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martes, 18 de febrero de 2020

Vicious (Sinners of Saint 1), L.J. Shen



Emilia
Dicen que el amor y el odio son los mismos sentimientos experimentados bajo diferentes circuntancias, y es cierto. El hombre con el que sueño es el mismo que me persigue en mis pesadillas. Es un abogado brillante. Un hábil delincuente. Un bello mentiroso. Un matón y un salvador, un monstruo y un amante. Hace diez años me obligo a huir del pequeño pueblo en el que vivíamos. Ahora, ha venido a Nueva York a por mí y no va a irse hasta que me lleve con él.
Vicious
Es una artista muerta de hambre. Bonita y esquiva como una flor de cerezo. Hace diez años entró en mi vida sin anunciarse y volvió todo del revés, pero pagó el precio. Emilia LeBlanc es intocable, la exnovia de mi mejor amigo. La mujer que conoce mi secreto más oscuro y la hija del personal de servicio que cuida de nuestra mansión. Eso debería ser suficiente para impedir que la persiga pero no lo es. Me odia. ¿Y qué? Mejor que se vaya acostumbrando a mí.


Bueno, lo primero que os voy a decir en esta reseña es que no soy crítica literaria (ni pretendo serlo, obviamente), así que me voy a permitir llenar esta reseña de la palabra que más he repetido mientras leía Vicious: gilipollas. Si sois alérgicas a los tacos y demás expresiones malsonantes, podéis saltaros la reseña e ir a ver los Gandys que le he dado. Spoiler: son dos.

Como las dos hostias que le daría a Vicious

La cosa por aquí va así. Emilia LeBlanc es hija de los nuevos trabajadores del casoplón de la familia Spencer, cuyo hijo, Vicious, es un gilipollas integral que parece salido de Menos que cero, la novela de Bret Easton Ellis. Junto con sus amigos se hacen llamar los AssHotHoles y se dedican a gastarse toda la pasta que sus ricachones padres tienen, a hacer fiestas y a pasarse por la piedra todo xixi que se ponga a tiro. Emilia y Vicious tienen un inicio malo y un desarrollo peor, que culmina con que ella tiene que salir por patas de su ciudad. El tiempo pasa pero el gilipollismo en Vicious, no, con lo que, cuando se vuelven a encontrar, decide utilizarla para ciertos planes turbios y, de paso, saldar las cuentas que guarrerilmente tienen pendientes.

Soy más listo que Calisto

Este libro os puede gustar sí:
👉 os gustan los protagonistas que son más gilipollas que buenorros;
👉 os gustan las protagonistas que caminan en la fina línea entre ser buenas personas y tontas;
👉 os gustan los pistos de enemigos que se fo**an vivos más que a mí Henry Cavill cubierto de chocolate (o de la nada más absoluta);
👉 os gustan las historias de amor en las que el amor reside en la punta de los nabos.

De esos cuatro puntos, yo cumplo uno, así que, como comprenderéis, este libro no va a pasar a mi top de lecturas del año. Reconozco que no podía dejar de leer el dichoso libro y ese es el gran mérito que, para mí, tiene L.J. Shen. Es capaz de inventarse unas historias llenas de personajes que me caen como una patada en mis turgentes posaderas y a los que insulto de principio a fin pero que me tienen enganchadísima. Vamos, que esto es un guilty pleasure como la copa de un pino, me lo paso pipa leyendo las historias de estos despreciables a los que les deseo que les atropelle un camión de Mahou. Sin embargo, no se me nubla la razón lo suficiente como para no ver la realidad del libro. Como me dijo Sonia, mi querida sweetie, el esquema del libro es casi un calco de The Kiss Thief y, aunque no les he cogido tanta manía a estos protagonistas como a aquellos, no he llegado a conectar con ellos. Con Vicious, por supuesto, me ha sido imposible. Puedo entender los traumas que arrastra y blabla pero, mira, chico, eso no es excusa para ser un gilipollas capaz de arruinarle la vida a la chica que te vuelve el palote loco. Y ella resulta ser una medio pavisosa con ganas de redimir al malvado porque está traumado y blabla. No llega a ser Sosastasia con sus Cincuenta sombras, eso sí, porque a esta no le importa bajarse a pilón si es necesario.

De tonta no tengo ni un pelo del xixi

¿De sexo? Bien, gracias. Vicious puede despreciar mucho a Emilia pero se la quiere trincar viva cosa mala, así que, cuando lo hace, se emplea a fondo. Las secuencias no son nada fuera de lo normal, sinceramente, correctas y punto. Para mi gusto, desprovistas de emoción y sentimientos, como el resto del libro. Es lo que tiene que los protagonistas sean fríos y/o se guarden sus sentimientos. Hay demasiada narración plana y poco diálogo, así que no te puedes meter en la historia en condiciones. Además, aunque cumple todos los requisitos para ser una novela romántica, para mí no lo ha sido, más que nada porque no puedo ver esa evolución amorosa que tanto me gusta. Él es un gilipollas de principio a fin. Seguro que Emilia diría que sí, que es un gilipollas pero es SU gilipollas. Pues para ti, rica, porque a ese hombre no hay quien lo aguante por muy bueno que esté. Ya sé que me he metido historias de amor dañino o dark o como sea y me las he zampado estupendamente, pero necesito algo de emoción y de sentimiento para creerme que hasta el mayor de los malvados puede redimirse por amor, pero aquí no lo he visto. 

