Mostrando entradas con la etiqueta Julianne Donaldson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Julianne Donaldson. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de mayo de 2016

Blackmoore, Julianne Donaldson


En la Inglaterra de 1820 la única carrera para la mujer es casarse. Pero Kate Worthington conoce su corazón y sabe bien que nunca lo hará. Su plan es viajar a la India, aunque solo sea para encontrar la paz que le pide su espíritu inquieto y para escapar de una familia a la que aborrece. Sin embargo, su entrometida madre tiene otros planes para ella, así que le plantea un trato: podrá ir a la India, sí, pero solo tras haber conseguido —y rechazado— tres propuestas de matrimonio.Decidida a cumplir su parte del trato, Kate parte hacia la mansión de Blackmoore, para pedir ayuda a su amigo de la infancia, Henry Delafield. ¿Será capaz de rechazar una propuesta que, en realidad, es lo único que puede dar alas a su corazón?
Goodreads ❤  Amazon


Tras un atracón de novelas de época con momentos perraquiles (Bridgertons y Floreros, entre otras cosas), me apetecía volver a ese género que a mí me gusta: el de las enaguas que no se desenaguan, lo rancio sin asomo de guarreridas. ¿Y quién mejor que Julianne Donaldson para eso? Blackmoore estaba haciéndome ojitos y yo encantada: no sólo había de lo que me gusta, sino que a todo ello se añadían... ¡los páramos!

Croqueta rancio-enagüil-paramera

Aunque mientras leía, mi croqueta se ha convertido en algo así, y ya diré por qué:
Croqueta ay-que-me-la-pego

Kate Worthington tiene una familia que hace buena a la de Elizabeth Bennet: su madre es un pendón que flirtea con todo lo que lleve pantalones y la quiere casar con un señor mayor y enfermo; el padre pasa de todo; su hermana mayor se casó gracias a un escándalo que montó; por último, su hermana menor es una interesada sólo en buscar marido. El único que se salva es el pequeño Oliver, aunque lo mismo cuando crezca es un petardo, vaya usted a saber.


La señora Worthington también come mucho, pero otras cosas

La jovencita se siente agobiada en esa casa y su único deseo es salir de allí pitando rumbo a La India, soltera y entera, ya que desde hace año y medio no quiere saber nada de matrimonio. Además, sus amigos Henry y Sylvia Delafield son también parte de su vía de escape (sobre todo Henrydfjasdfjañsklfdjsklañdkjs), pero todos los años se van de vacaciones a Blackmoore, la residencia veraniega de la familia ¡y a ella no la invitan, con las ganas que tiene! ¿Pero qué pasa aquí?


Kate va de fría y pone esta cara
Pero en el fondo está así

De esa forma, Kate idealiza Blackmoore hasta el punto de obsesionarse. Cuando por fin puede ir por mediación de Henry (es que es para comérselo, de verdad), se encuentra con que aquello es el camarote de los hermanos Marx: nada menos que cuarenta invitados, entre los que se encuentra la perfecta y repelente señorita Saint Claire, candidata a convertirse en esposa de Henry. Por parte de la señora Delafield no es que sea muy bien recibida Kate en la mansión. Y es que aquí hay un tomate que tenemos que ir descubriendo a través de una serie de flashbacks que nos irán aclarando ciertas cosas.



Hemos dicho que Kate jura y perjura que no se va a casar (las razones las descubriremos poco a poco a través de los citados flashbacks), mientras que Henry le suelta cada directa que, como en el caso de Philip (el protagonista de Edenbrooke) me tenía con las enaguas a tope de temperatura. Y ella venga decir que no (pero sí), que se siente como un pájaro enjaulado y desea buscar su destino y blablablá. En serio que a veces me daba ganas de ahogar a Kate por sus rollos patateros y a Julianne Donaldson por coñazo y repetitiva. Que sí, que nos ha quedado claro que Kate quiere echar a volar (el símil del pájaro y la jaula una y mil veces, sin la maestría con que ello se usa en Jane Eyre), que Henry tiene los ojos grises y mil cosas más que nos repite hasta la saciedad. Juro que a punto he estado de quitarle un Gandy por esto, pero Henry lo compensa todo. 


