jueves, 13 de agosto de 2015

El vizconde que me amó (Serie Bridgertons 2), Julia Quinn


Los cotilleos de lady Whistledown no fallan nunca: una vez más, Anthony Bridgerton es el soltero más codiciado de la temporada en la alta sociedad victoriana. Pero este año, el atractivo vizconde, amante de la diversion y enemigo del compromiso, sorprende a todos y decide buscar esposa y sentar cabeza. La joya mas preciada, la joven y hermosa Edwina Sheffield, es su elección natural. Pero para conseguirla ha de obtener antes la aprobación de la hermana mayor de la muchacha, Kate. Anthony comprobará que convencer a esa mujer arrogante y decidida de que ha dejado de ser un vividor no es tarea fácil. Como tampoco lo es quitársela de la cabeza cuando llega la noche...

¡Enaguas a mí! 

Es momento de soltar nuestro grito de guerra y ponernos a bucear entre duques, vizcondes y demás maromazos que pueblan nuestro género favorito, el enagüil, y dejarnos de mierdeos y de llantos y de cosas trascendentales. ¡Que mi cuerpo necesita alegría right now!

Kim hace la croqueta de pedir alegría en sus bajos

Y qué hay mejor para esto que meternos echarnos un Bridgerton p'al cuerpo. Y en esta nueva entrega de la serie sí es un hermano Bridgerton el que nos zampamos (en El duque y yo nos dábamos un homenaje con su mejor amigo y cuñado, Simon -ajfdghslajkfghljkfgljhsdf-). Precisamente a través de Simon conocimos a Anthony en esa novela, ya que él es, en cierta medida, el artífice de los amoríos explotaovarios de Simon y Daphne.


¡Estamos preparadas para ti, Anthony!

Anthony Bridgerton, primogénito de la familia y vizconde, guapetón y follarín, ha decidido colgar la boa su soltería y encontrar esposa. Eso es lo que dice nuestra vieja del visillo de las enaguas (lady Whistledown) y eso es lo que él mismo nos acaba confirmando. ¿Qué le ha hecho tomar esa decisión? Bueno, los años no pasan para nadie y él sabe que tiene que dejar un heredero y prontito, ya que se acerca su muerte...


¡Que esperamos follisqueo y no drama!

Que no cunda el pánico, que eso de que se acerca su muerte es lo que piensa Anthony (menos mal que esto es una novela de Julia Quinn y no de George R.R. Martin, que entonces ya no tendría cabeza). Lo que le pasa a Anthony es que no había nadie al que adorara más que a su padre y éste murió joven debido a una picadura de abeja.


¡Que yo quiero alegría en el moño!

¡Que sí, que muere de eso! Y al pobre Anthony se le cae el modo de ver la vida como a mí las tetas y crece con el convencimiento de que va a morir joven. Total, que, aunque joven sigue siendo, ya se acerca a la edad de la muerte de su padre y tiene que dejarlo todo bien atado. Pero, oh, él sabe lo que sufrió su madre con la muerte de su amado esposo, así que, entre los requisitos que debe cumplir su futura vizcondesa, hay uno inamovible: tiene que ser una chica de la que no se pueda enamorar.


¡Ay, Anthony, eres tan follable como pichote!

Así que, como es lógico, se va a buscar a la más fea. ¡PUES NO! ¡Que una cosa es que no quiera enamorarse de ella y otra que no quiera ponerse perraco! ¡Que procrear is coming! Anthony el echa el ojo a la última sensación de Londres, Edwina Sheffield, pero su hermana Kate (más normal que una barra de pan y que va para solterona) se da cuenta de que ese buitre leonado quiere poner las garras sobre ella y está decidida a impedirlo a toda costa.


