Se han casado por poderes, él desde el castillo de Leger, mientras ella permanecía en Londres; no se conocen. Ella esperaba encontrar un hombre gentil, educado y culto. Él, una mujer fuerte, capaz de encajar en aquella vieja mansión de piedras toscas y gastadas, de estancias oscuras y pasado lúgubre. Ni él ni ella han visto satisfechas sus expectativas: porque él es rudo, de mal talante, más dispuesto al golpe que a la caricia, y porque ella es fina y delgada, demasiado educada y... pelirroja. Sólo el buscador de novias sabe que aquel hombre y aquella mujer compartirán al fin un amor de leyenda.
(ADVERTENCIA: esta reseña estaba esbozada desde noviembre de
2024 -sí, habéis leído bien-, así que ya me acuerdo de poco -o nada- de
la novela. Se intentará rematar como se pueda y espero que os sirva de
algo).
De entrada, que me perdone la lectora que me recomendó este libro, pero no
recuerdo quién fue, sorry (¿Bona, fuiste tú?). Desde aquí
darle las gracias porque, aunque no me haya entusiasmado como para
ir en una nube durante la lectura, es una propuesta distinta.
Siendo un retelling (y van ya...) del cuento de la Bella y la
Bestia, aquí sí encontramos una historia en la que
se incluye fantasía, como en el original.
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| ¡Qué ilusión! |
No, no os precipitéis, que
él no es una especie de animal lleno de pelos (qué pena, oiga) ni
ella una joven que romperá el hechizo, pero algo de magia hay. Desde los
tiempos de Próspero, el fundador de la saga, los St. Leger tienen como
suerte (o desgracia, según se mire) nacer con algún don especial,
ya sea poder leer los sentimientos de otros, hablar con los animales o, en
el caso de Anatole, mover objetos con la mente y ver el futuro. Este
último don es lo que le ha prevenido de alejarse de una mujer "de las
llamas" que lo perjudicará.
Por otra parte, sobre ellos recae una especie de maldición, que los
obliga a casarse quien disponga el llamado Buscador de Novias,
arriesgándose a lo peor si no contraen matrimonio con la persona elegida
por él. Y lo que ocurre es que Fitzleger, el buscador, ha visto en
Madeline, una joven pelirroja, a la esposa ideal para Anatole.
El pisto está servido.
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| Ay, que lo mismo es la churri chunga de las visiones |
La relación entre ambos va a ser difícil al principio, como es
natural. Ella, mujer del XVIII, el Siglo de las Luces, es una persona muy
racional que no puede creer en historias de poderes y mucho menos en
predestinación para emparejarse. Él, por su parte, es un hombre rudo y con
bastante trauma desde la infancia debido a sus poderes, con los que tiene
una complicada relación, ya que los odia pero también respeta todas las
tradiciones y legado familiar.
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| Y que tu madre te odie y te tema también |
Con todos estos mimbres la autora nos construye una
historia con un trasfondo bastante distinto a otros dentro de la
novela romántica paranormal, en la que suelen pulular vampiritos, viajes
en el tiempo o berserkers escoceses. Aquí se le da la vuelta al cuento de
la Bella y la Bestia como hemos comentado y el protagonista terminará
transformándose (aunque sólo interiormente, claro) gracias al amor de la
mujer que, según el destino, le corresponde. En definitiva,
es una novela muy disfrutable, con un toque diferente, aires
góticos, cero pichotismo, sexo algo raruno al principio y buenos
protagonistas.
Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...


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