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miércoles, 30 de septiembre de 2026

El partido más largo/The Long Game (Game Changers 6), Rachel Reid


Diez años. Eso es lo que llevan juntos Shane Hollander e Ilya Rozanov. El tiempo que llevan manteniendo su relación en secreto. Ante sus amigos, ante su familia… ante la liga. Si Shane quiere mantenerse en la cima de su carrera, lo que él e Ilya comparten debe seguir siendo un secreto. Quiere a Ilya, pero ¿y si hacerlo público lo arruina todo?
Ilya está harto de secretos. Shane se ha vuelto tan bueno ocultando sus sentimientos que, a veces, Ilya se pregunta si realmente existen. La cercanía, la intimidad, incluso el riesgo que supondría hacer pública su relación… Ilya lo quiere todo.
Es hora de que decidan qué es lo más importante: el hockey o el amor.
Es hora de tomar una decisión.


Pues ya está, ya llegó el momento de leer la continuación de la historia de amor entre Shane Hollander e Ilya Rozanov. Bueno, ahora lo que llega es el momento de que leáis mi opinión, aunque sabiendo el nivel de fangirlismo que me despiertan ambos esta reseña será una loa eterna a esta pareja y a la madre que los parió por haberlos creado.

El barrio entero pa ti, Rachel Reid

Tengo un problema con este libro (al igual que con Heated Rivalry) y es que no tengo medida con sus protagonistas: Shane y, sobre todo, Ilya son dos personajes que se engancharon a mi corazón desde el primer momento y me lo tienen cautivo los jodíos, de tal modo que cualquier cosa que lea sobre ellos tiene mis bragas dieces automáticamente. Sin embargo, debo reconocer que, incluso pensando que por algún lado nos la iba a clavar Rachel Reid, The Long Game ha sido una historia que no me esperaba. Cuando leo un "felices por ahora" (como es el final de Heated Rivalry) no me gusta seguir leyendo si hay continuación porque ya me veo el mierdeo al que la escritora va a someter a la pareja (ahí está Us, la segunda parte de Him de Sarina Bowen, haciéndome ojitos desde mi librería del Kindelito esperando a que me atreva con ella). Con The Long Game ni me lo planteé porque mi necesidad de Ilya y Shane es vital y, además, porque pensé que bastantes cosas externas tendrían que afrontar como pareja como para tocarnos el corazoncito con problemas gordos dentro de ella. ¡ERROR!

Rezad por mi alma

Error total porque ya no estamos ante los Ilya y Shane del libro anterior, que se trincaban alegremente cada vez que podían pero resguardaban su vida y su corazoncito (teóricamente). Aquí ya los tenemos enamorados y como pareja pero, salvo el cambio de equipo de Ilya, nada ha cambiado a su alrededor, siguen siendo dos jugadores profesionales en un mundo extremadamente homófobo, con todo lo que eso conlleva. Sí, Scott Hunter abrió el camino pero Ilya y Shane no son él (gracias a Dior) y no tienen las misma circunstancias vitales (Scott tiene como mil años y estos están en su prime deportivo). A eso hay que sumarle algo con lo que no contábamos el libro anterior: la vida personal de ambos y el modo de gestionar su relación amorosa. Y no lo va a llevar igual un joven canadiense criado en un entorno sanote que sufre de una ligera ansiedad y fobia social que un joven ruso cuya salida del armario le puede provocar el exilio definitivo de su país y que, además, carga con el peso de la muerte de su madre... y de sus malos pensamientos.

Idme enterrando ya

Como con el primer libro estábamos totalmente consumidos por la pasión de Ilya y Shane, solo pudimos ver destellos de cómo son los personajes. Aquí se profundiza más, especialmente en Ilya, que es el gran misterio de toda la serie. Y, ay, lo que a Ilya le ronda por la cabeza... El inocente de Shane ni se lo espera porque Ilya con él tira más al padentrismo y a ser la roca que lo sujete pero todas las nubes negras que Ilya tiene no se han ido al llegar el amor y es algo que acaba afectando. Como en todas las parejas, nada es perfecto y aquí, además, chocan el pánico de Shane a decir algo y que se conozca su relación con Ilya con las ganas de este de acabar con tanto secretismo y dejar de ocultarse. Os digo yo que la cabeza de Ilya tiene más lío que El jardín de las delicias de El Bosco.

