Los golpes siguen llegando para Troy Barrett. Ser traspasado al peor equipo de la liga ya sería bastante malo, pero tras una ruptura sentimental complicada y un escándalo reciente... Troy solo quiere jugar al hockey y que le dejen en paz. Definitivamente, no quiere «trabajar en su presencia online» con el animado responsable de redes sociales del equipo.
Harris Drover se da cuenta de que el distante Troy no está contento con el traspaso, pero Harris no se rinde fácilmente con la gente. Ni siquiera cuando se enamora de alguien y está seguro de que es un amor no correspondido. Y cuando ve que la sonrisa de Troy finalmente se abre paso a través de su exterior gruñón... Ese es un hombre al que Harris no podría dar la espalda aunque quisiera.
De repente, el traslado de Troy al nuevo equipo se convierte en una oportunidad: para que Troy acepte su verdadero yo y para que ambos exploren su creciente atracción. Pero estar juntos a puerta cerrada es una cosa, y para Troy, tener una relación pública con Harris significará enfrentarse a sus miedos de una vez por todas.
En el camino de reencontrarme con Ilya y Shane en esta serie (porque yo seguí leyendo para reencontrarme con mis jugadores favoritos #SorryNotSorry) he tenido de todo pero lo que no esperaba es toparme con un protagonista despreciable y con comportamientos homófobos. Y ese es el protagonista de este libro, Troy Barrett.
Pero en otro libro.
Quiero decir que ese comportamiento lo vemos en otro libro, no en este. No creo que recordéis (porque no lo recuerdo ni yo) que en mi reseña de El precio a pagar mencioné el acoso que Ryan Price sufrió en uno de los equipos en los que ha jugado por parte sobre todo de un jugador estrella llamado Dallas Kent y de su bff en el equipo, Troy Barrett. Pues aquí nos reencontramos con un Troy que, en una especie de justicia poética, ha sufrido las consecuencias de apoyar al malo de la película. En un incidente que, oh, sorpresa, se filtra a los medio,. Troy estalla en contra de Kent acusándole de maltratador y eso no solo destroza su imagen pública sino también su estupendo contrato deportivo. Porque, oh, sorpresa again, tanto la mayoría de los aficionados como el propio equipo apoyan a Dallas frente a las acusaciones que algunas mujeres hacen en contra de él. Troy, compañero de juergas de Dallas, conoce cómo se comporta el hipoeputa su amigo y siempre ha mirado para otro lado pero todo tiene un límite y Troy ha llegado al suyo. Igual que su tiempo de compañero de Kent.
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| El dueño del equipo siendo amable con Troy |
Total, que Troy acaba en el equipo de Ottawa, que va recogiendo lo nadie quiere para que tengan el privilegio de olerle el sudor y verle el nardo en el vestuario al inigualable Ilya Rozanov. Puedes pensar que con Ilya no tendrá los cataplines de meterse, pero el Troy que viene a este equipo está jodido, resentido con la vida y lo único que quiere es que le dejen en paz. Adaptarse a un nuevo equipo cuando este no hace nada más que perder y él juega como el culo es bastante desmoralizante y Troy quiere rebozarse en esa mierda, así que tener que lidiar con la eterna alegría de Harris Drover, el community manager del equipo, es más de lo que Barrett puede soportar.
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| Troy y Harris |
Harris es sunshine total, un amorozote alegre y achuchable al que todos adoran y que intenta, desde el primer momento, que Troy se sienta cómodo en su nuevo equipo y que los fanes puedan conocerle. Pero, ay, Harris, no está Troy para que le conozcan cuando ni él mismo quiere mirarse en el espejo. Troy se desprecia y se sabe despreciado por muchos jugadores y por los fanes, lo que le hace estar en una espiral de odio hacia sí mismo que se acrecienta cuando ve cómo Harris vive abiertamente su homosexualidad... mientras que él la esconde.
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| Troy escondía algo más que una gran 🐍 |
Es un poco cliché con patas, el gay que oculta que lo es yéndose prácticamente al lado contrario, pero siendo deportista de élite... Bueno, ya sabéis cómo están las cosas con la homofobia y cada uno la lleva como quiere. Troy, obviamente, lo lleva fatal y se encuentra (sin evitar salir de ahí) en el lado que más daño le hace. El cambio a Ottawa le sirve para librarse del peso de tener que apoyar en todo a Dallas Kent pero para darse al masoquismo absoluto y no ser feliz, como intentando pagar el hecho de haber sido amigo de un bicho. Vamos, que el chaval necesita una trabajo psicológico que ni los de Flores en el ático. Harris, que obviamente se siente atraído por el buenorraco de Troy, le deja en el ámbito platónico debido a su machorra heterosexualidad pero detecta en él la necesidad de un amigo y ahí estará para lo que necesite, una caja de sidra, un confidente, alguien a quien agarrarse cuando estés en peligro vital, un osito retozón al que darle lo suyo y lo de su prima...
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| Harris cuando ve lo que se lleva |
Es, para mí, la relación sentimental más inesperada y adorable de toda la serie. Rachel Reid hace que desde un principio empaticemos con Troy, aun sin comprender los motivos que le llevan a comportarse como un joputa. Con la situación que tiene, una persona a su lado como Harris es más que ideal, ya que este, debido a cosillas de su vida, decide aprovechar esta al máximo y no fingir ser de otro modo. Abiertamente gay (trabajando en un equipo de hockey, never forget), es querido y respetado por todos, además de una persona divertida a cuyo lado todo parece mejor, algo que ilumina la oscura vida de Troy y le alegra la cola.
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| Troy tras conocer a Harris |
Es un sexo, por cierto, lleno de humor, una de mis debilidades literarias. A base de cariño, risas y comprensión, Troy va descubriendo que no es tan malo como cree y que de verdad merece ser feliz, tanto fuera del rink como en él, ya que llega a Ottawa jugando como el culo (lo que, por otro lado, le iguala al juego del equipo). Pero ningún equipo donde juegue Ilya Rozanov está destinado al fracaso...
Ay, Ilya, ¡el reino entero pa ti! Aquí roba medio libro, claro, pero, además, supone una ayuda para Troy. Ya sabéis que Ilya tiene un gaydar que si detectara bolas de dragón ya le habría hecho inmortal. Aquí, además, también detecta a una persona dañada y, sin que Troy se dé cuenta, este se encuentra confiando en él. Y ahí Rachel Reid, muy cuca, nos va dejando miguitas de curiosidad porque detectamos que algo pasa con Ilya, nos preocupamos, queremos saber... pero no sabremos hasta el libro siguiente.
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| Todas con Ilya en este libro |
Role Model me ha gustado, aunque no me ha vuelto loca (salvo por las apariciones de Ilya, así soy). Con sus dos protagonistas totalmente opuestos, Rachel Reid narra una historia de amor y sanación sorprendente, bonita y dulce que queda muy bien integrada en la serie, sobre todo por el hecho de aparecer Rozanov en ella y de que ocurran determinados acontecimientos que te obligan a lanzarse sobre The Long Game.
Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...








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