martes, 10 de marzo de 2026

Más que rivales (Game Changers 2), Rachel Reid


Nada interfiere en el juego de la estrella del hockey profesional Shane Hollander.
Ahora que es capitán de los Montreal Voyageurs, no permitirá que nada lo ponga en peligro, y mucho menos su sexy rival, a quien le encanta odiar.
El capitán de los Boston Bears, Ilya Rozanov, es todo lo que Shane no es. Autoproclamado rey del hielo, es tan arrogante como talentoso. Nadie puede vencerlo, excepto Shane. En público, son enemigos. En privado, no pueden dejar de tocarse.
¿Lo más inteligente? Alejarse, una vez que unos cuantos encuentros secretos se convierten en una lucha por mantener su relación fuera de la prensa. La verdad podría arruinarlos a ambos. Pero para Shane e Ilya, el secreto pronto deja de ser una opción...
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"No me parece que Rachel Reid escriba mal pero he estado más entretenida con la rivalidad de Scott con un tal Rozanov que con el resto del libro". Esto escribí hace varios meses en mi reseña de Game Changer, el primer libro de esta serie, serie que leí motivadísima por la reseña que mi querida Bona Caballero hizo de Heated Rivalry allá por 2022, donde dejé este brillante comentario: "Lo tiene todo para que me guste, así que me la apunto ya mismo!". Ya veis cómo son mis motivaciones, que tengo muchas ganas de leer algo y lo leo cuatro años más tarde... Y me puse finalmente con Heated Rivalry porque se hizo la serie y no quería yo llegar a los maromos catódicos sin haber conocido a los literarios antes.

El sentir general de las cuatro lectoras que nos quedan

Todo esto viene porque parece que no sacaba hueco para este libro pero desde que lo leí en diciembre de 2025 hasta ahora mismo que escribo esta reseña me he caído en la marmita de los Hollanov y de ahí no salgo si no es con las patas por delante. 
47 años para 15 tengo

Pero yo soy toda una profesional del reseñeo (...), así que dejo a un lado la serie, echo mano de mis notas de diciembre y... ¡a reseñar a los Ilya y Shane literarios que voy!

Viajamos en el tiempo y en el espacio como si de un Outlander cualquiera se tratara esto pero sin tantas fumadas gabaldonianas. Por ahora nos vamos a Montreal en 2016 a ponernos los patines y echarnos un partido de hockey. Ni dos párrafos pasan y ya sabes que el archienemigo de Shane Hollander, capitán de los Metro Voyageurs, es el capitán de los Boston Bears, el ruso Ilya Rozanov (cuyo nombre ya nos sonaba de dar robar protagonismo molestar un rato en el libro anterior). Esa misma noche se enfrentan en el hielo. ¿Cómo quedan? Pues mira, chica, ni que esto fuera Estudio Estadio. El caso es que, tras el partido, Shane está medio molido en su casa, cansado pero sin descansar esperando a alguien. ¿El de la pizza?

No, el del fiambre ruso

(Bueno, así me imaginaba yo a Ilya antes de perder las bragas por Connor Storrie, que soy muy de Dolph y de Ivan Drago #Viejuna).
Ahí que se presenta Ilya en casa de Shane y no para hablar de logaritmos neperianos precisamente sino para darle a los ritmos penerianos. Tras morirte por el susto y resucitar, ves que Shane no quiere eso, no quiere estar allí siendo objeto de guarreridas a troche y moche por parte de tremendo ruso pero ni bajo aviso de impacto inminente de meteorito querría Shane estar en otro sitio. Un "ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio" en el que Shane e Ilya están involucrados y ocultos... desde hace siete años.

Y todo sin salir del prólogo

Tras llamar al Samur para que resuciten a las de nuevo muertas lectoras, nos vamos a 2008, donde unos jovenzuelos Ilya y Shane se conocen en los Campeonatos Mundiales de Hockey junior. Su fama les precede porque a estos chavales los ojeadores los tienen fichados desde que echan los dientes de leche pero es la primera vez que se ven y se enfrentan. Nuestro Ilya adolescente no conoce a Shane salvo por su fama y, justo por ella, lo reconoce como rival a batir y a odiar, porque nadie puede ser mejor que él. Pero cuando Shane se acerca a Ilya para presentarse, ese chaval majete con sus adorables pecas no resulta tan odiable como el ruso hubiera deseado. Eso no le impide darle pal pelo en el hielo, faltaría más, igual que meses más tarde no le quita gusto a eso de quedar por encima de Shane en el draft y ser elegido por los Boston Bears, el archienemigo equipo de los Montreal Voyageurs, que elige a Shane. Eso los pone a ambos en la misma conferencia, lo que implica que van a verse las caras mucho más de lo deseable. Como alternamos puntos de vista, también podemos ver cómo Shane se caga en tó (educadamente, que es un chico muy correcto) al quedar siempre por debajo de Ilya pero resulta complicado odiarle cuando en las distancias cortas Ilya es más cordial, más amable, más un hombre que un adolescente, más propenso a despertarle calores que las hogueras de San Juan...

Shane y nosotras con Ilya

A base de saltos temporales les vemos ir reencontrándose en competiciones, en grabaciones, en los partidos y tras ellos... Y poco a poco esas ganas de meterse de todo menos miedo se plasmas en actos de meterse de todo menos miedo, lo que lleva a una relación oculta de encuentros sexuales megahot que va removiendo los cimientos, las creencias, las esperanzas y los sueños de Ilya y de Shane. Es que años de sexo maravilloso y prohibido entre dos personas que se tienen tienen cada vez más cariño no pueden quedarse solo en eso, a esa relación puramente sexual se le van abriendo grietas por las que se meten no solo las 🐍 sino también los sentimientos. Aunque, claro, no los gestionan igual...

