miércoles, 30 de septiembre de 2026

El partido más largo/The Long Game (Game Changers 6), Rachel Reid


Diez años. Eso es lo que llevan juntos Shane Hollander e Ilya Rozanov. El tiempo que llevan manteniendo su relación en secreto. Ante sus amigos, ante su familia… ante la liga. Si Shane quiere mantenerse en la cima de su carrera, lo que él e Ilya comparten debe seguir siendo un secreto. Quiere a Ilya, pero ¿y si hacerlo público lo arruina todo?
Ilya está harto de secretos. Shane se ha vuelto tan bueno ocultando sus sentimientos que, a veces, Ilya se pregunta si realmente existen. La cercanía, la intimidad, incluso el riesgo que supondría hacer pública su relación… Ilya lo quiere todo.
Es hora de que decidan qué es lo más importante: el hockey o el amor.
Es hora de tomar una decisión.


Pues ya está, ya llegó el momento de leer la continuación de la historia de amor entre Shane Hollander e Ilya Rozanov. Bueno, ahora lo que llega es el momento de que leáis mi opinión, aunque sabiendo el nivel de fangirlismo que me despiertan ambos esta reseña será una loa eterna a esta pareja y a la madre que los parió por haberlos creado.

El barrio entero pa ti, Rachel Reid

Tengo un problema con este libro (al igual que con Heated Rivalry) y es que no tengo medida con sus protagonistas: Shane y, sobre todo, Ilya son dos personajes que se engancharon a mi corazón desde el primer momento y me lo tienen cautivo los jodíos, de tal modo que cualquier cosa que lea sobre ellos tiene mis bragas dieces automáticamente. Sin embargo, debo reconocer que, incluso pensando que por algún lado nos la iba a clavar Rachel Reid, The Long Game ha sido una historia que no me esperaba. Cuando leo un "felices por ahora" (como es el final de Heated Rivalry) no me gusta seguir leyendo si hay continuación porque ya me veo el mierdeo al que la escritora va a someter a la pareja (ahí está Us, la segunda parte de Him de Sarina Bowen, haciéndome ojitos desde mi librería del Kindelito esperando a que me atreva con ella). Con The Long Game ni me lo planteé porque mi necesidad de Ilya y Shane es vital y, además, porque pensé que bastantes cosas externas tendrían que afrontar como pareja como para tocarnos el corazoncito con problemas gordos dentro de ella. ¡ERROR!

Rezad por mi alma

Error total porque ya no estamos ante los Ilya y Shane del libro anterior, que se trincaban alegremente cada vez que podían pero resguardaban su vida y su corazoncito (teóricamente). Aquí ya los tenemos enamorados y como pareja pero, salvo el cambio de equipo de Ilya, nada ha cambiado a su alrededor, siguen siendo dos jugadores profesionales en un mundo extremadamente homófobo, con todo lo que eso conlleva. Sí, Scott Hunter abrió el camino pero Ilya y Shane no son él (gracias a Dior) y no tienen las misma circunstancias vitales (Scott tiene como mil años y estos están en su prime deportivo). A eso hay que sumarle algo con lo que no contábamos el libro anterior: la vida personal de ambos y el modo de gestionar su relación amorosa. Y no lo va a llevar igual un joven canadiense criado en un entorno sanote que sufre de una ligera ansiedad y fobia social que un joven ruso cuya salida del armario le puede provocar el exilio definitivo de su país y que, además, carga con el peso de la muerte de su madre... y de sus malos pensamientos.

Idme enterrando ya

Como con el primer libro estábamos totalmente consumidos por la pasión de Ilya y Shane, solo pudimos ver destellos de cómo son los personajes. Aquí se profundiza más, especialmente en Ilya, que es el gran misterio de toda la serie. Y, ay, lo que a Ilya le ronda por la cabeza... El inocente de Shane ni se lo espera porque Ilya con él tira más al padentrismo y a ser la roca que lo sujete pero todas las nubes negras que Ilya tiene no se han ido al llegar el amor y es algo que acaba afectando. Como en todas las parejas, nada es perfecto y aquí, además, chocan el pánico de Shane a decir algo y que se conozca su relación con Ilya con las ganas de este de acabar con tanto secretismo y dejar de ocultarse. Os digo yo que la cabeza de Ilya tiene más lío que El jardín de las delicias de El Bosco.

Pero yo soy mucho más guapo que los del cuadro

Ya os digo que lo paso mal leyendo cómo les ocurren cosas malas a personajes que adoro y he sufrido leyendo determinadas secuencias (soy muy sentida, me pongo la mano en el lugar donde tendría el corazón y todo). En el plano externo a la pareja, hay cosas que ocurren que te ponen el corazón a tope (si habéis leído Role Model, sabréis que parte de este coincide en el tiempo con él y ocurren ciertas cosas que 😰), pero en el plano interno lo pasas peor porque ves que ambos se quieren (eso nunca se pone en duda) y a veces el amor puede no ser suficiente.

