[Libro no publicado en español]
Grayson Rhodes, hijo de un duque, es un rebelde que ha dejado el sofocante mundo de la clase alta de Londres para buscar su propia fortuna. Así, aprovechó la oportunidad de trabajar en la tierra de Abbie Westland y, desde el primer momento en el que vio a Abbie, decidió utilizar sus brazos para trabajar en la granja durante el día y calmarla durante las noches con su fuerte abrazo.
Abbie, con su fuerte determinación, era distinta a las bellezas frágiles que había conocido en casa. En ella, Grayson encontró una pasión honesta que nunca antes había experimentado. Pero... ¿podría su creciente amor sobrevivir al sorprendente recuerdo del pasado que regresa para perseguirles?
Todas tenemos unas cuantas escritoras que nos gustan tanto que leemos todo lo que escriban, aunque sean las instrucciones de uso del champú. Para mí, Lorraine Heath es una de ellas. Adoro su escritura, esa capacidad que tiene de elegir las palabras justas, unirlas en la frase perfecta y soltarte el pinchacito de la emoción en el momento más inesperado (incluso en el folletil, si es necesario). Claro, eso no significa que todo lo que escriba me guste o que croquetee con todas sus historias. Esta, por ejemplo, tenía todo para que me encandilara nivel "he visto el culo del Gandy": sinvergüenzas enagüiles ingleses, el Oeste tras la Guerra de Secesión, historia de estrujarte el corazón... Y, sin embargo, me he quedado un poco 🙄 tras leerlo. La trilogía de los Rogues in Texas nos narra la vida de tres English sinvergüenzas enagüiles que, sin oficio ni beneficio en su tierra, fueron enviados por sus padres a Texas para que se espabilaran y labraran su propio futuro. Así, Grayson Rhodes acaba en Fortune recogiendo algodón para una viuda, Abbie Westland. Ese pueblo, al igual que muchos, se quedó casi sin hombres al irse estos a luchar con la Confederación, así que decidieron pedir refuerzos maromiales para que ayudaran en las tareas del campo. Obviamente, nuestros tres ingleses lo más duro que han recogido ha sido una flor del seto tras el que se llevaban a las mozas para el trasiego bajeril.
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| Lo nuestro es la poda del matojo del placer |
Abbie desconfía de Grayson porque no ve que pueda serle de ayuda, con ese acento y esas manos que no han conocido más trabajo que el de sujetar tetas y copas, pero Grayson esconde boa más de lo que Abbie cree, esto es, una tristeza enorme por ser el hijo bastardo de un duque y no haber sido querido nunca, y unas tremendas ganas de lograr algo por sí mismo para demostrarle a su padre que es un maromo de valía. Ella también esconde, ya que su matrimonio no fue por amor y no sabe lo que es sentir pasión. Total, que os podéis imaginar cómo va el libro, ya que el roce hace el cariño y eso de que Grayson viva en el granero de Abbie (no es una metáfora guarreril... al principio 🤭) hace que vayan descubriéndose, acercándose y...
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| Sacándose brillo |
En sus novelas del Oeste que he leído, Lorraine Heath suele ser una narradora pausada, dotando a las historias de su tiempo necesario para que se vayan desarrollando como debe ser. Aquí nos encontramos con algo similar, ya que, aunque Grayson es un palote de libro, Abbie es una viuda con tres hijos que está cerrada al mundo, así que no puedes esperar que se levante las enaguas a las primeras de cambio. Lo que pasa es que no todo el libro es así, ya que hay dos partes claramente diferenciadas. En la primera, el libro es sencillo y pausado, centrado sobre todo en la relación entre Abbie y Grayson y en el cambio de actitud de este con respecto a Texas. Ahí yo estaba leyendo muy cómodamente, la verdad, aunque encontraba que faltaba algo de chicha. Pues resulta que la chicha se la guarda la Heath para la segunda parte, donde se acumula tal cantidad de acontecimientos que la lectura se vuelve menos agradable. Ya sé que el drama es maravilloso pero, Lorraine, hija, te metes en unos jaleos... Hay cosas en las que se enreda ella sola y que, pudiendo solucionar de un modo más sencillo y directo, las alarga innecesariamente. No es que sea un petardo de libro pero, con un par de cosas que añadieran drama y que estuvieran bien distribuidas, habríamos tenido una bonita historia de amor made in Lorraine Heath y no un libro descompensado, con un simple romance al principio y un drama al final.
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| Cuando la Heath no nos hace felices |
De todos modos, el libro es bonito y muy curioso. Me ha encantado eso de mezclar maromos recién salidos de los bailes londinenses con la dura vida del Sur de los Estados Unidos tras la Guerra de Secesión. La historia de amor es sencilla y pequeñita, más centrada en los protagonistas y su proceso de toma de confianza y enamoramiento que en los que les rodea (además, la Heath no nos entierra en descripciones eternas, para eso sí va rapidito la jodía). Hay niños pero son tipo Heath, encantadores y poco molestos. Además, Kit y Harry, los amigos de Grayson, despiertan tu interés, ya que se entrevé que ellos no han estado rascándose las joyas mientras que su compañero se enamoraba, con lo que habrá que leer sus historias (a Harry le tengo yo echado el ojo, por no poderle echar otra cosa...).
En definitiva, que A Rogue in Texas es un libro curioso. Sencillo y entretenido, está bien escrito y nos da una bonita y emotiva historia de amor que se ve perjudicada por la irregularidad del conjunto. y, sobre todo, por esa parte final con tanto acontecimiento tan concentrado y enrevesado. Lorraine Heath lo sabe hacer mejor y justo por eso, este libro es algo decepcionante, aunque no por ello una mala lectura.
Por todo esto, le damos en nuestro Gandymetro...
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| 3'5. Grayson, entre algodón y algodón, te daba un revolcón |