Pichas bravas a mi hermana NO

Y ya tenemos el pisto montado, dispuesto a que nos sumerjamos en él como si no hubiera mañana. Kate y Anthony están condenados a conocerse y odiarse y luego fo**arse, ya que sus intereses son totalmente opuestos. Él está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere y calzarse a una moza nunca ha supuesto un problema pero Kate tiene los rizos bien puestos, es inteligente y no se deja impresionar por ni por vizcondes ni por vizanacondas (por mucho que el susodicho tenga la apariencia de Anthony, lo que hace que tú misma vayas ya mirando pa Cuenca). Pero todos sabemos lo que pasa con los que se ven y les saltan chispas de odio en los ojos...

Que se les explotan los xixis las frutas

Como representante del nadismo (género en el que no pasa nada), nos podemos imaginar sin complicaciones qué va a pasar, pero la cuestión aquí es cómo va a pasar. Y ésa es la delicia de este libro, ver cómo siempre hay una pequeña sorpresita, un Colin-Te-Levanto-Una-Ceja-Y-Te-Bajo-Las-Enaguas-A-La-Vez-Bridgerton más follable espabilado que nadie que le hace las cosas más complicadas a su hermano... ¡O tal vez más fáciles!


Para fácil, yo contigo, Colin

Hay una cosa que no podemos olvidar y es que es Julia Quinn y no El Gordo Cab**n Martin la que escribe, como ya hemos dicho. Eso significa que nos vamos a encontrar diálogos graciosos, situaciones humorísticas (¡Dior me libre de jugar a algo no guarrer con estos hermanos!) y momentos hot de perraqueo levantaenaguas (¡muy fan de los sueños de Anthony palote y de esa tensión sexual no resuelta que al final te quema hasta las pestañas!). Peeeeeeeeeeeeeeero...

Eres una aguafiestas, Kim

Lo siento pero tengo que decirlo porque es lo que ha hecho que esta novela haya perdido Gandys por el camino. Ese fatalismo que lleva Anthony encima con lo de la muerte de su padre es una buena idea, da más profundidad al personaje, pero acaba quitando frescura y ligereza a la novela. Está bien que sepamos lo que obsesiona a nuestro maromo pero esto coge más peso hacia el final de la novela y se te acababa bajando el subidón del perraqueo a la altura de la línea seis del metro de Madrid. ¡Y ojo que Kate arrastra también su propio trauma!

¡Y no drama en mi lectura!

Bueno, vale, estoy siendo un poco exagerada. No os vayáis a pensar que esto es un drama porque ni de lejos lo es, es simplemente que el tema sobre el que se plantea el drama es excesivamente importante como para que no me corte el rollo cada vez que aparece. Y, además, he echado en falta cosas que me encantaron en la novela anterior, como la mamá Bridgerton y su charla prenupcial (oh, qué distinta ha sido la de este libro).



[Aunque la noche siguiente a esa conversación el happy se te sale por las orejas]
El vizconde que me amó es una novela sencilla y divertida pero con un tono fatalista que sobrevuela que a mí me ha impedido disfrutarla tanto como El duque y yo (que lleva su drama mucho mejor).

Por todo esto le damos en nuestro Gandymetro...

3'5 para Anthony. Y quítate tonterías de encima. Y la ropa


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lunes, 10 de agosto de 2015

La locura de Lord Ian Mackenzie (Mackenzies & MacBrides 1), Jennifer Ashley


1881. Los cuatro hermanos Mackenzie son ricos, poderosos, peligrosos, excéntricos y… escoceses. Los escándalos y rumores que les envuelven, las habladurías sobre sus amantes y sus oscuros apetitos, tienen alborotado a todo el país. Cualquier dama sabe que si es vista con uno ellos perderá la reputación de inmediato. El menor, lord Ian, es conocido como el Loco Mackenzie porque ha pasado gran parte de su vida recluido por su tiránico padre en un sanatorio mental. Sin embargo, eso no impide que sea un hombre fuerte y atractivo con una gran inclinación por las tazas de porcelana de la dinastía Ming y las mujeres hermosas. Beth Ackerley es una joven viuda que acaba de heredar una gran fortuna tras una infancia desafortunada y un breve, pero feliz, matrimonio. Ahora, Beth ha decidido que no quiere más sobresaltos; sólo desea vivir en paz, viajar, ayudar a los desfavorecidos y recordar con cariño a su fallecido esposo. Pero entonces, lord Ian Mackenzie irrumpe como un vendaval en su vida y decide que tiene que ser suya…