Soy incompatible con la vida

A eso se suma la falta de comunicación, que es algo que no soporto pero que aquí, sin justificarla, la puedes ver más entendible cuando ocurre y, jodía Reid, duele el doble, ya que conoces a ambos y solo quieres que les ocurran cosas buenas, pero ves que van por un camino que, en lugar de acercarles, les puede alejar.

Me mató la trama de este libro

Me acabo de dar cuenta de que estoy tan entusiasmada por contaros lo mal/bien que lo he pasado leyendo que ni os he situado en lo que ocurre. ¿Importa? Pues no mucho porque, si te gusta esta pareja, te pueden estar contando cómo se echan una partida de Risk, un Trivial, un parchís durante setecientas páginas y serías feliz solo por compartir ese rato con ellos. Pero bueno, os cuento que en The Long Game seguimos los inicios como pareja oficial de Ilya y Shane, cómo se van apañando con eso de vivir cerca, cómo lleva Ilya pasar de un equipo ganador como el de Boston a una puta mierda como el de Ottawa y cómo llevan ambos ser pareja y tener que seguir ocultándose (porque digamos que la liga de hockey muchas ganas de tener un nuevo Scott Hunter no tiene). Si esperas un libro sin conflicto, no lo leas. Si esperas un libro absolutamente maravilloso, lánzate a él.

Y si no te gusta, estoy muy dispuesta a debatir

Supongo que el libro tendrá sus defectos pero yo ahora ni los recuerdo. A ver, hay cosas que se tratan poco o quedan en segundo plano, como la salud mental de Ilya y cierta parte relacionada con el comisionado de la liga, pero siempre me ha parecido que Rachel Reid con estos dos no quiere hacer una narración pormenorizada de todo lo que les ocurre. Mientras que en otras historias hay un exceso de información, aquí, que sí que hay mucho que contar, Rachel elige centrarse en ciertas cosas y mostrar otras en pequeños destellos. Con Ilya y Shane menos es más en cuestión de su entorno, Rachel se centra en ambos y en su relación amorosa. Y dime a mí si eso, para una lectora de novela romántica, no es una absoluta gozada.

Ya me han resucitado

He adorado The Long Game. Es un libro que profundiza en Ilya y Shane como quisiera yo que profundizaran en mí y que les enfrenta al mayor de los enemigos que pueden tener: ellos mismos. Rachel Reid te pega un buen palo viendo cómo lo pasan mal por cosas que puede que sean irresolubles y también te hace de lo más feliz dándote momentos inolvidables entre ambos. Es un viaje que duele y que te llena de alegría por poder compartir la vida de dos personajes que quieres y vivir su relación que, a pesar de no ser perfecta, es maravillosa y nunca te parece suficiente.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Ilya y Shane, os quiero más que a mi familia


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martes, 22 de septiembre de 2026

Modelo a seguir/Role Model (Game Changers 5), Rachel Reid


Los golpes siguen llegando para Troy Barrett. Ser traspasado al peor equipo de la liga ya sería bastante malo, pero tras una ruptura sentimental complicada y un escándalo reciente... Troy solo quiere jugar al hockey y que le dejen en paz. Definitivamente, no quiere «trabajar en su presencia online» con el animado responsable de redes sociales del equipo.
Harris Drover se da cuenta de que el distante Troy no está contento con el traspaso, pero Harris no se rinde fácilmente con la gente. Ni siquiera cuando se enamora de alguien y está seguro de que es un amor no correspondido. Y cuando ve que la sonrisa de Troy finalmente se abre paso a través de su exterior gruñón... Ese es un hombre al que Harris no podría dar la espalda aunque quisiera.
De repente, el traslado de Troy al nuevo equipo se convierte en una oportunidad: para que Troy acepte su verdadero yo y para que ambos exploren su creciente atracción. Pero estar juntos a puerta cerrada es una cosa, y para Troy, tener una relación pública con Harris significará enfrentarse a sus miedos de una vez por todas.
Goodreads ❤  Amazon


En el camino de reencontrarme con Ilya y Shane en esta serie (porque yo seguí leyendo para reencontrarme con mis jugadores favoritos #SorryNotSorry) he tenido de todo pero lo que no esperaba es toparme con un protagonista despreciable y con comportamientos homófobos. Y ese es el protagonista de este libro, Troy Barrett.


Pero en otro libro.


