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miércoles, 30 de septiembre de 2026

El partido más largo/The Long Game (Game Changers 6), Rachel Reid


Diez años. Eso es lo que llevan juntos Shane Hollander e Ilya Rozanov. El tiempo que llevan manteniendo su relación en secreto. Ante sus amigos, ante su familia… ante la liga. Si Shane quiere mantenerse en la cima de su carrera, lo que él e Ilya comparten debe seguir siendo un secreto. Quiere a Ilya, pero ¿y si hacerlo público lo arruina todo?
Ilya está harto de secretos. Shane se ha vuelto tan bueno ocultando sus sentimientos que, a veces, Ilya se pregunta si realmente existen. La cercanía, la intimidad, incluso el riesgo que supondría hacer pública su relación… Ilya lo quiere todo.
Es hora de que decidan qué es lo más importante: el hockey o el amor.
Es hora de tomar una decisión.


Pues ya está, ya llegó el momento de leer la continuación de la historia de amor entre Shane Hollander e Ilya Rozanov. Bueno, ahora lo que llega es el momento de que leáis mi opinión, aunque sabiendo el nivel de fangirlismo que me despiertan ambos esta reseña será una loa eterna a esta pareja y a la madre que los parió por haberlos creado.

El barrio entero pa ti, Rachel Reid

Tengo un problema con este libro (al igual que con Heated Rivalry) y es que no tengo medida con sus protagonistas: Shane y, sobre todo, Ilya son dos personajes que se engancharon a mi corazón desde el primer momento y me lo tienen cautivo los jodíos, de tal modo que cualquier cosa que lea sobre ellos tiene mis bragas dieces automáticamente. Sin embargo, debo reconocer que, incluso pensando que por algún lado nos la iba a clavar Rachel Reid, The Long Game ha sido una historia que no me esperaba. Cuando leo un "felices por ahora" (como es el final de Heated Rivalry) no me gusta seguir leyendo si hay continuación porque ya me veo el mierdeo al que la escritora va a someter a la pareja (ahí está Us, la segunda parte de Him de Sarina Bowen, haciéndome ojitos desde mi librería del Kindelito esperando a que me atreva con ella). Con The Long Game ni me lo planteé porque mi necesidad de Ilya y Shane es vital y, además, porque pensé que bastantes cosas externas tendrían que afrontar como pareja como para tocarnos el corazoncito con problemas gordos dentro de ella. ¡ERROR!

Rezad por mi alma

Error total porque ya no estamos ante los Ilya y Shane del libro anterior, que se trincaban alegremente cada vez que podían pero resguardaban su vida y su corazoncito (teóricamente). Aquí ya los tenemos enamorados y como pareja pero, salvo el cambio de equipo de Ilya, nada ha cambiado a su alrededor, siguen siendo dos jugadores profesionales en un mundo extremadamente homófobo, con todo lo que eso conlleva. Sí, Scott Hunter abrió el camino pero Ilya y Shane no son él (gracias a Dior) y no tienen las misma circunstancias vitales (Scott tiene como mil años y estos están en su prime deportivo). A eso hay que sumarle algo con lo que no contábamos el libro anterior: la vida personal de ambos y el modo de gestionar su relación amorosa. Y no lo va a llevar igual un joven canadiense criado en un entorno sanote que sufre de una ligera ansiedad y fobia social que un joven ruso cuya salida del armario le puede provocar el exilio definitivo de su país y que, además, carga con el peso de la muerte de su madre... y de sus malos pensamientos.

Idme enterrando ya

Como con el primer libro estábamos totalmente consumidos por la pasión de Ilya y Shane, solo pudimos ver destellos de cómo son los personajes. Aquí se profundiza más, especialmente en Ilya, que es el gran misterio de toda la serie. Y, ay, lo que a Ilya le ronda por la cabeza... El inocente de Shane ni se lo espera porque Ilya con él tira más al padentrismo y a ser la roca que lo sujete pero todas las nubes negras que Ilya tiene no se han ido al llegar el amor y es algo que acaba afectando. Como en todas las parejas, nada es perfecto y aquí, además, chocan el pánico de Shane a decir algo y que se conozca su relación con Ilya con las ganas de este de acabar con tanto secretismo y dejar de ocultarse. Os digo yo que la cabeza de Ilya tiene más lío que El jardín de las delicias de El Bosco.

Pero yo soy mucho más guapo que los del cuadro

Ya os digo que lo paso mal leyendo cómo les ocurren cosas malas a personajes que adoro y he sufrido leyendo determinadas secuencias (soy muy sentida, me pongo la mano en el lugar donde tendría el corazón y todo). En el plano externo a la pareja, hay cosas que ocurren que te ponen el corazón a tope (si habéis leído Role Model, sabréis que parte de este coincide en el tiempo con él y ocurren ciertas cosas que 😰), pero en el plano interno lo pasas peor porque ves que ambos se quieren (eso nunca se pone en duda) y a veces el amor puede no ser suficiente.

Soy incompatible con la vida

A eso se suma la falta de comunicación, que es algo que no soporto pero que aquí, sin justificarla, la puedes ver más entendible cuando ocurre y, jodía Reid, duele el doble, ya que conoces a ambos y solo quieres que les ocurran cosas buenas, pero ves que van por un camino que, en lugar de acercarles, les puede alejar.