A veces parece que un libro te encuentra justo en el momento en que lo necesitas y éste ha sido el caso de La locura de Lord Ian Mackenzie. Tras leer varias novelas de enaguas protagonizadas por jovencitas vírgenes y libertinos prestos a abrirles los ojos y los bajos a las inexpertas muchachas, me apetecía dar con una heroína que no fuera así y aquí he descubierto a Beth: una viuda. No es la primera protagonista de este tipo que he leído, pero ¿sería como la de Donde empiezan los sueños? Holly seguía siendo bastante recatada a pesar de haber estado casada y haber sido feliz en su anterior matrimonio, además de que su procedencia, la clase alta, la hacía muy comedida en su comportamiento. Beth, sin embargo, tiene un origen bastante incierto y un pasado en el que ha llegado a conocer la pobreza, llegando a su actual situación por obra y gracia de una herencia que le dejó la anciana a la que acompañaba. En cuanto a su matrimonio, había sido corto pero dichoso. Su marido, hombre de Iglesia, fue un adelantado a su época y enseñó a Beth el placer de la intimidad entre hombre y mujer, es decir, que sabía lo que era tener un buen orgasmo. Esto está muy bien si tienes marido todavía, pero Beth lleva ya nueve años sin catar boa. Qué malo es conocer lo que se puede disfrutar con un varón y no tener ninguno cerca... Hasta que, tachán, Beth está a punto de casarse con un tipo aburrido y el extraño Lord Ian Mackenzie se le presenta con esta facha para decirle que ni se le ocurra casarse con ese tío, que sólo la quiere por su dinero.

Con esa carita, ¿quién le dice que no?

El lord, además, es directo, no se anda con rodeos. Se puede decir que su primera conversación es una cosa así:



Como veis, Beth se queda bastante sorprendida por la propuesta de Lord Ian, pero al mismo se siente atraída por ese hombre extraño que le ha removido las enaguas como hacía casi una década que nadie se las removía, pero se da cuenta de que hay algo diferente en él y en su actitud.



¡Exacto! Estamos ante un caso de Síndrome de Asperger en una época en la que no se sabía nada sobre el autismo y sus diferentes estadios, así que al pobre Ian lo han tomado por loco toda su vida, especialmente su padre, que lo llegó a internar en un manicomio debido a su anormal comportamiento. No me digáis que no es una idea original crear un personaje de romántica con semejante cuadro clínico. Ains, cómo me gustan los tipos diferentes como éste, Christian Langland o Samuel Gerard (Greys y similares NEIN). 

Sandwichito de rarunos pa mi cuerpo serrano

Ojo, que el resto de los hermanos Mackenzie también se las trae, no parece que haya ninguno con un pasado o una historia normal, así que el pique para seguir leyendo esta serie es bastante grande. Pero volvamos a la novela que nos ocupa. Como decía, Beth no tiene problemas en admitir que le gusta Lord Ian y su peculiar comportamiento, aunque en torno a él hay un turbio asunto que nuestra intrépida protagonista está dispuesta a desentrañar. A mí me ha gustado ese toque detectivesco que añade un atractivo más a la historia entre los protagonistas, no centrándose todo en la mera relación romántica, aunque decir "romántica" puede sonar raro teniendo en cuenta el desarrollo de los acontecimientos. Digamos que Beth acepta que su xixi cuerpo necesita ya un alivio de luto y le da igual lo que piensen de ella por estar relacionándose con el Loco Mackenzie. 


