y yo las acojo en mis entretelas si me gustan). Retomemos reseña, que estábamos con Monty, Emmett o papichulo, como quieras llamarlo, retorciendo morro ante el cambio de dueño del equipo al que considera su familia. Ya sabéis que las cosas deportivas por allí no se parecen a las de aquí. Allí el equipo es tuyo y haces y deshaces como te dé la gana, incluso llevándotelo a otra ciudad si te conviene más (no estoy segura de eso pero tampoco lo voy a comprobar, llamadme perezosa). El anterior dueño era el abuelo de Reese y ella, como heredera, se ha formado toda su vida para coger el equipo. No encontrarás a nadie con más preparación que Reese para el puesto pero hay una cosa que le falta y cuya ausencia la hace, para muchos, inepta para el puesto.

Unos tremendos co*onazos

Efectivamente, ya sabéis que tener los huevos del caballo de Espartero te hace automáticamente idóneo para cualquier cosa relacionada con deporte... Monty no está a favor de que Reese llegue e interfiera en su trabajo pero no por ser mujer sino por intentar manejar las cosas de un modo distinto. Hay ahí un choque de voluntades que los hace automáticamente enemigos pero que, en cuanto Monty ve el trato que Reese recibe por ser mujer, queda en un segundo plano porque no va a consentir ese machismo delante de su bella cara. Ojo cuidao que Monty es tan estupendo que ayuda a Reese pero no se comporta como caballero andante, ella libra sus batallas hasta que necesita ayuda y ahí ya entra Monty akdjfklafhdlkjs. En fin, que ya sabéis que en esta serie los maromos son pura fantasía y son feministas a tope sin que por ello no sean capaces de atarte a la pata de la cama mientras se dan golpes en el pechote y te reclaman como suya, grrrrrrr. En fin, todo esto para decir que es un enemies to lovers que no es enemies para nada, estos se quieren trincar desde el principio. Obviamente, la relación entre ambos sí que es complicada, ya que Reese es la jefa de Emmett y, además, luchando contra el machismo de su trabajo, imaginad lo bien que quedaría para la opinión pública que la dueña bombonsito del equipo se refocilara los bajos con el maromazo del entrenador, igual que sería horrible que se creyera que Emmett se trica a Reese para asegurarse el trabajo. Ambos saben lo que no tienen que hacer... y no hacen nada por evitar hacerlo.

Los bajos tienen razones que la razón no entiende

¡Doy las gracias a la romántica por crear personajes que hacen justo lo contrario de lo que deben hacer para que yo goce su lectura! La dinámica entre ambos es fantástica, sobre todo cuando comienzan a derribar las barreras de la supuesta enemistad que tienen y pueden tener una relación de esas que disfruto especialmente, con humor y tensión sexual cada vez más creciente pero sin comportarse como críos. Ambos son adultos y como tales se comportan. Yo diría incluso que tanto Reese como Emmett son iguales cuando empiezan el libro y cuando terminan porque ya eran unas personas formadas y maravillosas. El amor no les cambia pero sí les completa y les hace mejores aún

Son la realeza de Windy City

Todo happy en el yupilandia que ha creado la Tomforde. Como casi todos los libros de la serie Windy City, En su propia liga también es un libro de dramitas ausentes, el machismo que sufre Reese y poco más. Ni siquiera se explota la rivalidad entre Monty y ella, que podría haber dado más profundidad al libro. Salvo cierta cosa al final que te mantiene alerta, no hay nada oculto, todo se gestiona a las claras, lo que es estupendo pero hace la lectura previsible y poco emocionante. Pero, si te ha gustado Windy City, esta historia también te gustará, es como echarte por encima esa mantita calentita que tanto adoras y coger tu libro favorito para pasar una fría tarde de invierno. No te provoca emociones sin fin ni te deja sin aliento pero te hace pasar un rato estupendo. Y, oye, si además puedes ver a un personaje de más de cuarenta años siendo un tipo sexy y con la cola perfectamente funcional, yo no le puedo poner pega alguna.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Monty, you can monty me


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miércoles, 13 de mayo de 2026