Me mató la trama de este libro

Me acabo de dar cuenta de que estoy tan entusiasmada por contaros lo mal/bien que lo he pasado leyendo que ni os he situado en lo que ocurre. ¿Importa? Pues no mucho porque, si te gusta esta pareja, te pueden estar contando cómo se echan una partida de Risk, un Trivial, un parchís durante setecientas páginas y serías feliz solo por compartir ese rato con ellos. Pero bueno, os cuento que en The Long Game seguimos los inicios como pareja oficial de Ilya y Shane, cómo se van apañando con eso de vivir cerca, cómo lleva Ilya pasar de un equipo ganador como el de Boston a una puta mierda como el de Ottawa y cómo llevan ambos ser pareja y tener que seguir ocultándose (porque digamos que la liga de hockey muchas ganas de tener un nuevo Scott Hunter no tiene). Si esperas un libro sin conflicto, no lo leas. Si esperas un libro absolutamente maravilloso, lánzate a él.

Y si no te gusta, estoy muy dispuesta a debatir

Supongo que el libro tendrá sus defectos pero yo ahora ni los recuerdo. A ver, hay cosas que se tratan poco o quedan en segundo plano, como la salud mental de Ilya y cierta parte relacionada con el comisionado de la liga, pero siempre me ha parecido que Rachel Reid con estos dos no quiere hacer una narración pormenorizada de todo lo que les ocurre. Mientras que en otras historias hay un exceso de información, aquí, que sí que hay mucho que contar, Rachel elige centrarse en ciertas cosas y mostrar otras en pequeños destellos. Con Ilya y Shane menos es más en cuestión de su entorno, Rachel se centra en ambos y en su relación amorosa. Y dime a mí si eso, para una lectora de novela romántica, no es una absoluta gozada.

Ya me han resucitado

He adorado The Long Game. Es un libro que profundiza en Ilya y Shane como quisiera yo que profundizaran en mí y que les enfrenta al mayor de los enemigos que pueden tener: ellos mismos. Rachel Reid te pega un buen palo viendo cómo lo pasan mal por cosas que puede que sean irresolubles y también te hace de lo más feliz dándote momentos inolvidables entre ambos. Es un viaje que duele y que te llena de alegría por poder compartir la vida de dos personajes que quieres y vivir su relación que, a pesar de no ser perfecta, es maravillosa y nunca te parece suficiente.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Ilya y Shane, os quiero más que a mi familia


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martes, 22 de septiembre de 2026

Modelo a seguir/Role Model (Game Changers 5), Rachel Reid


Los golpes siguen llegando para Troy Barrett. Ser traspasado al peor equipo de la liga ya sería bastante malo, pero tras una ruptura sentimental complicada y un escándalo reciente... Troy solo quiere jugar al hockey y que le dejen en paz. Definitivamente, no quiere «trabajar en su presencia online» con el animado responsable de redes sociales del equipo.
Harris Drover se da cuenta de que el distante Troy no está contento con el traspaso, pero Harris no se rinde fácilmente con la gente. Ni siquiera cuando se enamora de alguien y está seguro de que es un amor no correspondido. Y cuando ve que la sonrisa de Troy finalmente se abre paso a través de su exterior gruñón... Ese es un hombre al que Harris no podría dar la espalda aunque quisiera.
De repente, el traslado de Troy al nuevo equipo se convierte en una oportunidad: para que Troy acepte su verdadero yo y para que ambos exploren su creciente atracción. Pero estar juntos a puerta cerrada es una cosa, y para Troy, tener una relación pública con Harris significará enfrentarse a sus miedos de una vez por todas.
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En el camino de reencontrarme con Ilya y Shane en esta serie (porque yo seguí leyendo para reencontrarme con mis jugadores favoritos #SorryNotSorry) he tenido de todo pero lo que no esperaba es toparme con un protagonista despreciable y con comportamientos homófobos. Y ese es el protagonista de este libro, Troy Barrett.


Pero en otro libro.


Quiero decir que ese comportamiento lo vemos en otro libro, no en este. No creo que recordéis (porque no lo recuerdo ni yo) que en mi reseña de El precio a pagar mencioné el acoso que Ryan Price sufrió en uno de los equipos en los que ha jugado por parte sobre todo de un jugador estrella llamado Dallas Kent y de su bff en el equipo, Troy Barrett. Pues aquí nos reencontramos con un Troy que, en una especie de justicia poética, ha sufrido las consecuencias de apoyar al malo de la película. En un incidente que, oh, sorpresa, se filtra a los medios, Troy estalla en contra de Kent acusándole de maltratador y eso no solo destroza su imagen pública sino también su estupendo contrato deportivo. Porque, oh, sorpresa again, tanto la mayoría de los aficionados como el propio equipo apoyan a Dallas frente a las acusaciones que algunas mujeres hacen contra él. Troy, compañero de juergas de Dallas, conoce cómo se comporta el hipoeputa su amigo y siempre ha mirado para otro lado pero todo tiene un límite y Troy ha llegado al suyo. Igual que su tiempo de compañero de Kent.