Éste, por su parte, le deja clara una cosa, un pequeño detalle sin importancia:



Me explico: no sabe qué es amar. Así que, resumiendo, si un maromo con la cara y el cuerpo del Fassbender te dice que no te va a dar amol porque no sabe lo que es, pero sí lo tuyo y lo de tu prima, pues olé. Y teniendo en cuenta que los Mackenzie son escoceses, pues habrá una buena ración de Scottish breakfast y miradas añsldjfñashgañsldjkfas mientras que Beth está elevándose al éxtasis por obra y gracia de la manipulación de bajos que le hace Ian. Qué bien que los habitantes de las Highlands no pierdan las buenas costumbres, vestir kilt inclusive. Habrá también algún momento en el que Beth estará con las enaguas por las orejas literalmente. No digo más. Y nosotras con ellas por los suelos.


Compartiendo título con Lord Ralston
Je suis prest!

¿Pero creéis que Beth va a ser una mujer pasiva y sólo se va a dejar hacer? De eso nada, se espabila más ligera que el viento, liberándose más de los pocos prejuicios que ya le quedaban con respecto al sexo, y se muestra como una mujer que sabe disfrutar y hacer disfrutar, IYNWIM.



Claro está, no va a ser todo trocotró y Beth empieza a sentir algo más que celo animal por Lord Ian, y mira que él se lo advirtió: no sabe qué es el amor, sólo el placer carnal.

Qué carita se le queda a Beth

Pero ella los tiene bien puestos, lucha por estar con su amado lord contra viento y marea, aka su cuñado Hart, que tela marinera con el payo, y por sacar a la luz los trapos sucios de esa familia que incumben al propio Ian para lavarlos a base de bien. Y es en ese empeño por limpiar el nombre de Ian que ocurrirá algo muy grave que será el punto de inflexión gracias al cual Ian sepa finalmente qué es el AMORRRR. Termina todo la una de las declaraciones de amor más bonitas que he leído y que no queda nada ñoña.

Es que es muy bonita sin ser pastelosa

A mí es una novela que me ha gustado por dos razones: la primera, sus protagonistas. Los hombres con estos traumas rarunos me molan (si están bien tratados y no son unos mñes y/o capullos insoportables), e Ian es un gran personaje en este sentido, y la viuda con ganas de marcha y un poco mayor que él me parece un acierto. Unido esto a la intriga de toques policíacos, pues da como resultado una historia muy atractiva y con buenas escenas añsldjfañsljdgañsdhgas.

Así me gusta que me deje una novela

Por todo lo dicho recibe en nuestro Gandymetro...


Ian, para loca yo, pero por ti


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jueves, 6 de agosto de 2015

Para siempre (Sequels 1), Judith McNaught


Huérfana y sola, Victoria Seaton cruza el océano para reclamar su perdido patrimonio en Wakefield, el condado inglés en el que vive su distante primo, el notable lord Jason Fielding. Solicitado en fiestas, bailes y óperas por las damas más elegantes de Londres, Jason es un misterio para Victoria.Desconcertada por su arrogancia y seducida por su porte felino, ella es capaz de detectar todos los recuerdos dolorosos que arden en sus ojos verdes. Y Jason, incapaz de resistirse más al luminoso encanto de Victoria, la toma por fin entre sus brazos. Unidos por el deseo, se ven envueltos en una intensa y agotadora felicidad que les libera de un pasado cruel. Entonces, en un momento de angustia, Victoria descubre la traición que descansa en el origen de su amor. Un amor que ella soñaba para siempre...


¡Que se pare el mundo cuando estoy leyendo una novela de Judith McNaught! ¡¡Es una orden!!


¡Lo sé y no me importa!