Quiero decir que ese comportamiento lo vemos en otro libro, no en este. No creo que recordéis (porque no lo recuerdo ni yo) que en mi reseña de El precio a pagar mencioné el acoso que Ryan Price sufrió en uno de los equipos en los que ha jugado por parte sobre todo de un jugador estrella llamado Dallas Kent y de su bff en el equipo, Troy Barrett. Pues aquí nos reencontramos con un Troy que, en una especie de justicia poética, ha sufrido las consecuencias de apoyar al malo de la película. En un incidente que, oh, sorpresa, se filtra a los medios, Troy estalla en contra de Kent acusándole de maltratador y eso no solo destroza su imagen pública sino también su estupendo contrato deportivo. Porque, oh, sorpresa again, tanto la mayoría de los aficionados como el propio equipo apoyan a Dallas frente a las acusaciones que algunas mujeres hacen contra él. Troy, compañero de juergas de Dallas, conoce cómo se comporta el hipoeputa su amigo y siempre ha mirado para otro lado pero todo tiene un límite y Troy ha llegado al suyo. Igual que su tiempo de compañero de Kent.

El dueño del equipo siendo amable con Troy

Total, que Troy acaba en el equipo de Ottawa, que va recogiendo lo nadie quiere para que tengan el privilegio de olerle el sudor y verle el nardo en el vestuario al inigualable Ilya Rozanov. Puedes pensar que con Ilya no tendrá los cataplines de meterse, pero el Troy que viene a este equipo está jodido, resentido con la vida y lo único que quiere es que le dejen en paz. Adaptarse a un nuevo equipo cuando este no hace nada más que perder y él juega como el culo es bastante desmoralizante y Troy quiere rebozarse en esa mierda, así que tener que lidiar con la eterna alegría de Harris Drover, el community manager del equipo, es más de lo que Barrett puede soportar. 

Troy y Harris

Harris es sunshine total, un amorozote alegre y achuchable al que todos adoran y que intenta, desde el primer momento, que Troy se sienta cómodo en su nuevo equipo y que los fanes puedan conocerle. Pero, ay, Harris, no está Troy para que le conozcan cuando ni él mismo quiere mirarse en el espejo. Troy se desprecia y se sabe despreciado por muchos jugadores y por los fanes, lo que le hace estar en una espiral de odio hacia sí mismo que se acrecienta cuando ve cómo Harris vive abiertamente su homosexualidad... mientras que él la esconde.

Troy escondía algo más que una gran 🐍 

Es un poco cliché con patas, el gay que oculta que lo es yéndose prácticamente al lado contrario, pero siendo deportista de élite... Bueno, ya sabéis cómo están las cosas con la homofobia y cada uno la lleva como quiere. Troy lo lleva fatal y se encuentra (sin evitar salir de ahí) en el lado que más daño le hace. El cambio a Ottawa le sirve para librarse del peso de tener que apoyar en todo a Dallas pero para darse al masoquismo absoluto y no ser feliz, como intentando pagar el hecho de haber sido amigo de un bicho. Vamos, que el chaval necesita una trabajo psicológico que ni los de Flores en el ático. Harris, que obviamente se siente atraído por el buenorraco de Troy, le deja en el ámbito platónico debido a su machorra heterosexualidad pero detecta en él la necesidad de un amigo y ahí estará para lo que necesite, una caja de sidra, un confidente, alguien a quien agarrarse cuando estés en peligro vital, un osito retozón al que darle lo suyo y lo de su prima...

Harris cuando ve lo que se lleva

Es, para mí, la relación sentimental más inesperada y adorable de toda la serie. Rachel Reid hace que desde un principio empaticemos con Troy, aun sin comprender los motivos que le llevan a comportarse como un joputa. Con la situación que tiene, una persona a su lado como Harris es más que ideal, ya que este, debido a cosillas de su vida, decide aprovechar esta al máximo y no fingir ser de otro modo. Abiertamente gay (trabajando en un equipo de hockey, never forget), es querido y respetado por todos, además de una persona divertida a cuyo lado todo parece mejor, algo que ilumina la oscura vida de Troy y le alegra la cola.

Troy tras conocer a Harris

Es un sexo, por cierto, lleno de humor, una de mis debilidades literarias. A base de cariño, risas y comprensión, Troy va descubriendo que no es tan malo como cree y de verdad merece ser feliz, tanto fuera del rink como en él, ya que llega a Ottawa jugando como el culo (lo que, por otro lado, le iguala al juego del equipo). Pero ningún equipo donde juegue Ilya Rozanov está destinado al fracaso...