El dueño del equipo siendo amable con Troy

Total, que Troy acaba en el equipo de Ottawa, que va recogiendo lo nadie quiere para que tengan el privilegio de olerle el sudor y verle el nardo en el vestuario al inigualable Ilya Rozanov. Puedes pensar que con Ilya no tendrá los cataplines de meterse, pero el Troy que viene a este equipo está jodido, resentido con la vida y lo único que quiere es que le dejen en paz. Adaptarse a un nuevo equipo cuando este no hace nada más que perder y él juega como el culo es bastante desmoralizante y Troy quiere rebozarse en esa mierda, así que tener que lidiar con la eterna alegría de Harris Drover, el community manager del equipo, es más de lo que Barrett puede soportar. 

Troy y Harris

Harris es sunshine total, un amorozote alegre y achuchable al que todos adoran y que intenta, desde el primer momento, que Troy se sienta cómodo en su nuevo equipo y que los fanes puedan conocerle. Pero, ay, Harris, no está Troy para que le conozcan cuando ni él mismo quiere mirarse en el espejo. Troy se desprecia y se sabe despreciado por muchos jugadores y por los fanes, lo que le hace estar en una espiral de odio hacia sí mismo que se acrecienta cuando ve cómo Harris vive abiertamente su homosexualidad... mientras que él la esconde.

Troy escondía algo más que una gran 🐍 

Es un poco cliché con patas, el gay que oculta que lo es yéndose prácticamente al lado contrario, pero siendo deportista de élite... Bueno, ya sabéis cómo están las cosas con la homofobia y cada uno la lleva como quiere. Troy lo lleva fatal y se encuentra (sin evitar salir de ahí) en el lado que más daño le hace. El cambio a Ottawa le sirve para librarse del peso de tener que apoyar en todo a Dallas pero para darse al masoquismo absoluto y no ser feliz, como intentando pagar el hecho de haber sido amigo de un bicho. Vamos, que el chaval necesita una trabajo psicológico que ni los de Flores en el ático. Harris, que obviamente se siente atraído por el buenorraco de Troy, le deja en el ámbito platónico debido a su machorra heterosexualidad pero detecta en él la necesidad de un amigo y ahí estará para lo que necesite, una caja de sidra, un confidente, alguien a quien agarrarse cuando estés en peligro vital, un osito retozón al que darle lo suyo y lo de su prima...

Harris cuando ve lo que se lleva

Es, para mí, la relación sentimental más inesperada y adorable de toda la serie. Rachel Reid hace que desde un principio empaticemos con Troy, aun sin comprender los motivos que le llevan a comportarse como un joputa. Con la situación que tiene, una persona a su lado como Harris es más que ideal, ya que este, debido a cosillas de su vida, decide aprovechar esta al máximo y no fingir ser de otro modo. Abiertamente gay (trabajando en un equipo de hockey, never forget), es querido y respetado por todos, además de una persona divertida a cuyo lado todo parece mejor, algo que ilumina la oscura vida de Troy y le alegra la cola.

Troy tras conocer a Harris

Es un sexo, por cierto, lleno de humor, una de mis debilidades literarias. A base de cariño, risas y comprensión, Troy va descubriendo que no es tan malo como cree y de verdad merece ser feliz, tanto fuera del rink como en él, ya que llega a Ottawa jugando como el culo (lo que, por otro lado, le iguala al juego del equipo). Pero ningún equipo donde juegue Ilya Rozanov está destinado al fracaso...


Ay, Ilya, ¡el reino entero pa ti! Aquí roba medio libro, claro, pero, además, supone una ayuda para Troy. Ya sabéis que Ilya tiene un gaydar que si detectara bolas de dragón ya le habría hecho inmortal. Aquí, además, también detecta a una persona dañada y, sin que Troy se dé cuenta, este se encuentra confiando en él. Y ahí Rachel Reid, muy cuca, nos va dejando miguitas de curiosidad porque detectamos que algo pasa con Ilya, nos preocupamos, queremos saber... pero no sabremos hasta el libro siguiente.

Todas con Ilya en este libro

Role Model me ha gustado, aunque no me ha vuelto loca (salvo por las apariciones de Ilya, así soy). Con sus dos protagonistas totalmente opuestos, Rachel Reid narra una historia de amor y sanación sorprendente, bonita y dulce que queda muy bien integrada en la serie, sobre todo por el hecho de aparecer Rozanov en ella y de que ocurran determinados acontecimientos que obligan a lanzarse sobre The Long Game.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Troy, buenorrote, dale alegría al ci*ote


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miércoles, 10 de junio de 2026

Un mismo objetivo/Common Goal (Game Changers 4), Rachel Reid


El portero veterano Eric Bennett se ha enfrentado a algunos de los tiradores más duros sobre el hielo, pero nada le preparó para su último reto: la vida después del hockey. Es hora de hacer algunos cambios importantes, empezando por salir con hombres por primera vez.
El estudiante de posgrado Kyle Swift se mudó a Nueva York con el corazón roto. Había jurado encontrar a alguien de su edad de quien enamorarse. Hasta que conoce a un guapo y distinguido jugador de hockey de cabello plateado. A pesar de su intensa atracción física, Kyle no tiene intención de involucrarse emocionalmente. Le enseñará a Eric algunos trucos, se divertirán mutuamente y luego se marchará.
Eric está más que feliz de aprender todo lo que Kyle le enseñe. Y Kyle nunca esperó que su acuerdo de amigos con derecho a roce le dejara con ganas de más. El «felices para siempre» podría estar ante sus narices, pero no sucederá si son demasiado tercos para sincerarse sobre sus sentimientos.
Todo lo que quieren está a su alcance... Solo tienen que ser lo suficientemente valientes para agarrarlo.
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Seguimos con el maravilloso proceso de gayerización de la NHL que inició Rachel Reid con Game Changer. Y me remito a ese libro porque ahí está Scott Hunter ("¡contigo empezó todo!", que diría Piqué) y resulta que hay otro gay vigilándole la espalda...