Eso es lo que deseo cuando cojo una de sus novelas (que se pare el mundo, no estar loca para eso ya no hay remedio). Judith McNaught es una de mis escritoras favoritas, así que me tiemblan los deditos cuando voy a empezar una de sus historias, sabiendo que tengo entre manos un maromo libro que no me va a dejar indiferente y deseando que me haga disfrutar como a mí me gusta. Y, oh, vaya si he disfrutado con este libro.


Pero me gusta mucho mucho

Estamos en nuestra época favorita, la enagüil, aquélla en la que te concertaban el matrimonio casi desde la cuna y podías darte con un canto en los dientes si tu marido te respetaba y no te trataba como una guarripeich para dejarte preñada y luego irse tras las enaguas de sus queridas. Pero Victoria Seaton de estas cosas sabe poco, que en Nueva York todo va de otro modo. Vive una vida tranquila con sus padres y su hermana, esperando a que pase el tiempo para casarse con su querido Andrew. Pero la vida bitch tiene reservados otros planes para ella, así que decide dejarla huérfana y separarla de su hermana cuando tengan que ir a Inglaterra y vivir cada una bajo los cuidados de unos familiares que se odian entre sí. Pero que Victoria no se preocupe, que cuando llegue ya se va a encontrar comprometida con el temible y fiero y follarín buenorro revientacorsés Jason Fielding, que no quiere nada ni con ella ni con ninguna otra mujer (que no sea su querida) después de haber estado casado con una zorrupia que le ponía los cuernos con medio Londres.


Nadie hace mejor el pisto rico que la McNaught

Y ya tenemos el tinglado montado, así de simple. Aquí no hay instalust de "te fo**o por los rincones" (es una novela de enaguas escrita en 1987, ya podéis esperar para que os den un buen refregón, ya...). Tampoco hay tramas de negocios ni misterios, salvo el pasado de Jason, que nosotros conocemos algo pero la pobre Victoria desconoce del todo. Ay, Victoria, obligada a vivir sola entre desconocidos, en una sociedad cuyas estúpidas reglas ignora y con Jason cerca, el menos caballero de los nobles ingleses, el que peor fama tiene y que el más revuelo de enaguas levanta. A nosotras se nos incendian los bajos con su mera presencia pero Victoria, a pesar de que le pica internamente algo cuando le va conociendo, le tiene miedo.


Jason, Jason, que noooooooooooooo

Y Jason, ese hombre frío, distante y opaco, comienza a sentir cosas por Victoria que no quiere sentir y mucho menos reconocer con la mente pero que ya se molesta su cuerpo en reconocerlas por él.


Tory, Tory, que siiiiiiiiiiiiiiii

Y así vemos cómo se van adaptando (o intentando hacerlo) el uno al otro. Bueno, realmente aquí la que hace todo el esfuerzo es Victoria, pedazo de mujer, el personaje más fuerte de la novela y que se rebela ante lo que la sociedad le impone (eso sí, es una rebelde pero dentro de la época que le ha tocado vivir, en la que te tocaba abrirte de patas quisieras o no cuando tu marido lo ordenara). Si bien Jason es el macho man, capaz de hacer que te tiemblen las pestañas de miedo y de perraquismo a la vez, ella es la que sufre y la que se enfrenta a lo que sea, la que intenta adaptarse a la sociedad que desconoce, al churri que desconoce, siempre intentando hacer todo lo mejor posible y queriendo hacer feliz a Jason, sacrificando incluso sus sueños de juventud. Os digo, queridas, que si aquí hay un personaje que tiene momentos de pichotismo es Jason y no Victoria.


Girl power enagüil

Para siempre es una novela 100% McNaught (fuck yeaaaaaaaaaaaaah!!!), con sus parejas con grandes diferencias de edad (doce añitos se llevan, Jason tiene ya la boa pelá de tanto uso), sus chispas de humor maravillosamente bien puestas, sus tejemanejes e injusticias y sus controvertidos personajes. Me gusta que suelen cometer errores irreparables (ay, Jason, cómo la cagas, hijo...) que intentan enmendar con sus acciones posteriores pero que no van llorando por las esquinas por lo que pudo hacer sido y no fue o pidiendo perdón constantemente por lo que no puede ser ya cambiado.  