Ay, Ilya, ¡el reino entero pa ti! Aquí roba medio libro, claro, pero, además, supone una ayuda para Troy. Ya sabéis que Ilya tiene un gaydar que si detectara bolas de dragón ya le habría hecho inmortal. Aquí, además, también detecta a una persona dañada y, sin que Troy se dé cuenta, este se encuentra confiando en él. Y ahí Rachel Reid, muy cuca, nos va dejando miguitas de curiosidad porque detectamos que algo pasa con Ilya, nos preocupamos, queremos saber... pero no sabremos hasta el libro siguiente.

Todas con Ilya en este libro

Role Model me ha gustado, aunque no me ha vuelto loca (salvo por las apariciones de Ilya, así soy). Con sus dos protagonistas totalmente opuestos, Rachel Reid narra una historia de amor y sanación sorprendente, bonita y dulce que queda muy bien integrada en la serie, sobre todo por el hecho de aparecer Rozanov en ella y de que ocurran determinados acontecimientos que obligan a lanzarse sobre The Long Game.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Troy, buenorrote, dale alegría al ci*ote


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miércoles, 9 de septiembre de 2026

En qué andamos. Kim y la marmita del Maasverso

Madre mía, tengo esta entrada abierta un mes y, entre la vida y un agapornis que se posa en mi teclado cada vez que quiero escribir, no he sido capaz de sacarla a flote.

Haré lo que este adorable ser me deje

Nos hemos sacado de la manga esta sección, En qué andamos, para que sea una especie de cajón de sastre donde entren todas las cosas que no son reseñerío puramente dicho (y ya sabéis que a nosotras NosCaben muchas cosas...). Este año he tenido, en mi vena haggardiana, dos cosas que me han absorbido el cerebro y el poco tiempo que tengo: Heated Rivalry y Sarah J. Maas. Todos los años, hago una lista de libros que me "obligo" a leer y en esa lista lo más fantasioso que entraba era uno de Brandon Sanderson, la Romantasy ni se me pasaba por la cabeza (porque eso es de niñatas que no tienen canas en el xirri -dejadme con mis cosas de vieja-). Hace algo más de dos años, en mi grupo de bff lectoras, creo que fue Elsa (ella siempre llevándonos al lado oscuro de la lectura) la que sugirió que leyéramos a Sarah J. Maas porque, total, solo tiene doscientos libros de un millón de páginas cada uno y nos sobra el tiempo. Allá que fuimos (porque yo me leo hasta las instrucciones del champú con tal de comentarlo con mis amigas ❤) pero yo únicamente pensando en probar de qué iba eso y ni seguir ni reseñar ni nada, ni notas fui tomando. Pues, chicas, en la marmita de la Maas he caído y acabo de asomar la cabeza tras leerme t-o-d-o, ACOTAR, los Ciudad Medialuna y la serie Trono de cristal enterita (esta última, en seis meses). Ya no soy la misma persona.


Bueno, sin exagerar, que esto no es El jinete de bronce, pero vamos, entiendo perfectamente la fama porque esta mujer es la frutísima ama. También os digo que si estáis acostumbradas a leer paranormal, Urban Fantasy y cosas por el estilo es probable que no os parezca para tanto, pero comparada con escritoras que ahora venden como churros tipo Rebecca Yarros (con todos mis respetos para ella, que yo me he metido a Xaden en vena tan ricamente), es como comparar un huevo con una castaña. ¿Qué tiene la zarzamora Maas que la hace la mejor?

Tiene tapas, chopitos y pistacos

Para empezar, en chorrocientos libros como tiene, os podéis imaginar la cantidad de tramas que te encuentras, eso empieza chiquitico y se expande cual pantalón de Hulk. Entre tramas y universos a estas lecturas no les falta un perejil. Tampoco se queda corta con la variedad de personajes, no te vas a encontrar con dos protagonistas absolutos y unos secundarios que pinchan más bien poco hasta que llega su escena clave o se mueren, todos tienen su importancia. Me han conquistado especialmente sus personajes femeninos. Huye de crear mujeres debiluchas, las dota de inteligencia, fortaleza, ovarios como dos campanas y capacidad de cometer enormes errores y afrontar las consecuencias aunque no quieran. Aquí, salvo excepciones (*ejem* Feyre *ejem*), la muchacha pobrecita patosa que debe salvar al mundo pero se cae incluso cuando se ata los cordones no existe. No son niñatas sino mujeres que hacen lo que pueden pero siempre afrontan todo, hasta los errores, con la cabeza bien alta. 

La he cagao pero para atrás, ni para coger impulso

No soy especialista en el Maasverso ni pretendo serlo (ya sabéis que yo no soy booktoker de libros bonitos y farolillo del Ikea) pero sí os puedo contar un par de cosillas y mi opinión por si os apetece asomaros a este mundo.