Es salir Henry y empezar con la croqueta especial arco iris

Y es que este chico vale un Potosí. No sólo es adorafollable con Kate a pesar de que a veces está rozando peligrosamente el pichotismo, sino que hasta trata bien a la despendolada de la madre para evitar males mayores. A la Donaldson hay que reconocerle que sabe hacer unos maromos de los que enamoran sin tener que tocar más allá de lo socialmente aceptado en la época. 



Siendo una novela con un argumento más complejo que Edenbrooke, creo que tiene más defectos que la anterior. A veces la sencillez es una virtud y creo que Julianne Donaldson no ha sabido en ocasiones canalizar las neuras de la protagonista, lo que hace que nos saque de quicio al principio. Cuando las cosas se van aclarando, medio nos convence, pero aún así Kate tiene un punto ahostiable que supongo que es por su falta de madurez. Henry, sin embargo, siempre está ahí, con su buen carácter y sus ideas claras. Y su adorafollibilidad, que es lo más importante, seamos sinceras. 

Por todo ello (sobre todo por Henry) obtiene en nuestro Gandymetro...


Henry, llévame a Blackmoore

(Nota: ¿Alguien sabe el porqué de esa manía de la autora de hacernos un test de lectura comprensiva al final? Me parece una chorrada como la copa de un pino)


COMPARTIR ES EL MEJOR CAMINO PARA QUE UN MAROMAZO LLAME A TU PUERTA
Share to Facebook Share to Twitter Email This Pin This

viernes, 18 de marzo de 2016

Edenbrooke, Julianne Donaldson


Marianne Daventry haría cualquier cosa para escapar del aburrimiento de Bath y las atenciones amorosas de un cretino que no le interesa en absoluto. Así que cuando le llega una invitación de su hermana gemela, Cecily, para que se una a ella en una maravillosa casa de campo, aprovecha la oportunidad. Por fin podrá relajarse y disfrutar del campo, que tanto le gusta, mientras su hermana se las arregla para librarse de las atenciones del guapo heredero de Edenbrooke. Sin embargo, Marianne acabará por descubrir que incluso los mejores planes pueden salir mal: primero será un aterrador encuentro con un salteador de caminos, después un coqueteo aparentemente inofensivo... el caso es que, al final, Marianne se verá envuelta en una inesperada aventura llena de intriga y de amor, tan apasionante que no podrá dar descanso a su mente. ¿Será capaz de controlar su corazón traidor o caerá rendida ante un misterioso desconocido? Está claro, el destino quiere para Marianne algo distinto a lo que ella había planeado al ir a Edenbrooke.
Goodreads ❤  Amazon


Terminé de leer Yo antes de ti para que no me chafaran la historia con ese demencial tráiler que han hecho y me dije que ahora qué me echaba al cuerpo. A La Guardia de los Highlanders quiero visitarla poco a poco para ir digiriendo tanta columna marmórea y no empacharme de tíos musculosos. Así que me fui a mi To-Read de Goodreads (al que nunca hago caso) y vi por ahí Edenbrook. 

El libro flipando por haber sido elegido

Nada me gusta más que entrar en una novela enagüil sin tener ni pajolera idea de la trama. Lo primero que me llamó la atención es que fuera en primera persona. Las escritas de este modo últimamente suelen ser más las de contemporánea y a veces te dan ganas de arrancarte los ojos porque es como si estuviera protagonizada por la autora y hasta la oyes y te la imaginas haciendo todas las guarradas que describe y AAARRRRRRRGGGGG!!! 


Pero aquí, gracias a Dios o a Charlotte Brontë que es lo mismo, no vamos a querer pegarnos un tiro con esas cosas. La protagonista es una chica de diecisiete años, Marianne Daventry, la cual vive con un sentimiento de culpa por la muerte de su madre en un accidente y siente el abandono (algo exagerado para mi gusto) de su padre, mientras que su hermana melliza, Cecily, lo tiene todo: belleza, saber estar en público, moverse como pez en el agua entre pretendientes... Además vive en Londres, mientras que a Marianne le toca aburrirse en Bath con su abuela y su stalker pesado. Cecily está a punto de liarse con un rico heredero al que le ha echado el ojo, así que aún más perfección a añadir a su persona, cosa que a Marianne a veces le repatea los higadillos. Ella es más torpe, le gusta estar por ahí dando vueltas (literalmente) y la vida en el campo. Por eso, cuando la invita su hermana a acompañarla a Edenbrook, la casa rural de la familia del citado rico heredero, no ve el momento de salir de Bath.