¡El portero de su equipo!

Aunque le vigilará el culo por poco tiempo porque Eric Bennet está pensando en la retirada. Le da vértigo pero está dispuesto a afrontar ese gran cambio y, con él, dar un paso más: empezar a salir con hombres. Eric estuvo casado con una mujer pero poco a poco la relación se fue acabando y ahora, con toda la vida por delante y pocas cosas que hacer, Eric siente la necesidad de no ocultar más esa parte que siempre ha escondido. Obviamente, tener a Scott como compañero y amigo y ver lo feliz que es con su novio le hace plantearse muchas cosas. También, de nuevo gracias a Scott, frecuenta mucho el bar en el que siempre puedes encontrar al novio de este, Kip, y en el que trabaja como camarero Kyle Swift, amigo de Kip y que quisiera ser algo más...

Pues lo tienes bien jodido

Kyle oculta su corazón roto bajo un eterno flirteo con el guapo que se preste y, cuando conoce al maromazo de Eric, no puede evitar guiñarle el ojito por costumbre sabiendo que se lo hace a un maduro heterosexual, pero su gaydar no recibe las vibraciones que esperaba...

Eric creyendo que es sutil

Aquí el que tiene chicha interesante es Eric, que ha estado casado con una mujer y no por esconderse sino porque realmente se enamoró, es un reconocido deportista profesional, se siente viejuno y se encuentra en una etapa en la que el gayerismo está buscando rendijas por su cuerpo para escaparse. Encontrarse con Kyle, un chico majo, guapo, divertido y sin complicaciones es un soplo de aire fresco en su vida y una oportunidad que no puede dejar escapar. Todo resulta algo más fácil desde que Scott salió del armario por eso Eric encuentra la valentía de acercarse a Kyle, dejarse llevar por el flirteo para saber cómo es eso de estar con un hombre... y luego buscarse otro.


No seré yo la que critique las romance reasons de los libros pero aquí, donde se intenta tener cierta conexión con la realidad, me sorprende bastante que un hombre como Eric, con la cantidad de viajes que hace y la experiencia vital que tiene, necesite enseñanzas guarreriles de un chaval de su entorno no por darle gusto a su cola morena sino para aprender guarrerismos y buscarse luego otros hombres con los que practicarlos. WTF, hermoso? De todos modos, yo acojo esta trope en mis entretelas porque casi siempre me alegra la lectura (The Deal y Calle Dublín son unos maravillosos ejemplos) y, en ese sentido, Common Goal tampoco me ha decepcionado, he disfrutado muchísimo de las lecciones guarreriles entre Eric y Kyle. El sexo es hot, abundante y explícito (vi-va). Ellos se lo pasan bien y tú, estupendamente. Además, ambos me parecen encantadores (Eric especialmente) y ver cómo se relacionan y pasan del sexo al amor está bien, me parece que ocurre de modo bastante natural. Vamos, que esta pareja ha sido para mí todo lo que la del libro anterior no fue. Ya sé que todo es culpa de mis expectativas y, seamos sinceras, la sombra de Ilya y Shane es demasiado alargada para algunas de nosotras, pero con el otro no conecté en ningún momento y la pareja me pareció extremadamente forzada, igual que poco atrayente. Aquí me ha pasado justo lo contrario, los dos personajes me han parecido agradables, sus tonterías guarreriles me han encantado y su amor me lo he creído. 


Además, al ser Eric parte del equipo de Scott y pertenecer Kyle al entorno de Kip puedes disfrutar más plenamente del universo Game Changers, incluyendo una (muy innecesaria para la historia pero tremendamente necesaria para mí) aparición de Ilya Rozanov, sin el cual claramente ni Rachel Reid ni yo podemos vivir.

Tranquilas, hay para todas

Pero... Ay, este libro tiene un gran "pero" que me ha molestado mucho y que, si sois habituales por aquí, sabéis que no dejo pasar casi ninguna vez: la falta de comunicación. Ahí se reflejan las inseguridades de cada uno de los protagonistas y es cierto que les da profundidad pero, mira, entre personas adultas no creo yo que cueste tanto sentarse a comentar lo que sientes y no que cada uno, allá en la soledad de su cabecita, se dedique a pensar lo que cree que piensa el otro y actúe en base a ese pensamiento inventado. Eso de "yo sé mejor que tú lo que te conviene y eso no soy yo".