So come here and añkjadkhfkjdhfkjsdalhfsa me

Esperad que limpio un poquito el suelo para que bese por donde Judith McNaught pise. Cómo se puede escribir tan bien. Nos ambienta estupendamente sin ser pesada dando excesivos detalles. ¡Y qué capacidad de resumen! Nada de estar tres páginas contando el viaje de regreso a casa y los pensamientos de un personaje. ¡Pero si ya los sabemos de antes! La McNaught nos supone inteligentes como para rellenar nosotros los huecos (ay, rellenar, sí, sí...) y completar la historia, incluso al final (yo no he necesitado que me diga nada más). Y, ay, esa capacidad sublime que tiene para manejar los corazoncitos de nuestros personajes y los de los lectores. Judith McNaught es capaz de hacer crecer la flor más bella en un campo de cardos (soy pura poesía) y logra así, a pesar de la antipatía que podamos tener a Jason aunque nuestro xixi cante soleares cada vez que sale, que nos sintamos como Victoria, inquietas, preocupadas, dolidas, maravilladas y perdidamente enamoradas de Jason.


Y también calentorras total

Queridas lectoras, Para siempre ha sido una delicia lectora por completo. Reconozco que mi amor por Judith McNaught anula mi objetividad con sus novelas pero, qué queréis que os diga, ella sabe escribir justo lo que a mí me gusta y eso hace que disfrute enormemente con sus historias. Aquí puede que la situación no sea idílica y que haya muchas cosas reprochables pero bajo todo eso vive una enorme historia de amor que a mí me ha llegado directita al corazón.

Por todo esto y muchísimo más tenemos que darle en nuestro Gandymetro...


Jason, agradécemelo con un beso


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martes, 4 de agosto de 2015

Heaven, Texas (Serie Chicago Stars 2), Susan Elizabeth Phillips


Bobby Tom ha nacido en Heaven, Texas, bendecido por los dioses: tiene cuerpo de modelo, los ojos azules y ha sido un legendario futbolista de los Chicago Stars, hasta que una lesión lo aparta de los terrenos de juego. Desde entonces, vive sin objetivos claros y acepta rodar una película de acción. Aunque que haya firmado no quiere decir que vaya a rodarla... Cuando finalmente la productora se cansa de esperar que se presente en el plató, encarga a la cándida Gracie Snow la misión de acompañarlo al lugar de rodaje.Gracie Snow ha vivido siempre en una residencia de ancianos propiedad de sus padres y, cuando por fin sale de allí, quiere ser libre como un pájaro. Lástima que su primer trabajo en la productora sea encargarse de un hombre mimado y pagado de sí mismo como Bobby Tom Denton. Bobby Tom resulta ser un duro trabajo a jornada completa por el que acaba sintiéndose muy atraída.


Queridas lectoras, vengo con un subidón total después de haber leído este libro y no os lo puedo ocultar.


Kim leyendo Heaven, Texas

Coger un libro de Susan Elizabeth Phillips está siendo, para mí, sinónimo de pasar un rato maravilloso, con momentos hot y desternillantes (y, muchas veces, a la vez). Bueno, SEP es como el algodón, que no engaña, ya lo advierte en su web.


¡Bendita seas tú, oh, SEP, que estás en mi altar lector!

A Bobby Tom Denton le conocimos en Tenías que ser tú, era el jugador que tenía que darle un beso a Phoebe cada vez que salía al campo. Ahora ha tenido que dejar su exitosa carrera como jugador de los Chicago Stars debido a una lesión de rodilla. ¿Y qué va a hacer entonces el hombre más buenorro del mundo si ya lo tiene todo? Pues ser actor, obviamente, que con esa planta ya le damos el Oscar sin  necesidad de que abra la boca.