No me simpatizas

Al igual que con The Kiss Thief, empieza con fuerza pero la acaba perdiendo según avanza la historia. Me gusta que la escritora se vaya guardando partes del pasado para irlas intercalando y conocer lo que realmente pasó entre Emilia y Vicious, pero no logra mantener la intriga, ni en la relación entre ambos ni en lo demás. La parte que se supone culminante fuera de lo amoroso, todo lo relacionado con la madrastra, tiene pintaza pero acaba mñe, floja y torpona. Sin embargo, la relación entre los HotHoles me ha gustado (dentro de mis ganas de que les atropelle un camión de Mahou a casi todos, claro). Para ser todos tan gilipollas, me ha encantado la dinámica tan especial que tienen. Probablemente, entre ellos se querrían estrangular pero tienen un vínculo muy especial que les hace quererse y apoyarse a pesar de todo. ¿Podrían ser menos gilipollas? Por supuesto, pero me temo que entonces ya no estaríamos en un libro de L.J. Shen sino en Friends.

Así que esto os cuento sobre Vicious, queridas. Es una historia de amor con la que no he conectado, con más misterio en el planteamiento del que finalmente tiene y un protagonista tan frío que me ha acabado congelando a mí. Sin embargo, me ha tenido enganchada y sin poder dejar el libro, todo un meritazo.

Por todo esto, le damos en nuestro Gandymetro...

Vicious, tu vicio me saca de quicio


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martes, 21 de mayo de 2019

El ladrón de besos, L.J. Shen


Dicen que el primer beso hay que ganárselo. 
El mío fue robado por un demonio en un baile de disfraces bajo el negro cielo de Chicago.
Dicen que los votos que pronuncias el día de tu boda son sagrados. 
Los míos fueron rotos antes de salir de la iglesia.  
Dicen que tu corazón solo late por un hombre.
El mío se rompió y sangra por dos rivales que lucharon por él hasta el amargo final
Estaba prometida a Angelo Bandini, heredero de una de las familias más poderosas del Outfit de Chicago.
Después, fui robada por el senador Wolfe Keaton, que sostuvo los pecados de mi padre sobre su cabeza para obligarme a casarme con él. 
Dicen que todas las grandes historias de amor tienen un final feliz.
Yo, Francesca Rossi, he borrado y reescrito el mío hasta el mismo capítulo final. 
Un beso.
Dos hombres.
Tres vidas. 
Entrelazadas. 
Y, en algún lugar entre esos dos hombres, tenía que encontrar mi "para siempre".


No pensaba ni leer este libro ni hacerle reseña y aquí me tenéis, siendo el colmo de la congruencia *modo ironía on*. Este libro me había salido varias veces por Goodreads con buena nota, así que, cuando lo vi en Netgalley, lo pedí (junto con otro de la misma autora -#MeCaben todos, ya sabéis-). Los de Netgalley los suelo reseñar ahí como buenamente puedo en mi inglés guachinguá, pero con este libro he sentido la necesidad de venir al blog a quejarme. Supongo que ya podéis imaginar que no me voy a quejar de algo que me ha hecho el xixi Pepsicola...

Esta he sido yo leyendo

Ya sabéis que no leo las sinopsis y, esta vez, por no leer, no he leído ni la frase que viene en la portada, esa de An Arranged Married Novel (matrimonio concertado, vaya), pero no es algo que me haya disgustado, que bien que me trago eso en las novelas enagüiles (aunque esto es contemporánea). Lo que sí me ha disgustado y es lo que me hace valorarla tan bajo (y soy generosa) es que ella misma crea unas expectativas que luego destroza. Os sitúo un poquito: Francesca Rossi es una niña bien de Chicago, tiene diecinueve años y parece sacada de Gossip Girl (pero sin ser un zorrón, más bien lo contrario). Su padre es un mafioso y ella sabe que su futuro amoroso está unido al de Angelo Bandini, hijo de otro capo, algo que no le importa ya que están enamorados desde que tienen uso de razón. Eso sí, como no es una sooooooorra de Camporrial y sí una buena hija católica y apostólica, Francesca y Angelo no han pasado de hacerse los arrumacos de David el Gnomo con su mujer, que tiempo tendrán frotar bajos cuando estén casados. Francesca, además, tiene una peculiar tradición familiar en forma de cajita de madera que guarda tres frases que señalan a su amor verdadero. Una de ellas es que este será el que le dé su primer beso (diecinueve años de la era modenna y ni un morreaco, no se lo cree ni Penry) y Francesca estaba más que preparada para que Angelo fuera el que la besara... hasta que se cruza en su camino el tío más duro de Chicago, el senador Wolfe Keaton, que le hace la tres catorce y le roba ese beso. Pero, calla, Mari, que, no conforme con eso, al día siguiente le hace la tres catorce al padre joputa y Francesca se encuentra en un coche con una maleta camino de casa de Wolfe y, espera, chica, ¡comprometida con él!