Una mierda pa ti

En adolescentes o adultos a medio cocer lo puedes creer pero en Eric, que peina canas en los cataplines, me lo trago malamente las dos primeras veces y mucho peor las chorrocientas que vienen después. En fin, que por algún lado había que quebrar la felicidad y Rachel Reid tiró por un camino que yo no aguanto. Obviamente en romántica no hay ruptura que cien años dure pero sí se puede llevar algún Gandy por el camino.

Common Goal es un libro entretenido, divertido, muy sexi y con su punto emotivo que me ha hecho pasar unos ratos estupendos y al que estropea el reiterado uso de la falta de comunicación de la pareja (aunque no lo suficiente como para empañarme una lectura que, sorprendentemente, me ha gustado mucho más de lo que esperaba).

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

3'5. Eric te para los goles con la boa


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jueves, 21 de mayo de 2026

En su propia liga, Liz Tomforde


Como primera mujer propietaria de un equipo de las Grandes Ligas de Béisbol, Reese Remington ha dedicado toda su vida a prepararse para este papel. Con una mente aguda y años de experiencia trabajando entre bastidores, está más que cualificada. Pero el público solo ve a una mujer en un mundo de hombres, no a la persona que se ha ganado un lugar en el campo. Bajo el escrutinio constante y la presión de demostrar su valía, Reese no puede permitirse distracciones. Especialmente una que viene en forma del tentador mánager del equipo, que cuestiona cada una de sus decisiones.
Emmett Montgomery es un exjugador estrella convertido en entrenador que trata a sus jugadores como si fueran su familia y el campo como su hogar. Después de años dirigiendo el equipo a "su" manera, lo último que quiere es una nueva jefa, y mucho menos una que parece fría como el hielo y centrada exclusivamente en los negocios. Pero, cuando se ven obligados a pasar largas horas y demasiados partidos fuera de casa codo con codo, empieza a ver el fuego que se esconde bajo el control de Reese, el corazón que hay detrás de su ambición y su inquebrantable determinación por demostrar su valía.
Cuando las acaloradas bromas se convierten en una química ardiente, los límites profesionales se difuminan y la chispa entre ellos se vuelve imposible de resistir. Pero Reese recuerda constantemente cuánta gente está esperando que fracase, y lo más seguro es mantener a Emmett a distancia, por el bien del equipo, la temporada y su carrera. Sin embargo, mantener la distancia es un juego que ninguno de los dos parece poder ganar...
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[Antes de empezar debo deciros, por si sois nuevas por aquí o no lo recordáis, que soy fan total de Tenías que ser tú de SEP, es una de mis novelas favoritas y la sombra de Phoebe Somerville y Dan Calebow es muy alargada...]

Este libro claramente Liz Tomforde no lo tenía planeado pero poco a poco se fue formando, creciendo y tomando vida, al igual que el culazo que me ha salido. Desde que le conocimos en Perdiendo el control, el tercer libro de la serie Windy City, Emmett Montgomery nos ha sulibeyado los perjúmenes robando secuencias en ese libro y en el siguiente, Siguiendo el juego, los dos centrados en los hermanos Rhodes y los Windy City Warriors, el equipo de béisbol en el que juegan y del que Emmett es entrenador. Sale poco pero lo que vas viendo y conociendo de él te retrata un hombre maravillosísimo que hace que te vayas enamorando de él incluso aunque sea un secundario muy secundario (ay, eso de que cambiara por completo su vida para criar a una hija que no era suya... ¡Mis bragas pa ti!). Vamos, que es el típico personaje al que quieres que la autora le escriba una historia de amor secundaria en algún libro porque tremendo maromazo tiene derecho a mojar el churro y nosotras tenemos derecho a leerlo. Y hete aquí que, cuando al final de Siguiendo el juego conocemos a Reese Remington, la nueva propietaria del equipo, a lo que parecía algo secundario se le pone una cara de novela completa que no veas.


Y a ver quién soy yo para oponerme a los deseos de una escritora de hacer un libro enterito sobre un entrenador maravilloso y de vuelta de todo y una rubísima y guapísima nueva dueña del equipo...

Phoebe y Dan, ¡salid de mi cabeza!

Esto es lo que hay, queridas, me es muy difícil leer estas cosas sin acordarme de ellos. Pero vamos, que eso no ha entorpecido esta lectura, que en romántica argumentos y arquetipos se repiten más que el ajo (y yo las acojo en mis entretelas si me gustan). Retomemos reseña, que estábamos con Monty, Emmett o papichulo, como quieras llamarlo, retorciendo morro ante el cambio de dueño del equipo al que considera su familia. Ya sabéis que las cosas deportivas por allí no se parecen a las de aquí. Allí el equipo es tuyo y haces y deshaces como te dé la gana, incluso llevándotelo a otra ciudad si te conviene más (no estoy segura de eso pero tampoco lo voy a comprobar, llamadme perezosa). El anterior dueño era el abuelo de Reese y ella, como heredera, se ha formado toda su vida para coger el equipo. No encontrarás a nadie con más preparación que Reese para el puesto pero hay una cosa que le falta y cuya ausencia la hace, para muchos, inepta para el puesto.