Kim, ven que te enseño mis Superbowls

En breve va a empezar el rodaje de una película en su pueblo natal, Telarosa (anteriormente llamado Heaven) pero Bobby Tom se sabe demasiado importante como para hacer las cosas del modo que los demás quieren. No, él siempre pone buena cara, una sonrisa que te ilumina el alma, toca su eterno sombrero stetson y hace lo que le sale de la boa. Y como la productora de la peli está hasta el moño de él, le mandan a alguien para que espabile y llegue a tiempo. ¿A Chuck Norris? No, a Gracie Snow, una chica de treinta años que viste como si saliera de Las chicas de oro.


Perdona, que éramos el colmo de la modernez. En los ochenta.

Efectivamente. Gracie viste como si escogiera las galas del ropero del asilo de ancianos que tenían sus padres. Pero ella no es una anciana, es una chica que quiere vivir otra vida, así que no desaprovecha la oportunidad que le surge de trabajar en Hollywood, aunque su trabajo sea tan poco glamouroso como arrastar a Bobby Tom a Telarosa. Y si tiene que tirarse delante de su coche, lo hace. Y si tiene que hacer de stripper, lo hace. Y si tiene que ***** y *****, lo hace.




[No busquéis significados ocultos a los *, es que me apetecía ponerlos]
No hace falta ser Einstein para saber que a Gracie le van a hervir las enaguas estando tan cerca de Bobby Tom. Porque, oh, Bobby Tom, no sólo es guapo y excesivamente generoso, es el encantador de mujeres por excelencia. Aunque Gracie le toca los anillos de campeón de mala manera, también saca de él sus mejores cualidades, sus modales sureños, su capacidad de tomarle el pelo y la de colarle la boa trolas. Sí, trolas, porque la boa a Gracie va a ser que no, que por sus bajos no ha entrado ni la luz del sol.


La cara oculta de Gracie Snow

Pero Bobby Tom esconde mucho bajo sus pantalones esa fachada y Gracie va a ser la Indiana Jones que descubra sus tesoros ocultos: lo inseguro y lo buena persona que es (los otros tesoros, también, eh). Y también nos va a descubrir lo cabezón que es. A veces tengo dudas sobre el tamaño de stetson que usa, porque una cabezonería tan grande no puede ser tapada ni por una carpa de circo. Y bien lo puede decir su madre que, por cierto, protagoniza una de las grandes sorpresas para mí de este libro, una maravillosa e inesperada historia de amor made in SEP en formato microcondensado.


¡¡Te queremos, SEP!!

¡Sí, Susan Elizabeth Phillips! ¡Te queremos por esa alegría que nos das cada vez que abrimos un libro tuyo! A pesar de tu manía de meter vírgenes a estas alturas de la película, a pesar del enamoramiento "sopinstant", de recrearte un poco (demasiado) en tozudez de Bobby Tom. ¿Cómo no vamos a quererte si nos llenas el libro de situaciones adorables y de mearte de la risa? ¡Ya está bien de tanto sufrimiento lector! Que yo soy muy del "sufro ergo disfruto" pero, a quién quiero engañar, soy más aún del "disfruto ergo disfruto más" y esto es justo lo que he obtenido de Heaven, Texas, horas de lectura en las que me lo he pasado de fruta madre.


¡Gracias SEP!

No es que el libro tenga mucho más, la verdad, en ese aspecto es bastante sencillo, pero es esa justa mezcla de sencillez, diversión, sentimientos y perraquismo lo que hace de Heaven, Texas una pequeña joya. 

Así que, por todo esto y lo que se me queda dentro, le damos en nuestro Gandymetro...


4'5 Gandys y diez litros de helado para nuestro Bobby Tom

          
Por cierto, que este libro no tiene epílogo en papel pero sí en la página de SEP (aquí). Echadle un ojillo porque es maravilloso, como todo el libro.


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