En 1910, los Davenport son una de las pocas familias negras que cuentan con enorme riqueza y buena posición social en unos cambiantes Estados Unidos.Olivia Davenport, la hermosa hija mayor, está lista para cumplir con su deber al casarse… hasta que conoce a un carismático líder de la lucha por los derechos civiles, y saltan chispas.En cambio, a la hija menor, Helen, le interesa más arreglar automóviles que enamorarse… a menos que sea del pretendiente de su hermana.Amy-Rose, la amiga de la infancia convertida en doncella de las hermanas Davenport, sueña con abrir su propio negocio… y con casarse con el hombre con el que nunca podría estar: John, el hermano de Olivia y Helen.Pero la mejor amiga de Olivia, Ruby, también le ha echado el ojo a John… La presión familiar la lleva a urdir un plan para conquistar su corazón, justo cuando otra persona conquista el de ella.En este inicio de bilogía, cuatro mujeres decididas y apasionadas descubren el valor necesario para seguir su propio camino en la vida… y en el amor.
Pues aquí estoy de nuevo para traeros una lectura a la que me lancé con muchas
ganas, pero ya anuncio que ha sido un chasquito lector.
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| Qué novedad, ¿eh? |
El caso es que empecé con entusiasmo esta novela al tener como protagonistas a
cuatro chicas negras en el Chicago de 1910. Algo diferente y con
fundamento a la hora de colocarnos personajes no blancos en una historia de
época, con todo lo que ello supone, y sin los edulcoramientos y/o fantasías
que se llevan ahora
(y no sigo, que me echan de aquí).
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| Sí, lo tuyo es tan true como tu pelo |
Pero lo que debería haber sido la gran virtud del libro (que no niego
que no haya nada digno de resaltar en ese sentido) se queda en
agua de borrajas. Que sí, que esto se supone que es una novela
romántica, pero el trasfondo, que es interesante, no ha sido bien explotado
por la autora.
Se ven ciertas pinceladas de lo que era ser negro y rico en ese momento, el problema del mestizaje, la lucha por conquistar derechos, pero no hay
tanto peso como yo esperaba. Es más, en la nota final de la autora hay mucha
más información que en la novela en sí y reivindica que haya más historias de
este tipo. Pues hija, qué poco has aprovechado la oportunidad.
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| Así no |
Yendo a la parte romántica, un mñé como un piano de grande, además de
una estafa, porque la autora te deja a medio para que sigas con la segunda
parte. Tú estás viendo cómo va todo sobre ruedas, muy fácil, y ya te hueles lo que va a pasar: los problemas al final para que te piques. Perfectamente podría
haber escrito una novela completa, pero ya sabemos cómo funciona esto.
Cada capítulo es desde el punto de vista de una de las chicas:
las dos hermanas Davenport, Olivia y Helena, privilegiadas, ricas,
viven muy protegidas por sus padres. De hecho, su padre fue esclavo y escapó, y eso es
casi un tema tabú en su casa (y
una historia más interesante que contar, no es por nada). Ahora es
dueño de una gran empresa de carruajes, pero se niega a reconvertirla en una
fábrica de coches, que es lo novedoso. Olivia es la hija perfecta,
totalmente integrada en cuanto a maneras y comportamiento en la alta
sociedad. Helena, por su parte, está interesada en el mundo del motor y no
duda en colarse en el taller paterno para pringarse de grasa y montar y
desmontar todo artilugio que se le ponga por delante.
Las otras dos chicas son Ruby Tremaine, amiga de las Davenport, cuyo
padre está inmerso en una campaña política que los lleva algo apretados
económicamente, por lo que le buscan a su hija un buen partido para casarse:
John Davenport, el hermano de Olivia y Helena. Por último, tenemos a
Amy-Rose Shepherd, sirvienta de las Davenport, aunque la tratan casi
como familia; es mestiza y con ganas de tener su propio negocio de
peluquería y colada por John.
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| Amy-Rose, te necesito |
Hasta aquí todo bien. ¿Cuál es el problema del libro?
Que suena a ya leído y, además,
no hay conflicto apenas hasta casi el 90% de la lectura. Al
principio, Olivia y Ruby están ya emparejadas por obra y gracia de sus
padres. De pronto, todo sucede al mismo tiempo para ellas y las otras dos
chicas: se enamoran y, qué casualidad, el elegido nunca es el ya destinado a
ellas o el apropiado por las razones que sean. Pero no pasa nada, porque
ellos les corresponden y los otros dos no ponen pegas tampoco, ya que son intercambiables (yo me entiendo). Washington DeWitt, Jacob Lawrence, Harrison Barton y
el citado John Davenport son todos unos maromos que huelen a loción de
afeitado, pino, bergamota y no sé qué más. Están buenísimos, tienen
hoyuelos, dientes perfectos, labios carnosos, torsos firmes...
un puto aburrimiento. Incluso el más cañero y reivindicativo de ellos
me ha dejado fría, porque es tan típico que se le veía venir a kilómetros.
Todos son un dechado de virtudes como no os podéis imaginar. Que no
digo yo que tengan que ser unos feos, unos padentristas o unos pirados
mentales, pero es que no tienen defecto. Sí, los protas de romántica suelen
ser así, pero necesitamos que haya algo más en la historia. Los "problemas"
que surgen casi al final no creo que sean muy complicados de resolver en la
siguiente novela.
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| Un déjà vu continuo leyendo esto |
La autora afirma que quiere dar protagonismo a mujeres negras y cómo van
encontrando su lugar en la vida y en el amor. Me parece muy loable, pero no
me ha entusiasmado la manera de hacerlo. Lo de su lugar en la vida, vale,
descubren que hay cosas por las que luchar fuera de sus mansiones, tienen
expectativas profesionales más allá de casarse... En el amor, vuelvo a decir
que es como leer algo que ya has visto mil veces: el amor imposible por la
diferencia de clases; la atracción por el tipo que te pincha y te saca de tu
burbuja; el que te quiere a pesar de tus intereses distintos a los de las
demás mujeres; el que usas para dar celos y luego te enamoras de él.
Un cliché detrás de otro, pero sin más sustancia, con unos personajes
sin apenas relieve. Helena, por ejemplo, prometía mucho con su
interés por los motores y la ingeniería, pero ahí se queda la cosa, más en
lo anecdótico y en que su padre no le haga mucha gracia su afición. A todos
les falta un "nosequé" para hacerlos memorables. Creo que la Krystal Marquis
ha querido abarcar tanto que ni llega a convencer como romántica ni como
historia con carga de crítica social.
La forma de escribir, entre correcta y mediocre. Mucha mariposa revoloteando en el estómago, fruncimientos
varios (eso que no falte), calor cuando el hombre de turno está cerca,
hambre (sí, siempre están diciendo que tienen la barriga vacía, ¡parecen
Carpanta, pijo!), descripciones de ropa y peinados... ¿Leeré el siguiente?
Pues sí, a ver si hay una evolución en todos y saber cómo acaban. Y aquí
estaré para contároslo.
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