¡Aunque sea en la baca el coche!

Pero no va a ser todo llegar y ya está, sino que va a vivir una pequeña peripecia gracias a la cual conocerá a un tipo bastante peculiar, además de guapo y algo misterioso. Yo, que soy una rancia como bien sabéis, estaba encantada leyendo esta novela muy a la antigua usanza. Su referente más lejano sería Jane Austen y el más cercano Georgette Heyer, que fue la que tomó a la primera y le dio un toque "moderno" antes que otras. Como en las obras de estas dos autoras, hay un poco de enredo inocente, identidades equívocas, enamoramientos que luego serán un fiasco... Marianne me pareció un personaje bastante acorde a la época. A diferencia de su mundanal hermana, ella no sabe nada de galanteos ni de flirtear con hombres. Su abuela la anima a ir a  Edenbrook para que se forme en esas lides y sea una dama de sociedad, pero ella ve con malos ojos cómo Cecily le cuenta, por ejemplo, que los calaveras son los que mejor besan y el tonteo que se lleva con uno de ellos al mismo tiempo que le hace ojitos al heredero. Insisto: yo soy una rancia y me identificaba con Marianne frente a su hermana, porque ¿qué es eso de ir por ahí pegándose morreos con cualquiera, eh, EH?

Y a mucha honra, querido

¿Y cómo es el protagonista masculino de esta novela? Philip es ññasdkfañskdjfñaskdjfasañ, con un sentido del humor elegante, toma el pelo a Marianne con gracia, le dice unas cosas que POR FAVOR (a mí se me caían las enaguas a veces), pero es un caballero de la cabeza a los pies, a pesar de la supuesta mala fama de donjuán que tiene. Él se queda prendado desde el principio, pero Marianne no sabe de qué va el rollo porque es muy inocente. Y todo el jugueteo que se da entre ambos es sin traspasar las normas sociales, nada de te agarro y te planto una comedura de tetamen que te dejo tonta pa los restos (que seguro que ganas a Philip no le faltan), ni hay instalust (ella lo ve guapo, pero nada de sentir calores xixiles, ni palpitaciones en los bajos ni cosas así). 

Mi ranciedad y yo haciendo la croqueta como Kim

Y diréis que me contradigo si, al leer otras de mis reseñas, critico la falta de añdfjasñdkjfs o digo que disfruto con los momentos guarrindongos, pero cuando una novela está bien montada en un estilo concreto como lo está ésta, chapeau a que no se eche de menos el perraquismo guarreril. La propia autora dice que, si bien Jane Austen estaría encantada con el legado que ha dejado, también preferiría que se diera más importancia al amor y menos a la lujuria. No me echéis los perros aún, pero en cierto modo le tengo que dar la razón. Que hay novelas en las que todo empieza con ganas de trocotró (y en cuanto te descuidas ya tiene la prota el vestido por los sobacos) y luego si eso nos enamoramos y hasta nos amamos pa los restos entre polvete y polvete. Unas lo hacen muy bien (¡y me encanta!) y otras no tanto. Así que esta autora me ha sorprendido por la sencillez sin pretensiones y por homenajear a quien hay que hacerlo, Jane Austen, y no como otras que sólo se les ocurre hacer el homenaje al Grey (paradme que ya sabéis que la vena del cuello me explota). Resumiendo: no por casualidad Edenbrooke se subtitula A proper romance, porque no puede ser más apropiado o, si queréis, más rancio (dicho esto con cariño).

Por todo eso, merece en nuestro Gandymetro...


Philip, eres adorafollable


COMPARTIR ES EL MEJOR CAMINO PARA QUE UN MAROMAZO LLAME A TU PUERTA
Share to Facebook Share to Twitter Email This Pin This