¡Anotando estamos!

Primero, os sitúo. Sarah J. Maas tiene tres series escritas: Trono de cristal, Una corte de rosas y espinas (ACOTAR) y Ciudad Medialuna. La única finalizada (y que me ha traído de cabeza este año) es Trono de cristal, compuesta por ocho libros (aunque uno de ellos es una recopilación de relatos). ACOTAR tiene actualmente cinco, aunque, tras años de espera, se publican ya los dos siguientes (uno el 27 de octubre y otro el 12 de enero de 2027). Y Ciudad Medialuna tiene tres que, ojalá, sean más). Cada serie está ambientada en un mundo distinto y, si bien puedes leer cada una de modo independiente, en un determinado momento la Maas decide que qué bonito sería eso del Maasverso y... Hasta ahí puedo leer. Si quieres que te recomiende un orden lector, yo creo que siempre es mejor el de publicación (salvo los libros quinto y sexto de Trono de cristal, que yo recomiendo leer a la vez porque hace la experiencia chef kiss 👌🏻). Así que lo ideal sería Trono de cristal, ACOTAR y Ciudad Medialuna. También te digo que yo no seguí ese orden y he disfrutado como cochino jabalín en charca.


-Trono de cristal. Si vienes buscando Romantasy, circula, que esta no es tu serie. Es la menos guarronaca y la más puramente fantasiosa (si la hubiera escrito Brandon Sanderson o cualquiera de la cuerda tendría arrastrando el culo al masculinismo abonado al Celsius). Sigue los pasos de Celaena Sardothien, una asesina encarcelada a la que sacan de las minas donde está presa para que compita en un torneo donde el ganador se convertirá en el campeón del Rey. Una excusa tonta donde las haya, pero que nos sirve para conocer a un guapísimo príncipe y al buenorraco capitán de la guardia real y ya creer que sabes lo que va a pasar. ¡Error! Ay, lo que te espera... No le falta nada, hay mucha intriga, trama política, algo de amorcito (¡porque necesitamos vivir!), traiciones, sorpresas, dramas y malos malvadísimos. Y ojo al dato que es una serie cuyo inicio no tiene nada que ver con su final. Los personajes, todos, son fabulosos y complejos, con claroscuros, aristas y tan queribles como odiables, muy alejados de la perfección. Es una serie que me la he bebido este año y, en momentos en los que tenía la ansiedad disparada, ha logrado que me olvidara hasta de mi nombre. No pensé que fuera a gustarme tanto y se ha convertido en mi favorita.

Yo, tras leerla

-Una corte de rosas y espinas (ACOTAR). Si vienes buscando fantasía, espero que también busques sexo porque la Maas aquí abre las compuertas del follardeo narrativo (¡vi-va!). Nos metemos de lleno en la Romantasy, con faes y otros bichos, guarrerismo y el mejor de los maromos creados por esta mujer (y la protagonista más tonta de todas). Feyre Archeron es una moza humana con una familia regulera que decide salir a cazar porque están a punto de comerse las patas de la mesa, con tan mala suerte de que mata a un lobo y acaba prisionera en el mundo de las faes. Ojo, prisionera de Tamlin, un maromazo rubio que shiftea en bicho, hay peores castigos en esta vida. El mundo en el que vive Tamlin se ordena en cortes, cada una con sus líos y su jefe (él es Alto Lord de la Corte de Primavera, por ejemplo), y por ahí nos metemos en un mundo de fantasía y chingoneo del que no quieres salir ni con las patas por delante. Otra serie cuya complejidad crece según se va leyendo, se aumenta el politiqueo, los personajes de importancia -y sus correspondientes amoríos- y en la que se nota que la Maas no estaba escribiendo una serie, sino una parte importante de un universo más grande. La he disfrutado mucho (sobre todo un par de libros), aunque se dispersa un pelín para mi gusto.

Pero, ay, Yisuscraist, su maromo

-Ciudad Medialuna. Aquí a los faes y demás bichos les añadimos moderneo y tecnología porque por qué no. Un Urban Fantasy con airazo a mi adorada serie Fiebre de Karen Marie Moning (aunque tristemente sin un Jericho Barrons). Es su serie más reciente y, por lo que veo por ahí, la que más pereza le da leer a la gente pero yo, aunque no soy fan del género, me lo he pasado pipa. Nuestra protagonista, Bryce Quinlan, es una juergas de tomo y lomo a la que una desgracia de la vida (perversa Maas) le hace sacar su lado badass y acaba buscando a unos malvados con la ayuda de Hunt Athalar, un ángel caído (buenorro, claro), esclavo de los arcángeles que intentó derrocar. La Maas aquí no se priva de nada, es una mezcla frenética de todo: amoríos, palos que te dejan el corazoncito tocado, personajes más que cuestionables y complicaciones constantes de la trama. No es una lectura facilona pero adoro que la Maas te trate como a una persona adulta y no como a un adolescente simplón. La recomendaré constantemente y creo que, si has leído ACOTAR, la vas a disfrutar más...