Pero yo soy mucho más guapo que los del cuadro

Ya os digo que lo paso mal leyendo cómo les ocurren cosas malas a personajes que adoro y he sufrido leyendo determinadas secuencias (soy muy sentida, me pongo la mano en el lugar donde tendría el corazón y todo). En el plano externo a la pareja, hay cosas que ocurren que te ponen el corazón a tope (si habéis leído Role Model, sabréis que parte de este coincide en el tiempo con él y ocurren ciertas cosas que 😰), pero en el plano interno lo pasas peor porque ves que ambos se quieren (eso nunca se pone en duda) y a veces el amor puede no ser suficiente.

Soy incompatible con la vida

A eso se suma la falta de comunicación, que es algo que no soporto pero que aquí, sin justificarla, la puedes ver más entendible cuando ocurre y, jodía Reid, duele el doble, ya que conoces a ambos y solo quieres que les ocurran cosas buenas, pero ves que van por un camino que, en lugar de acercarles, les puede alejar.

Me mató la trama de este libro

Me acabo de dar cuenta de que estoy tan entusiasmada por contaros lo mal/bien que lo he pasado leyendo que ni os he situado en lo que ocurre. ¿Importa? Pues no mucho porque, si te gusta esta pareja, te pueden estar contando cómo se echan una partida de Risk, un Trivial, un parchís durante setecientas páginas y serías feliz solo por compartir ese rato con ellos. Pero bueno, os cuento que en The Long Game seguimos los inicios como pareja oficial de Ilya y Shane, cómo se van apañando con eso de vivir cerca, cómo lleva Ilya pasar de un equipo ganador como el de Boston a una puta mierda como el de Ottawa y cómo llevan ambos ser pareja y tener que seguir ocultándose (porque digamos que la liga de hockey muchas ganas de tener un nuevo Scott Hunter no tiene). Si esperas un libro sin conflicto, no lo leas. Si esperas un libro absolutamente maravilloso, lánzate a él.

Y si no te gusta, estoy muy dispuesta a debatir

Supongo que el libro tendrá sus defectos pero yo ahora ni los recuerdo. A ver, hay cosas que se tratan poco o quedan en segundo plano, como la salud mental de Ilya y cierta parte relacionada con el comisionado de la liga, pero siempre me ha parecido que Rachel Reid con estos dos no quiere hacer una narración pormenorizada de todo lo que les ocurre. Mientras que en otras historias hay un exceso de información, aquí, que sí que hay mucho que contar, Rachel elige centrarse en ciertas cosas y mostrar otras en pequeños destellos. Con Ilya y Shane menos es más en cuestión de su entorno, Rachel se centra en ambos y en su relación amorosa. Y dime a mí si eso, para una lectora de novela romántica, no es una absoluta gozada.

Ya me han resucitado

He adorado The Long Game. Es un libro que profundiza en Ilya y Shane como quisiera yo que profundizaran en mí y que les enfrenta al mayor de los enemigos que pueden tener: ellos mismos. Rachel Reid te pega un buen palo viendo cómo lo pasan mal por cosas que puede que sean irresolubles y también te hace de lo más feliz dándote momentos inolvidables entre ambos. Es un viaje que duele y que te llena de alegría por poder compartir la vida de dos personajes que quieres y vivir su relación que, a pesar de no ser perfecta, es maravillosa y nunca te parece suficiente.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Ilya y Shane, os quiero más que a mi familia


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martes, 22 de septiembre de 2026

Modelo a seguir/Role Model (Game Changers 5), Rachel Reid


Los golpes siguen llegando para Troy Barrett. Ser traspasado al peor equipo de la liga ya sería bastante malo, pero tras una ruptura sentimental complicada y un escándalo reciente... Troy solo quiere jugar al hockey y que le dejen en paz. Definitivamente, no quiere «trabajar en su presencia online» con el animado responsable de redes sociales del equipo.
Harris Drover se da cuenta de que el distante Troy no está contento con el traspaso, pero Harris no se rinde fácilmente con la gente. Ni siquiera cuando se enamora de alguien y está seguro de que es un amor no correspondido. Y cuando ve que la sonrisa de Troy finalmente se abre paso a través de su exterior gruñón... Ese es un hombre al que Harris no podría dar la espalda aunque quisiera.
De repente, el traslado de Troy al nuevo equipo se convierte en una oportunidad: para que Troy acepte su verdadero yo y para que ambos exploren su creciente atracción. Pero estar juntos a puerta cerrada es una cosa, y para Troy, tener una relación pública con Harris significará enfrentarse a sus miedos de una vez por todas.
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En el camino de reencontrarme con Ilya y Shane en esta serie (porque yo seguí leyendo para reencontrarme con mis jugadores favoritos #SorryNotSorry) he tenido de todo pero lo que no esperaba es toparme con un protagonista despreciable y con comportamientos homófobos. Y ese es el protagonista de este libro, Troy Barrett.


