La ciudad de Londres, a comienzos de la era victoriana, es escenario de una encarnizada lucha contra el crimen, que no respeta clases sociales. Desde la muerte de su hermano menor, lady Sophia Sydney tiene un solo objetivo: seducir al juez que lo envió a prisión, y destruirlo política y personalmente. Ross Canon es el magistrado más poderoso de Londres, y su reputación es inmaculada. Conocido como el Monje de Bow Street por el celibato en que vive desde que murió su esposa, desde el primer momento parece una persona muy diferente a la que esperaba Sophia.
Qué racha llevo, queridas haggards. Tras leer esa oda a la erección llamada Una pasión indomable, me prometí a mí misma, cual Scarlett O'Hara junto al árbol reseco de Tara, que hacía huelga de penes enhiestos, pezones duros y pliegues húmedos.
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| ...que pasaré hambre de trocotró cansino! |
En la estantería tengo un clásico, Mi prima Rachel, esperándome, pero no contaba yo con que en mi ciudad estaría la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión justo para cuando terminara la novela de Penelope Williamson. Así que me fui con mi cartera repleta de billetes (eso de que no se pueda pagar con la Visa Oro me parece fatal) y a la búsqueda del Santo Grial. Me vine cargada con un libro de Robin Schone y cuatro de Lisa Kleypas, uno de ellos el tan cacareado y famoso El amante de lady Sophia. La emoción me inundaba y rauda y veloz me puse con toda la ilusión del mundo con ella. Abro la primera página y se me cae el mundo al suelo:
"Hacía tiempo que no se acostaba con una mujer. A sir Ross Cannon no se le ocurrió otro motivo que explicase su reacción ante Sophia Sydney; era una sensación tan poderosa que se vio forzado a sentarse detrás del escritorio para esconder su repentina e incontrolable ERECCIÓN."
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| No, otra vez no, por Dios Santo |
La primera en la frente. Y no, no me vale como excusa la frase inicial porque, según el argumento, y el propio libro lo corrobora, al protagonista, Ross Cannon, se le conoce como "el monje de Bow Street" porque es casi un célibe desde que quedó viudo. Vale, sí, no es de piedra, pero coñio, ese instalust me parece un poco disparate. Ojo, más adelante me tropiezo con esto otro:
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| Al rico bacalao salao |
"Y luego..." Y LUEGO ME PEGO UN TIRO. ¡La madre que parió a Panete! Ahora que ella, Sophia Sydney, tampoco le va a la zaga. Llega allí, a Bow Street, toda digna y llena de deseos de venganza, ve al señor Cannon y se le inundan los bajos. ¿Pero qué coñ...? ¡Ésta es la peor Lisa Kleypas, la que me dio el disgustazo de La antigua magia! ¡El Club del Porro en todo lo suyo!
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| La policía saliendo de casa de la Kleypas |
¿Y qué es eso de El amante de lady Sophia? Llamémosle Vlad, el empalador de lady Sophia, porque está todo el rato empalando o con ganas de ello. Es otro caso de priapismo como el de Tyler Savitch, aunque aquí se satisface el deseo pero bien, hasta el punto de que Sophia queda con los labios agrietados de tanto besarse (WTF) y toda dolorida tras echar tres seguidos la misma noche.
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| ¡Macacos! |
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| Me abuuuuuuuurroooooo... |
Es verdad que muchas de las novelas de la Kleypas empiezan con un subidón (a veces literal) de enaguas, pero porque pega. Aquí no. Definitivamente no. Se vuelve a precipitar como en La antigua magia, no deja que la cosa se cueza a fuego lento: la venganza, la atracción de Ross por Sophia y la de ella por él... Es un auténtico "aquí te pillo, aquí te mato" que contradice lo que una espera de estos personajes. Un Derek Craven te preña directamente con la mirada, que a eso se dedica, porque es un barriobajero que ha ascendido socialmente y lo suyo es acostarse con señoras de alto copete; pero el "monje de Bow Street" no se supone que sea así. Tuvo un matrimonio feliz con una delicada flor que se rompía con mirarla y de repente va clavando su estaca a Sophia como si no hubiera mañana.
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| ¡Métemela hasta el fondo! |
La novela sirve para dejar la puerta abierta a la tercera entrega, que estará protagonizada por alguien que parece prometer, pero me da a mí que se convertirá en otra decepción si la leo, así que mejor la dejo en adobo hasta que se me pase el cabreo.
Y ahora viene mi pregunta, totalmente seria y que tengo que poner encima de la mesa de una vez por todas: ¿Qué hace que una novela sea catalogada como erótica? No será la cantidad de sexo que hay, porque El tutor me la vendieron como tal y nada de nada, mientras que aquí ha sido el hartazón, el perder la cuenta de cuántos echan y las veces que se están metiendo más que mano. Sin embargo, está dentro de la romántica. Pues no entiendo nada. ¿Alguien en la sala me lo explica?
Por todo esto, recibe en nuestro Gandymetro...
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| ¡Buscaos un hotel, petardos! |













