Cada libro te deja así

Creo que más o menos os podéis hacer una idea de lo que encontraréis si decidís darle una oportunidad a alguna serie de esta mujer (porque leer solo un libro de ella es rascar la superficie de algo mucho más satisfactorio). Para mí los libros de Sarah J. Maas tienen una calidad superior a muchos de los que inundan las librerías con los cantos ilustrados y portadas brillantosas, en cuanto a vocabulario, complejidad de la escritura, tramas, personajes, y momentos inesperados de los que no te recuperas (no escatima en ellos la jodía). Como ya os he dicho, no soy una especialista en este género (ni en otro 🤣) ni una booktoker/bookstagramer/influencerista de las páginas pero sí soy una lectora en busca de historias que me impidan dejar de leer y la Maas me ha dado todo lo que pido y un poco más. 

Así que, si teníais curiosidad por esta mujer y necesitabais una opinión amiga, aquí está mi viaje lector por el Maasverso, por si os anima a probar su lectura o preferís dejarlo pasar como a un maromo trasnochado. Y, de paso, sirva este post como excusa por no haber reseñado como es debido durante muchos meses. ¡Perdonadme, hermosas, es que estaba en otro mundo, presa de unos maromos fantasiosamente fantásticos!

Vosotras tampoco querríais salir de allí


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miércoles, 8 de julio de 2026

Los Davenport. Más allá de los sueños (Los Davenport 2), Krystal Marquis

Cuatro mujeres negras y jóvenes se abren paso en la cambiante sociedad del Chicago de 1910. El drama se caldea para los Davenport y su entorno social, y las vidas (y los amores) de estas cuatro jóvenes cambiarán de un modo que nunca habrían imaginado: Ruby Tremaine acaba de prometerse con el amor de su vida cuando un desagradable rumor amenaza su reputación y su matrimonio; Olivia Davenport se ha comprometido con la causa de la justicia social y espera en secreto reencontrarse con el apuesto abogado Washington DeWight… hasta que sus padres deciden que debe casarse con otra persona; Amy-Rose Shepherd ha conseguido abrir su propio salón de belleza, pero un incidente la obliga a regresar a la mansión Freeport, donde se reencuentra con John Davenport, del que sigue enamorada; Helen Davenport está decidida a superar el desengaño amoroso que sufrió y a conseguir que la Compañía de Carruajes Davenport se adapte al nuevo siglo, aunque eso signifique aliarse con un piloto de carreras al que le gustan las emociones fuertes y al que le encanta sacarla de quicio.

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(ADVERTENCIA: hay algunos destripes de la primera parte, avisadas estáis). 

Si algo es regulero, raro es que su segunda parte lo vaya a mejorar. Y éste es el caso de Los Davenport. Más allá de los sueños. La primera novela nos dejó a Ruby emparejada con Harrison Barton a pesar de la oposición de sus padres y al resto peleadas con sus respectivos maromos con olor a pino, hoyuelos y labios carnosos. ¿Y cuál es la ocurrencia de la autora para crear intriga? Algo más viejo que andar palante: meter nuevos intereses amorosos. Guapísimos y maravillosos todos, a ver qué os creéis. Habrá que irse a Chicago a buscar marido, que allí no hay hombre malo.




Aparte de esto, realmente no pasa casi nada novedoso en este libro. Desde el punto de vista de la realización personal de ellas, todo sobre ruedas: Olivia escribiendo artículos, Helen diseñando un coche junto a su hermano, Ruby sacando partido de su vista para la moda y Amy-Rose con su peluquería y sus productos capilares. La autora nos quiere meter miedo con la aparición de la hija de la protectora de esta última, que parece que le va a quitar todo. Y lo de conocer cierta cosa sobre su padre blanco ya pa qué, de culebrón venezolano. En cuanto al romance, sabemos que, siendo romántica, más o menos te puedes oler con quién acabarán y que, por supuesto, habrá final feliz. Pero en medio tiene que ocurrir ALGO sustancioso y aquí no lo hay. Además, parece escrito a pijo sacao, sin reposar, todo es una sucesión de capítulos que en ocasiones no te dejan situarte en el tiempo, da unos saltos raros. Y nada sorprende, pero nada de nada. Por ejemplo: el uso de enredos que consisten en no leer cartas donde el que las escribe se explica y da sus razones sobre su comportamiento o circunstancias. Hay en concreto una cosa que madre mía... la leía y ésta fue mi reacción: 