Unos tremendos co*onazos

Efectivamente, ya sabéis que tener los huevos del caballo de Espartero te hace automáticamente idóneo para cualquier cosa relacionada con deporte... Monty no está a favor de que Reese llegue e interfiera en su trabajo pero no por ser mujer sino por intentar manejar las cosas de un modo distinto. Hay ahí un choque de voluntades que los hace automáticamente enemigos pero que, en cuanto Monty ve el trato que Reese recibe por ser mujer, queda en un segundo plano porque no va a consentir ese machismo delante de su bella cara. Ojo cuidao que Monty es tan estupendo que ayuda a Reese pero no se comporta como caballero andante, ella libra sus batallas hasta que necesita ayuda y ahí ya entra Monty akdjfklafhdlkjs. En fin, que ya sabéis que en esta serie los maromos son pura fantasía y son feministas a tope sin que por ello no sean capaces de atarte a la pata de la cama mientras se dan golpes en el pechote y te reclaman como suya, grrrrrrr. En fin, todo esto para decir que es un enemies to lovers que no es enemies para nada, estos se quieren trincar desde el principio. Obviamente, la relación entre ambos sí que es complicada, ya que Reese es la jefa de Emmett y, además, luchando contra el machismo de su trabajo, imaginad lo bien que quedaría para la opinión pública que la dueña bombonsito del equipo se refocilara los bajos con el maromazo del entrenador, igual que sería horrible que se creyera que Emmett se trica a Reese para asegurarse el trabajo. Ambos saben lo que no tienen que hacer... y no hacen nada por evitar hacerlo.

Los bajos tienen razones que la razón no entiende

¡Doy las gracias a la romántica por crear personajes que hacen justo lo contrario de lo que deben hacer para que yo goce su lectura! La dinámica entre ambos es fantástica, sobre todo cuando comienzan a derribar las barreras de la supuesta enemistad que tienen y pueden tener una relación de esas que disfruto especialmente, con humor y tensión sexual cada vez más creciente pero sin comportarse como críos. Ambos son adultos y como tales se comportan. Yo diría incluso que tanto Reese como Emmett son iguales cuando empiezan el libro y cuando terminan porque ya eran unas personas formadas y maravillosas. El amor no les cambia pero sí les completa y les hace mejores aún. 

Son la realeza de Windy City

Todo happy en el yupilandia que ha creado la Tomforde. Como casi todos los libros de la serie Windy City, En su propia liga también es un libro de dramitas ausentes, el machismo que sufre Reese y poco más. Ni siquiera se explota la rivalidad entre Monty y ella, que podría haber dado más profundidad al libro. Salvo cierta cosa al final que te mantiene alerta, no hay nada oculto, todo se gestiona a las claras, lo que es estupendo pero hace la lectura previsible y poco emocionante. Pero, si te ha gustado Windy City, esta historia también te gustará, es como echarte por encima esa mantita calentita que tanto adoras y coger tu libro favorito para pasar una fría tarde de invierno. No te provoca emociones sin fin ni te deja sin aliento pero te hace pasar un rato estupendo. Y, oye, si además puedes ver a un personaje de más de cuarenta años siendo un tipo sexy y con la cola perfectamente funcional, yo no le puedo poner pega alguna.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Monty, you can monty me


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miércoles, 13 de mayo de 2026

El precio a pagar/Tough Guy (Game Changers 3), Rachel Reid


La estrella del hockey profesional Ryan Price puede ser un jugador agresivo, pero fuera del hielo lucha contra la ansiedad. Recientemente traspasado a Toronto, está decidido a empezar de cero en el dinámico barrio LGBTQ+ de la ciudad. Lo último que espera encontrar en su nuevo vecindario es un recuerdo de su pasado en la fabulosa forma de Fabian Salah.
Fabian, aspirante a músico, detesta el hockey. Pero eso no le impide sentirse atraído por un defensa de barba pelirroja. No ha olvidado el beso que casi se dieron en el instituto, y la química entre ellos no ha hecho más que intensificarse.
Fabian está más que feliz de ser el guía de Ryan en la escena gay de Toronto. Entre discotecas y exposiciones de arte, y el sexo más increíble, Ryan siente algo que no había experimentado en mucho tiempo: alegría. Pero desempeñar el papel de peso pesado en el hielo ha pasado factura a su cuerpo y a su mente, y un futuro con Fabian puede significar colgar los patines para siempre.
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Bajo los efectos febriles de haber leído Heated Rivalry me lancé sobre el resto de libros de la serie porque, obviamente, tenía que leer The Long Game (la continuación de la historia entre Ilya y Shane). De paso, tampoco estaba mal ampliar mi repertorio de sporty melofós, que ya sabéis que son de mis maromos literarios favoritos. Pues nada, tendré que esperar a otro libro porque de este no me llevo nada más que un chasco.

Ojo lo que he disfrutado

Ryan Price colecciona equipos de hockey en los que ha jugado como yo colecciono ex maromiales. ¡Incluso ha sido compañero de nuestro adorado Ilya! Pero cada dos por tres lo traspasan. No es un estrellón pero es un jugador solvente que no deja a nadie indiferente, entre su físico de tiarrón enorme que te da una hostia y te viste de torero y su posición como defensa del que se espera casi exclusivamente eso, que se líe a dar hostias. El público vibra cuando Ryan reparte estopa pero lo que la gente no sabe es que el mozo no adora el hockey precisamente, tiene a la ansiedad como eterna compañera y, además, no oculta entre sus compañeros que es gay, lo que le hace objeto de acoso, incluso de estrellas de su mismo deporte como Dallas Kent o Troy Barrett. Traspasado de nuevo, esta vez a los Toronto Guardians, decide intentar relajarse un poco, se va a vivir al barrio queer de la ciudad... y se encuentra con su crush adolescente.

