 |
| Yo soy más de dar acceso libre a lo que hay delante |
Colin Sandhurst, lord Payne, es un vizconde de boa alegre y vicio fácil cuya mala cabeza le ha hecho ser la insoportable carga de su primo Bram (el protagonista del libro anterior). Unido obligatoriamente a la milicia que reside en Cala Espinada, Colin se entretiene como buenamente puede esperando a cumplir los años y, por fin, poder manejar su herencia y regresar a Londres a desperdiciarla disponer de ella a su antojo. Y es que en ese tranquilo lugar no hay nada más que mujeres que o bien quieren cazarle o bien le tienen manía, como Minerva Highwood, una chica normal que vive casi despreciada por su madre por ser una raruna que lleva gafas y a la que únicamente interesan las piedras.
 |
| Yo también soy de pedruscos, sobre todo si brillan |
No esos pedruscos precisamente, ya que el sueño de Minerva es ser una geóloga reconocida y, para ello, tiene puestas sus esperanzas en un congreso geológico de Edimburgo, al que quiere asistir para aportar un descubrimiento. Pero a ver, decidme a mí cómo sale una de Cala Espinada sin que la agarre la milicia del pelo en menos que yo cambio de maromo. ¡Y encima tener que viajar sola! Claro, que teniendo en cuenta que debe ir a Escocia y que hay cierto maromo cercano con muchas ganas de salir del pueblecito... ¿Por qué no fingir que huyen juntos para casarse rapidito en las Scottish tierras y salir ganando ambos? ¡Y, oye, si de paso aprendemos a darle uso a tu hipotenusa y mi rombo, pues eso que nos llevamos!
 |
| Kim, calentando para que Colin le dé clases de matemáticas |
De verdad, el buen rato que me ha hecho pasar este libro merece hasta el último céntimo que me costó (que fueron pocos #VivanLasGangasDeSegundaMano). ¡Alabado sea el Dior de los Duques Empalotizados que No pueden Mantener sus Promesas ni sus Boas Quietas! Arrastraba tal chasco con el libro anterior que cogí éste con más miedo que vergüenza y puede que fuera eso, que venía de sufrir El señor de la medianoche, que mi cuerpo pedía unas enaguas ligeritas de drama pero cargadas de guarrerismo, que la noche me confunde, vete a saber qué, el caso es que leer Siete días de locura me vino perfecto para no hacer un homenaje a Ross y a Rachel y tomarme un respiro con la romántica (sí, unas tienen crisis estéticas y yo, lectoras). Me lo he pasado genial leyendo este libro, de eso que lo lees despacito para que no se termine. La historia de Minerva y Colin es una road movie enagüil, pasan siete días (que parecen más) en la carretera con la disparatada meta de llegar a Edimburgo. Por el camino les pasa de todo y en los momentos de descanso nocturno, también, porque Colin tiene que dormir con una mujer sí o sí y Minerva no ha conocido varón pero, como científica que es, no rechaza ninguna oportunidad que se le presente de ampliar sus conocimientos. ¡Lo que sea por la ciencia!
 |
| La ciencia es así de juguetona |
No sé yo si la cantidad de "estudio científico" que se da en este libro será del gusto de las Hermanas de la Ranciedad. A mí no me parece que haya demasiado sexo pero es verdad que mancos no se quedan, que a mí me gusta la juerga bajeril en los libros más que a un tonto un lápiz y que a Colin ni os cuento, ése se busca la mínima excusa para meterse bajo las enaguas de Minerva que, con su inocencia y sus ganas de aprender, hace que Colin se salte todas las reglas de comportamiento que se ha impuesto. Puede que el humor que impregna todo (hasta los momentos palotistas) os pueda hacer más llevadero el guarrerismo. Para mí es lo mejor del libro, cómo acabas riendo en cualquier momento. Abundan las situaciones absurdas y disparatadas y las páginas están plagadas de diálogos humorísticos que hacen que hasta las palabras más anodinas sean fuente de risas y palotismo a la vez.