Por otro lado, sigo pensando que lo de menos en el caso de estas chicas es ser negras, al final siguen las mismas normas que los blancos de clase alta: emparejarse con sus iguales, no salirse del protocolo. Las protagonistas incluso lo dicen: mi rango, mi estatus, mi clase social. Esto es como ver El Príncipe de Bel-Air. Si no es por las descripciones, ni te enteras de que son afroamericanas, salvo por el personaje de Washington DeWight y las alusiones a las leyes Jim Crow de segregación. Insisto en que la historia del padre de las Davenport y la búsqueda de su hermano sería más interesante (lo mismo nos hace la autora una precuela, que me conozco el percal). Esto va de otra cosa: el more than this del título original lo dice Helen en alusión a que quiere ser "algo más" que una niña bien destinada al matrimonio y a fiestas elegantes. Que ellas logren ciertas cosas (ser activista, mecánica de coches, empresaria o diseñadora) era igual de jodido para las blancas de clase alta, digo yo. Porque, por ejemplo, el personaje de Olivia, es sufragista, como lo eran mujeres no negras en esa época también. Vale, nos enteramos de que hubo lucha negra por el voto femenino, ¿y? No sé, lo que a juicio de la autora debería ser más importante -dar a conocer los logros de los afroamericanos- se diluye en la trama amorosa. No salen de su círculo, por lo que no se genera un conflicto grave en realidad. ¿Qué hubiera pasado si una de ellas se hubiera enamorado de un blanco, por ejemplo? 





En resumen, me ha parecido una bilogía de lo más normaleja, con unas pretensiones que no consigue alcanzar. Al final me he dado cuenta que es una novela Young Adult, porque la historia es súper facilona. A su favor decir que, gracias a este libro, conocemos otras realidades más allá de lo WASP, nos hemos enterado de que había familias negras influyentes y pudientes a principios del siglo XX (no esas fantasías made in Shondaland que ya sabemos); pero vuelvo a preguntarme si no sería más interesante contarnos cómo llegaron ahí. Leer otro libro de fiestas, modelitos y amoríos con algún toque reivindicativo no es suficiente si estás vendiendo esto como la novela que pondrá la historia negra en EEUU en su lugar. Lo que sí me huelo es que esto va a ir de cabeza a la televisión en forma de serie. Y que aún nos queda alguna novela más, porque hay cositas que se quedan sin desarrollar.


Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...



Mucho maromo, pero esto es un plomo




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miércoles, 10 de junio de 2026

Un mismo objetivo/Common Goal (Game Changers 4), Rachel Reid


El portero veterano Eric Bennett se ha enfrentado a algunos de los tiradores más duros sobre el hielo, pero nada le preparó para su último reto: la vida después del hockey. Es hora de hacer algunos cambios importantes, empezando por salir con hombres por primera vez.
El estudiante de posgrado Kyle Swift se mudó a Nueva York con el corazón roto. Había jurado encontrar a alguien de su edad de quien enamorarse. Hasta que conoce a un guapo y distinguido jugador de hockey de cabello plateado. A pesar de su intensa atracción física, Kyle no tiene intención de involucrarse emocionalmente. Le enseñará a Eric algunos trucos, se divertirán mutuamente y luego se marchará.
Eric está más que feliz de aprender todo lo que Kyle le enseñe. Y Kyle nunca esperó que su acuerdo de amigos con derecho a roce le dejara con ganas de más. El «felices para siempre» podría estar ante sus narices, pero no sucederá si son demasiado tercos para sincerarse sobre sus sentimientos.
Todo lo que quieren está a su alcance... Solo tienen que ser lo suficientemente valientes para agarrarlo.
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Seguimos con el maravilloso proceso de gayerización de la NHL que inició Rachel Reid con Game Changer. Y me remito a ese libro porque ahí está Scott Hunter ("¡contigo empezó todo!", que diría Piqué) y resulta que hay otro gay vigilándole la espalda...

¡El portero de su equipo!

Aunque le vigilará el culo por poco tiempo porque Eric Bennet está pensando en la retirada. Le da vértigo pero está dispuesto a afrontar ese gran cambio y, con él, dar un paso más: empezar a salir con hombres. Eric estuvo casado con una mujer pero poco a poco la relación se fue acabando y ahora, con toda la vida por delante y pocas cosas que hacer, Eric siente la necesidad de no ocultar más esa parte que siempre ha escondido. Obviamente, tener a Scott como compañero y amigo y ver lo feliz que es con su novio le hace plantearse muchas cosas. También, de nuevo gracias a Scott, frecuenta mucho el bar en el que siempre puedes encontrar al novio de este, Kip, y en el que trabaja como camarero Kyle Swift, amigo de Kip y que quisiera ser algo más...