Ryan mirando a Fabian

Fabian Salah se cae de culo cuando ve entrar a Ryan en su trabajo. El jugador ya no es ese chaval tímido que su familia alojó en casa pero sigue despertando en él las ganas de rechupetearle hasta el DNI. Cuando era adolescente, Fabian pensó por un momento que podría haber algo entre ambos pero cómo iba a estar ese tochaco de hombre a fijarse en él, un chico gay poquita cosa que pasaba desapercibido. Ahora, Fabian no se esconde y no oculta su gusto por lo distinto, por llamar la atención, por el encaje, el eyeliner y el joyerío (las haggards no podemos objetar nada a su gusto) pero lo pone al servicio de su arte, ya que es compositor y cantante.


Y, por lo visto, Fabian también hace llorar a los ángeles cuando canta pero no por lo mismo motivo que Leonardo Dantés. Fabian ha recorrido mucho desde que era un chaval y su familia alojaba jóvenes jugadores de hockey y no va a dar un paso atrás ante Ryan. Él es como es y, además, odia el hockey, así que Ryan, jugador y heteruzo, es veneno puro. Pero, ay, cuando Ryan le cuenta que de hetero no tiene nada...

Dos tazas de Ryan para Fabian

Pues yo me moriré de muchos venenos pero del de este libro, no, porque no me ha gustado. Obviamente (al menos para mí) después de la historia de Ilya y Shane ni Henry Cavill dejando que le toque los abdominales me iba a dar tanta satisfacción pero tampoco pido yo mucho, con que este fuera cuqui me bastaba. Ryan Price, tan grandullón pero tan tierno y traumatizado, ha hecho su parte, pero Fabian... Ay, Fabian, qué insoportable eres.


Nada, que no me ha entrado de ningún modo este hombre, me ha parecido un egoísta que no está dispuesto a moverse lo más mínimo por Ryan, mientras que este cambia todo por amor. Entiendo que Fabian arrastra su pasado y le ha costado mucho llegar donde está pero no he llegado a empatizar con él en ningún momento, no he entendido el trato que le da a Ryan, que es un amor de hombre que necesita un achuchón y que le quieran mucho y no un egocéntrico al que hacer feliz a base de eterna atención y de tres toneladas de perlas de Majorica. La pareja me ha parecido muy descompensada y, sintiéndolo mucho, no me he creído nada de su historia de amor. Era todo tan extraño, tan ortopédico... Nada, que no he conectado y no he remontado la lectura. Bueno, miento, en el epílogo sí he disfrutado como cochina en charco, pero porque Fabian carece de importancia y hay otros que se llevan la atención, jijiji.

Y Rachel Reid no escribe mal precisamente, no es problema de calidad de escritura, es problema de calidad del protagonista, que no hay Dior que lo aguante. Así que, como Tough Guy no me ha gustado pero Ryan Price, sí, le doy en nuestro Gandymetro...

Besotes para el maromo grandote


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jueves, 9 de abril de 2026

Volviendo a empezar (Windy Ciy 5), Liz Tomforde


HALLIE
A los once años, mi familia se mudó al lado de la suya.
A los trece, fue mi primer amor.
A los dieciséis, nos enamoramos el uno del otro.
Y a los diecinueve, nos rompimos mutuamente el corazón.
Seis años después, he conseguido unas prácticas con un famoso diseñador de interiores en otra ciudad. Por desgracia, la misma en la que él juega al hockey.
Pensaba que Chicago era lo suficientemente grande como para evitarlo, hasta que me llevo la sorpresa de mi vida y, sin saberlo, me mudo justo a la puerta de al lado. ¿Lo peor? El proyecto de reforma que me han asignado, con el que espero convertir esas prácticas en el trabajo a tiempo completo de mis sueños… es su casa.
Pero ¿cómo se supone que voy a transformar su nidito de soltero en un hogar familiar cuando ni siquiera soportamos estar en la misma habitación?
Puede que una vez amara a Rio DeLuca, pero ya no soy esa chica.

RIO
Nunca pensé que sería el último soltero de mi grupo de amigos. Pero tras años intentando encontrar el amor, he llegado a la conclusión de que quizá ya no exista para mí.
Eso hasta que, sin querer, contrato a Hallie Hart para que reforme mi casa y nuestra vieja historia me hace evocar recuerdos que he mantenido en secreto durante años.
A ver, hay algo que mis amigos no saben.
Esa conexión que perseguía desde que me mudé a Chicago, esa persona a la que algunos buscan durante toda la vida... Yo ya la había encontrado a los doce años.
Y, ahora, la única chica a la que he amado se muda a la casa de al lado.
Otra vez.
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No os exagero si os digo que tengo esta entrada abierta en Blogger desde San Fermín de 2025 y que, a fecha de hoy, solo tiene la sinopsis y los Gandys. Pero, como ya os dije en el estado de la nación haggardiana, tengo un fabuloso cuadernito del Pepco de 50 centimillos donde me dediqué a escribir alguna reseña suelta antes de que se me vaciara el cerebro y doy gracias porque una de esas reseñas sea esta porque no me he disfrutado yo esta serie entera de la Tomforde para dejarme al maromo más adorafollable sin reseñar.