Ay, que me da el apechusque

¡No me digas que esto no tiene pintaza! Podrías pensar que Wolfe es un maromazo que le voló las bragas a Francesca cuando lo conoció, pero no es el caso. Buenorrísimo está (eso que no nos falte), pero también es un gilipollas de cuidado que engañó a la chica para meterle un morreaco y que, como va detrás de hundir al padre de Francesca con todas las herramientas que pueda, decide chantajearle y joderle la vida quitándole lo que más quiere, tal y como este hizo con él (ya os digo que hay un pisto aquí de tres pares de cataplines). Y, cuando os digo que es gilipollas, es la pura verdad, ya que tiene un modo de tratar a Francesca que merece que le atropelle el Air Force One cuando vaya a despegar. Conocemos lo que piensa Francesca (en primera persona 😒), pero la autora tiene a bien ponernos capítulos desde el punto de vista de Wolfe para que veamos que su gilipollesco comportamiento tiene una fuerte base y que, así, logremos perdonarle. Y, mira chico, yo he llegado a perdonarte muchas cosas pero algunas humillaciones a las que sometes a tu forzada pareja sin ser ella la responsable de que estés traumado... Anda y que te la pique un pollo.

Con mis mejores deseos

También os digo que la gracia de este libro es justo esa, probar nuestros límites y ver si somos capaces de perdonar ciertos comportamientos con eso de que siempre entramos en Romancelandia con la manga más ancha que el xixi. Gracias a Dior, vamos viendo cómo ese desprecio mutuo va menguando según aumenta el palotismo, ya que ambos desprenden unas microondas guarreriles de enorme intensidad. Vamos, que este sí es un libro puro y duro de enemigos que se fo**an vivos, a pesar de que no hay mucho sexo (y el que hay, pues mñe, lo he leído mil veces mejor). Pero vamos, que yo lo puedo estar poniendo de vuelta y media pero estaba leyendo enganchadísima de la vida, como cuando ves algo que sabes que es una mierder pero es drogaína total y no puedes abandonarlo. Es que es un pisto estupendo: el padre, malo como la quina. Ella, un peón de todos separada de su amor verdadero. Él, un gilipollas tío duro e implacable que lo es porque el mundo su gran enemigo lo ha hecho así y que ha creado una fortaleza en torno a su corazón... Vamos, que lo tenía todo para que me gustara. ¿Que por qué no lo ha hecho? Pues básicamente por cómo está contado y por la parte final. Os detallo.


La narración ha sido uno de mis grandes problemas. Esa primera persona me ha desatado el tic del ojo en más de una ocasión, especialmente cuando era Francesca la que nos contaba lo que le pasaba por cuerpecito y mente. Que sí, que pobre ella, una persona pura en un mundo lleno de joputas y de malvados. Pero mira, esos vaivenes mentales, esa supuesta garra que tiene que tú no ves por ningún sitio, esos calentones xirrinales que surgen a las primeras de cambio hacia su secuestrador... Mñe. Y él mejora cuando la escritora decide mostrarnos que es un traumado de la vida disfrazado de gilipollas y no uno por completo (siento el uso del insulto pero es que estoy escribiendo on fire, jijiji), pero, hasta entonces, estar en su cabeza y querer sacar el rodillo de cocina para atizarle en ella es todo uno. Además, no he podido sentir el nacimiento de los sentimientos entre ellos, en ese aspecto el libro me parece carente por completo de emoción y sentimientos. Para colmo, el libro es muy narrativo, en plan "y fuimos a esto para hacer esto otro y luego él blabla y yo trocotró". Mñe. Muchas secuencias pedían diálogo a gritos y no tanta narración.


La parte final, esa en la que ya ves tú que tiene que empezar a arder Troya, es un bluff de mucho cuidado. ¿Me montas un pisto culebronesco de mil demonios para luego solventar las cosas de mala manera y, encima, contarlas a toro pasado?


Ha sido como empezar a ver El Padrino y que en la parte final se convierta en Peppa Pig. Tal vez vosotras lo cojáis y lo devoréis de una sentada encantadas de la vida, y ojalá os pase eso (¡no dejéis de contarme!), pero a mí me ha parecido una engañifa, ya que te presenta una historia de lo más retorcida e interesante para acabar de un modo casi vergüenzajenesco. Eso sí, no considero que haya sido un tiempo perdido ya que, salvo en esa parte final, incluso no gustándome la escritura ni el protagonista ni tantas otras cosas, no podía dejar de leer el dichoso libro, y eso es algo que valoro muchísimo. Y por eso es por lo que le damos en nuestro Gandymetro...

Wolfe, a mí me aúllas con respeto


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