Pues lo tienes bien jodido

Kyle oculta su corazón roto bajo un eterno flirteo con el guapo que se preste y, cuando conoce al maromazo de Eric, no puede evitar guiñarle el ojito por costumbre sabiendo que se lo hace a un maduro heterosexual, pero su gaydar no recibe las vibraciones que esperaba...

Eric creyendo que es sutil

Aquí el que tiene chicha interesante es Eric, que ha estado casado con una mujer y no por esconderse sino porque realmente se enamoró, es un reconocido deportista profesional, se siente viejuno y se encuentra en una etapa en la que el gayerismo está buscando rendijas por su cuerpo para escaparse. Encontrarse con Kyle, un chico majo, guapo, divertido y sin complicaciones es un soplo de aire fresco en su vida y una oportunidad que no puede dejar escapar. Todo resulta algo más fácil desde que Scott salió del armario por eso Eric encuentra la valentía de acercarse a Kyle, dejarse llevar por el flirteo para saber cómo es eso de estar con un hombre... y luego buscarse otro.


No seré yo la que critique las romance reasons de los libros pero aquí, donde se intenta tener cierta conexión con la realidad, me sorprende bastante que un hombre como Eric, con la cantidad de viajes que hace y la experiencia vital que tiene, necesite enseñanzas guarreriles de un chaval de su entorno no por darle gusto a su cola morena sino para aprender guarrerismos y buscarse luego otros hombres con los que practicarlos. WTF, hermoso? De todos modos, yo acojo esta trope en mis entretelas porque casi siempre me alegra la lectura (The Deal y Calle Dublín son unos maravillosos ejemplos) y, en ese sentido, Common Goal tampoco me ha decepcionado, he disfrutado muchísimo de las lecciones guarreriles entre Eric y Kyle. El sexo es hot, abundante y explícito (vi-va). Ellos se lo pasan bien y tú, estupendamente. Además, ambos me parecen encantadores (Eric especialmente) y ver cómo se relacionan y pasan del sexo al amor está bien, me parece que ocurre de modo bastante natural. Vamos, que esta pareja ha sido para mí todo lo que la del libro anterior no fue. Ya sé que todo es culpa de mis expectativas y, seamos sinceras, la sombra de Ilya y Shane es demasiado alargada para algunas de nosotras, pero con el otro no conecté en ningún momento y la pareja me pareció extremadamente forzada, igual que poco atrayente. Aquí me ha pasado justo lo contrario, los dos personajes me han parecido agradables, sus tonterías guarreriles me han encantado y su amor me lo he creído. 


Además, al ser Eric parte del equipo de Scott y pertenecer Kyle al entorno de Kip puedes disfrutar más plenamente del universo Game Changers, incluyendo una (muy innecesaria para la historia pero tremendamente necesaria para mí) aparición de Ilya Rozanov, sin el cual claramente ni Rachel Reid ni yo podemos vivir.

Tranquilas, hay para todas

Pero... Ay, este libro tiene un gran "pero" que me ha molestado mucho y que, si sois habituales por aquí, sabéis que no dejo pasar casi ninguna vez: la falta de comunicación. Ahí se reflejan las inseguridades de cada uno de los protagonistas y es cierto que les da profundidad pero, mira, entre personas adultas no creo yo que cueste tanto sentarse a comentar lo que sientes y no que cada uno, allá en la soledad de su cabecita, se dedique a pensar lo que cree que piensa el otro y actúe en base a ese pensamiento inventado. Eso de "yo sé mejor que tú lo que te conviene y eso no soy yo".

Una mierda pa ti

En adolescentes o adultos a medio cocer lo puedes creer pero en Eric, que peina canas en los cataplines, me lo trago malamente las dos primeras veces y mucho peor las chorrocientas que vienen después. En fin, que por algún lado había que quebrar la felicidad y Rachel Reid tiró por un camino que yo no aguanto. Obviamente en romántica no hay ruptura que cien años dure pero sí se puede llevar algún Gandy por el camino.

Common Goal es un libro entretenido, divertido, muy sexi y con su punto emotivo que me ha hecho pasar unos ratos estupendos y al que estropea el reiterado uso de la falta de comunicación de la pareja (aunque no lo suficiente como para empañarme una lectura que, sorprendentemente, me ha gustado mucho más de lo que esperaba).

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

3'5. Eric te para los goles con la boa


COMPARTIR ES EL MEJOR CAMINO PARA QUE UN MAROMAZO LLAME A TU PUERTA
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