Así que, Rio, hermoso, ha llegado tu momento. Despido esta serie que me ha dado más alegrías que zamparme una bolsa entera de Twix minis con penilla pero también contenta porque no le puedo poner pega alguna. 

[Inciso: cuando escribí esto aún no sabía que iba a haber una novela más relacionada con el universo Windy City -que, por cierto, acabo de terminar de leer]

Sabéis que los sporty melofós son de mis maromos favoritos (algún día deberíamos hablar sobre los tipos de maromos románticos que más nos gustan...) y Liz Tomforde ha logrado modernizarlos y hacerlos tan sexis como los de SEP pero sin ese cierto aire machistoideviejuno que se les puede achacar a mi Dan Calebow y sus compañeros, con lo que resultan más accesibles y agradables a las lectoras, que ahora valoramos mucho un maromo que nade en la piscina del feminismo (pero nos trinque igualmente). Y en esa piscina feminista Rio DeLuca nada mejor que nadie.

Soy el rey del feminismo

Rio ha sido el confidente de todas las mujeres de esta serie, además de aportar estupendos momentos cómicos. Pensarás tú que, como buenorro que es, se le tirarán las chicas encima. ¡Error! Bueno, chicas no le faltan pero él no quiere eso, ¡él lo que quiere es el amor eterno y maravilloso que todos los de su alrededor tienen! Todos van cayendo como fichas de dominó y él, a comerse los mocos. ¿Por qué, oh, dioses de la romántica, no puede encontrar él a la mujer de su vida? Pues porque ya la encontraste, Rio. Y la perdiste.


Hallie Hart permanece arrinconada en la memoria y el corazón de Rio, básicamente porque la quiso mucho y el dolor que ella le causó fue proporcional al amor que le tuvo. Pero en la romántica no te vuelve el dolor de rodilla cuando parece que va a llover, te vuelve el amor de tu vida literalmente a la puerta, porque Hallie se va a convertir (de nuevo) en la vecina de Rio. Para Hallie la vida cambió totalmente cuando sus padres se mudaron y conoció a un adolescente Rio, que era patoso hasta en el deporte en el que luego triunfó. Aunque Rio se hizo amigo de su hermano, con Hallie hubo una conexión intantánea que les hizo amigos especiales.

Amigos de esta clase

Pero Hallie ya no es una niña enamoriscada y, si bien entiende por qué Rio no quiere saber nada de ella, también sabe que él no conoce toda la verdad sobre lo que destrozó sus familias y el amor e ilusiones que ambos tenían. ¿Queréis saber qué ocurrió? ¡Pues, colegas, tenemos que rebobinar!

Si hacías esto, eres más vieja que el hilo negro

Rebobinar en su historia a través de capítulos del pasado en los que podemos disfrutar de la dulzura de su amistad primero, de cómo se van enamorando después, de cómo se les van despertando los fuegos internos guarreriles y de cómo se va todo a la mierda. Rebobinar aquí cobra un sentido especial ya que Hallie tenía una costumbre que me ha llegado especialmente al corazón y es que cada año hacía una recopilación de canciones donde cada una de ellas le recordaba un momento especial de ese año. Si sois como yo de viejunas especiales, sabréis lo que es poner una cinta de casete canción y volver a tener diecisiete años.

Mentalmente, que físicamente estoy así

Los libros de Liz Tomforde se han convertido en comfort reads para mí, los espero como agua de mayo. No son libros de grandes conflictos entre los personajes (les basta con sus traumitas propios) y todos viven en una especie de mundo happy flower donde no hay hueco para racismo/machismo/mierdas varias de la vida y eso hace que no sean profundos ni de esos que te van a cambiar la vida pero sí te dan un ratito feliz mientras lees. Y este me ha dado un ratito muy feliz, la verdad. Venía a esta historia con ese puntito de miedo que da adorar a un personaje en los libros previos y tener miedo de que precisamente en su historia la autora la cagara. Pero para nada, este libro mantiene la tónica de los anteriores, es una pequeña balsa de felicidad lectora. Claro que hay conflictos (de hecho aquí el lío principal viene por algo que suelo odiar, la falta de comunicación entre los personajes) pero no es algo que te haga querer tirar el Kindelito por la ventana o coger un megáfono para gritar cuatro cosas malsonantes. Sufres lo justito porque la Tomforde no te tira a la charca de la desesperación y disfrutas del camino porque sabes que esto acabará bien. ¡Ay, qué placer es leer romántica! Y más si es con un maromo como Rio, que es un rayito de sol que te ilumina el día.

Volviendo a empezar ha sido un estupendo colofón para esta serie. Es un libro ligero, divertido, sexy y más emotivo de lo que yo esperaba pero igualmente disfrutable, por lo que le doy en nuestro Gandymetro...

Rio, tócame la doble pletina


COMPARTIR ES EL MEJOR CAMINO PARA QUE UN MAROMAZO LLAME A TU PUERTA
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