El precio a pagar/Tough Guy (Game Changers 3), Rachel Reid


La estrella del hockey profesional Ryan Price puede ser un jugador agresivo, pero fuera del hielo lucha contra la ansiedad. Recientemente traspasado a Toronto, está decidido a empezar de cero en el dinámico barrio LGBTQ+ de la ciudad. Lo último que espera encontrar en su nuevo vecindario es un recuerdo de su pasado en la fabulosa forma de Fabian Salah.
Fabian, aspirante a músico, detesta el hockey. Pero eso no le impide sentirse atraído por un defensa de barba pelirroja. No ha olvidado el beso que casi se dieron en el instituto, y la química entre ellos no ha hecho más que intensificarse.
Fabian está más que feliz de ser el guía de Ryan en la escena gay de Toronto. Entre discotecas y exposiciones de arte, y el sexo más increíble, Ryan siente algo que no había experimentado en mucho tiempo: alegría. Pero desempeñar el papel de peso pesado en el hielo ha pasado factura a su cuerpo y a su mente, y un futuro con Fabian puede significar colgar los patines para siempre.
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Bajo los efectos febriles de haber leído Heated Rivalry me lancé sobre el resto de libros de la serie porque, obviamente, tenía que leer The Long Game (la continuación de la historia entre Ilya y Shane). De paso, tampoco estaba mal ampliar mi repertorio de sporty melofós, que ya sabéis que son de mis maromos literarios favoritos. Pues nada, tendré que esperar a otro libro porque de este no me llevo nada más que un chasco.

Ojo lo que he disfrutado

Ryan Price colecciona equipos de hockey en los que ha jugado como yo colecciono ex maromiales. ¡Incluso ha sido compañero de nuestro adorado Ilya! Pero cada dos por tres lo traspasan. No es un estrellón pero es un jugador solvente que no deja a nadie indiferente, entre su físico de tiarrón enorme que te da una hostia y te viste de torero y su posición como defensa del que se espera casi exclusivamente eso, que se líe a dar hostias. El público vibra cuando Ryan reparte estopa pero lo que la gente no sabe es que el mozo no adora el hockey precisamente, tiene a la ansiedad como eterna compañera y, además, no oculta entre sus compañeros que es gay, lo que le hace objeto de acoso, incluso de estrellas de su mismo deporte como Dallas Kent o Troy Barrett. Traspasado de nuevo, esta vez a los Toronto Guardians, decide intentar relajarse un poco, se va a vivir al barrio queer de la ciudad... y se encuentra con su crush adolescente.

Ryan mirando a Fabian

Fabian Salah se cae de culo cuando ve entrar a Ryan en su trabajo. El jugador ya no es ese chaval tímido que su familia alojó en casa pero sigue despertando en él las ganas de rechupetearle hasta el DNI. Cuando era adolescente, Fabian pensó por un momento que podría haber algo entre ambos pero cómo iba a estar ese tochaco de hombre a fijarse en él, un chico gay poquita cosa que pasaba desapercibido. Ahora, Fabian no se esconde y no oculta su gusto por lo distinto, por llamar la atención, por el encaje, el eyeliner y el joyerío (las haggards no podemos objetar nada a su gusto) pero lo pone al servicio de su arte, ya que es compositor y cantante.


Y, por lo visto, Fabian también hace llorar a los ángeles cuando canta pero no por lo mismo motivo que Leonardo Dantés. Fabian ha recorrido mucho desde que era un chaval y su familia alojaba jóvenes jugadores de hockey y no va a dar un paso atrás ante Ryan. Él es como es y, además, odia el hockey, así que Ryan, jugador y heteruzo, es veneno puro. Pero, ay, cuando Ryan le cuenta que de hetero no tiene nada...

Dos tazas de Ryan para Fabian

Pues yo me moriré de muchos venenos pero del de este libro, no, porque no me ha gustado. Obviamente (al menos para mí) después de la historia de Ilya y Shane ni Henry Cavill dejando que le toque los abdominales me iba a dar tanta satisfacción pero tampoco pido yo mucho, con que este fuera cuqui me bastaba. Ryan Price, tan grandullón pero tan tierno y traumatizado, ha hecho su parte, pero Fabian... Ay, Fabian, qué insoportable eres.


Nada, que no me ha entrado de ningún modo este hombre, me ha parecido un egoísta que no está dispuesto a moverse lo más mínimo por Ryan, mientras que este cambia todo por amor. Entiendo que Fabian arrastra su pasado y le ha costado mucho llegar donde está pero no he llegado a empatizar con él en ningún momento, no he entendido el trato que le da a Ryan, que es un amor de hombre que necesita un achuchón y que le quieran mucho y no un egocéntrico al que hacer feliz a base de eterna atención y de tres toneladas de perlas de Majorica. La pareja me ha parecido muy descompensada y, sintiéndolo mucho, no me he creído nada de su historia de amor. Era todo tan extraño, tan ortopédico... Nada, que no he conectado y no he remontado la lectura. Bueno, miento, en el epílogo sí he disfrutado como cochina en charco, pero porque Fabian carece de importancia y hay otros que se llevan la atención, jijiji.

Y Rachel Reid no escribe mal precisamente, no es problema de calidad de escritura, es problema de calidad del protagonista, que no hay Dior que lo aguante. Así que, como Tough Guy no me ha gustado pero Ryan Price, sí, le doy en nuestro Gandymetro...

Besotes para el maromo grandote


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