Stop rait nau

Vale, no os voy a contar yo el libro entero, que me pongo me pongo y parezco Doña Adelaida destripando Cristal (si lo has pillado, la menopausia is coming). Tenía muchas ganas de leer Heated Rivalry desde que leí la reseña de Bona pero no esperaba yo que me iba a atropellar un tren de sentimientos y de amor por esta historia, y aquí me hallo, muerta matada y tan feliz. No es que lleve leyendo romántica tanto tiempo pero a veces parece que ya he leído todo lo que me va a conquistar y a dejar huella, así que encontrarme totalmente absorbida por esta historia, obligándome a dejar de leer porque tenía que seguir con la vida y sin poder dejar de pensar en volver a abrir el libro fue una de las mejores sorpresas que he tenido últimamente. Tan metida estaba en la lectura que tomé tres notas guarras para hacer la reseña, ni un segundo de lectura quería perder (así que esta reseña va a sufrir las consecuencias 😆). He disfrutado enormemente de todo pero, si hay dos cosas que me han enamorado del libro, estas han sido su estructura y, por supuesto, Ilya Rozanov los protagonistas Ilya Rozanov. En cuanto a la estructura, reconozco que no soy especialmente fan de los saltos temporales porque acabo más perdida que Carracuca pero aquí la historia se beneficia de ellos. Con ese prólogo que te deja loca, automáticamente me encontré devorando la evolución de la relación entre ambos, dándome igual los rotulitos que marcaban el lugar y la fecha. La relación entre Ilya y Shane es justo como la narración, un todo que se construye a partir de momentos sueltos que roban y ocultan a la luz del día y en la exposición pública. Con esta narración, Rachel Reid quita mucha paja de la historia y nos hace ver únicamente lo importante sin redundancias (no como en el libro anterior, que te mete en un coma profundo con tantas mierdas de Scott), nos centra en la evolución de los personajes, juntos y por separado, y, si estás tan metida en la historia como lo estaba yo, te zampas los capítulos uno tras otro. Este no es uno de esos libros donde todo va bien y esperas que en algún momento se joda todo, ¡es que estás todo el tiempo sufriendo porque no pueden tener una relación! 

El mensaje que nos deja Rachel Reid

En cuanto a los personajes... Ay, estoy totalmente enamorada de Ilya, por si no lo habéis notado. Ambos son fantásticos, tan distintos y tan complementarios, pero, claro, Ilya es el caramelito y Rachel Reid bien que lo sabe. Él es el que te descoloca en el libro anterior y aquí ya te remata, porque cuando ves una capa rascas un poquito y sale otra más, y otra después. Es un personaje complejo que constantemente lleva un circo de siete pistas que maneja perfectamente hasta que mete ahí a Shane y se le va todo al carajo. La evolución de la relación entre ambos se ve natural (dentro de que cómo voy a saber yo cómo puede ser una relación entre dos estrellas del hockey gays natural), nada forzada, pero no se dejan de lado las contradicciones de ambos personajes, la lucha constante entre lo que creen que necesitan y lo que realmente quieren. Ninguno de los personajes es igual al final que al inicio del libro pero precisamente por la complejidad de Ilya ver su evolución es algo que te deja con el corazón a tope y las patas vueltas. Bueno, y si hablamos de patas vueltas, así es como se te quedan si hablamos de los guarrerismos de este libro...

Aquí me tenéis, en plena lectura

Ay, madre, ¡que me caiga encima un glaciar que me enfríe las calores internas! Si no te gusta mucho leer sexo, tú te lo pierdes este no es tu libro. El sexo es hot, abundante y descriptivo y muchos de esos encuentros suponen un avance en la relación o un descubrimiento importante para los personajes, así que vas al infierno si te los saltas 😂. Pero el libro es mucho más que sexo, es ver cómo se saca adelante una relación que ni sus propios protagonistas podrían haber imaginado. Los momentos sexuales son estupendos pero ay, AY, esos en los que vemos cómo van formándose y asomando los sentimientos en Ilya y Shane... 


No sé si os habéis dado cuenta pero Heated Rivalry ha sido una verdadera delicia para mí, un libro de esos que te engancha desde el principio, va echando raíces en tu corazón y de ahí no se mueven ni historia ni personajes incluso aunque hayas terminado de leerlo. No es un libro aislado dentro del universo de Game Changers, de hecho ciertas cosas que ocurren en el libro anterior tienen repercusión aquí, pero la historia de amor de Ilya y Shane es de esas que cobra vida y supera incluso todo lo que esperabas, de esas que cierras el libro y, aunque quieras, no puedes dejar de pensar en ella. A mí, desde luego, me ha conquistado por completo, por eso se lleva en nuestro Gandymetro...

"Te adoro" en haggardiano se dice "Hollanov"

                               
Bona Caballero, además de unas maravillosas reseñas, hace otra clase de entradas que hay que leer sí o sí. Y aquí se marca una de diez que tenéis que leer, donde repasa la romántica, los boa/boa, los sporty melofó y la serie Game Changers. ¡No os la podéis perder!


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1 comentario:

  1. Recomiendas pues leer primero al anterior "Game ...", o vamos ya a saco con este?

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