—Si te fijas, no se trata de un patrón fortuito. La naturaleza suele seguir principios matemáticos. Cada cámara de la concha del amonites, de la primera a la última, sigue una secuencia numérica invariable.
—Sí, sí... Lo sé. Es un logaritmo. —dijo Colin, y vio cómo ella, sorprendida, alzaba bruscamente la cabeza y se ajustaba las gafas antes de clavar los ojos en él—. ¿Sabes? —meditó—. Este diseño comienza a atraerme de verdad después de todo. Los caracoles no me parecen demasiado excitantes, pero los logaritmos... Siempre he pensado que es una palabra que suena muy pervertida. —La volvió a decir en un tono más pícaro—. Logariiitmo. —Dejó que la sílaba tónica vibrara en su lengua—. Ohh, sí, gracias. ¿No te parece que insinúa algo más?
—Eso le pasa a muchos términos matemáticos. Creo que es porque todos fueron elegidos por hombres. «Hipotenusa» es, sin duda, todavía más lasciva.
—Y «cuadrilátero» evoca imágenes carnales.
Ella se mantuvo en silencio un buen rato antes de arquear una de sus cejas oscuras.
—No tantas como... «rombo».
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay, qué pava me pongo recordando estas cosas. Lo mismo leído fuera de contexto no os hace ni *uta gracia pero, comprendedme, yo aún estoy en la nube de felicidad que te deja un libro que te ha gustado. Me ha encantado que no sea la típica historia llena de malentendidos, que hace avanzar la relación un paso y retroceder dos. Aquí los protagonistas se embarcan juntos en una aventura que les hará tener que confiar el uno en el otro e irse descubriendo mutuamente, tanto física como emocionalmente (eso significa que el guarrerismo viene gradual, no se 👉👌 a las primeras de cambio). Es verdad que al final sin conflicto interno puede quedarse la trama un poco plana o sosa pero yo ya estaba disfrutando tanto que me daba igual. Y es que este libro partía con ventaja al juntar dos de mis arquetipos favoritísimos de la romántica, el sinvergüenza encantador y la chica normalita e inteligente que pasa desapercibida. Pero precisamente porque es algo más viejo que el hilo de coser no siempre me gusta y, en esta ocasión, no venía yo convencida con el modo de escribir de Tessa Dare tras Una noche nada más. Pues queridas, qué sorpresa me he llevado, no parecen ni escritos por la misma persona. Todo lo que en el anterior se quedaba a medio camino, aquí es casi perfecto, el humor, la química, los momentos ajfgjakglfjagdfa... La pareja protagonista es un encanto y he disfrutado de ambos por igual. La narración es muy ágil, pasan tantas cosas que apenas te da descanso y, aunque todo el peso recae en la pareja protagonista, no te cansas de ellos. Y he adorado el modo que tienen de enfrentarse a sus sentimientos, de cara y de modo sincero (que ya cansa eso de negar lo que uno siente y blablabla). Bueno, alguna cosilla me ha hecho retocer morrete, como las interrupciones para volver a Cala Espinada (que están justificadas, pero que a mí me cortaban el ritmo) o algunas reiteraciones (como que Minerva nos diga tantas veces lo guapo que es Colin -aunque claro, yo hago lo mismo cada vez que veo a David Gandy-) pero yo os cuento mi sensación general al leerlo y ésa es que me he encontrado totalmente conquistada por la historia, me ha tenido con la sonrisa de oreja a oreja durante toda la lectura y me ha dejado tan buen sabor de boca que no dudaré en volver a leerlo.
 |
| Tú siempre MeCabrás, Colin |
En definitiva, queridas, Siete días de locura ha sido un libro muy entretenido y divertido, ágil, escrito de un modo sencillo pero muy agradable, con una pareja protagonista medio loca, muy inteligente y de las que te acaba enamorando por completo. Una estupenda mezcla bastante nadista de acción, humor y amor moñismo free. ¡Que vivan las hipotenusas alegres! Una pena que dejaran de traducir la serie...
Por todo esto se lleva en nuestro Gandymetro...