Pero en otro libro.


Quiero decir que ese comportamiento lo vemos en otro libro, no en este. No creo que recordéis (porque no lo recuerdo ni yo) que en mi reseña de El precio a pagar mencioné el acoso que Ryan Price sufrió en uno de los equipos en los que ha jugado por parte sobre todo de un jugador estrella llamado Dallas Kent y de su bff en el equipo, Troy Barrett. Pues aquí nos reencontramos con un Troy que, en una especie de justicia poética, ha sufrido las consecuencias de apoyar al malo de la película. En un incidente que, oh, sorpresa, se filtra a los medios, Troy estalla en contra de Kent acusándole de maltratador y eso no solo destroza su imagen pública sino también su estupendo contrato deportivo. Porque, oh, sorpresa again, tanto la mayoría de los aficionados como el propio equipo apoyan a Dallas frente a las acusaciones que algunas mujeres hacen contra él. Troy, compañero de juergas de Dallas, conoce cómo se comporta el hipoeputa su amigo y siempre ha mirado para otro lado pero todo tiene un límite y Troy ha llegado al suyo. Igual que su tiempo de compañero de Kent.

El dueño del equipo siendo amable con Troy

Total, que Troy acaba en el equipo de Ottawa, que va recogiendo lo nadie quiere para que tengan el privilegio de olerle el sudor y verle el nardo en el vestuario al inigualable Ilya Rozanov. Puedes pensar que con Ilya no tendrá los cataplines de meterse, pero el Troy que viene a este equipo está jodido, resentido con la vida y lo único que quiere es que le dejen en paz. Adaptarse a un nuevo equipo cuando este no hace nada más que perder y él juega como el culo es bastante desmoralizante y Troy quiere rebozarse en esa mierda, así que tener que lidiar con la eterna alegría de Harris Drover, el community manager del equipo, es más de lo que Barrett puede soportar. 

Troy y Harris

Harris es sunshine total, un amorozote alegre y achuchable al que todos adoran y que intenta, desde el primer momento, que Troy se sienta cómodo en su nuevo equipo y que los fanes puedan conocerle. Pero, ay, Harris, no está Troy para que le conozcan cuando ni él mismo quiere mirarse en el espejo. Troy se desprecia y se sabe despreciado por muchos jugadores y por los fanes, lo que le hace estar en una espiral de odio hacia sí mismo que se acrecienta cuando ve cómo Harris vive abiertamente su homosexualidad... mientras que él la esconde.

Troy escondía algo más que una gran 🐍 

Es un poco cliché con patas, el gay que oculta que lo es yéndose prácticamente al lado contrario, pero siendo deportista de élite... Bueno, ya sabéis cómo están las cosas con la homofobia y cada uno la lleva como quiere. Troy lo lleva fatal y se encuentra (sin evitar salir de ahí) en el lado que más daño le hace. El cambio a Ottawa le sirve para librarse del peso de tener que apoyar en todo a Dallas pero para darse al masoquismo absoluto y no ser feliz, como intentando pagar el hecho de haber sido amigo de un bicho. Vamos, que el chaval necesita una trabajo psicológico que ni los de Flores en el ático. Harris, que obviamente se siente atraído por el buenorraco de Troy, le deja en el ámbito platónico debido a su machorra heterosexualidad pero detecta en él la necesidad de un amigo y ahí estará para lo que necesite, una caja de sidra, un confidente, alguien a quien agarrarse cuando estés en peligro vital, un osito retozón al que darle lo suyo y lo de su prima...

Harris cuando ve lo que se lleva

Es, para mí, la relación sentimental más inesperada y adorable de toda la serie. Rachel Reid hace que desde un principio empaticemos con Troy, aun sin comprender los motivos que le llevan a comportarse como un joputa. Con la situación que tiene, una persona a su lado como Harris es más que ideal, ya que este, debido a cosillas de su vida, decide aprovechar esta al máximo y no fingir ser de otro modo. Abiertamente gay (trabajando en un equipo de hockey, never forget), es querido y respetado por todos, además de una persona divertida a cuyo lado todo parece mejor, algo que ilumina la oscura vida de Troy y le alegra la cola.

Troy tras conocer a Harris

Es un sexo, por cierto, lleno de humor, una de mis debilidades literarias. A base de cariño, risas y comprensión, Troy va descubriendo que no es tan malo como cree y de verdad merece ser feliz, tanto fuera del rink como en él, ya que llega a Ottawa jugando como el culo (lo que, por otro lado, le iguala al juego del equipo). Pero ningún equipo donde juegue Ilya Rozanov está destinado al fracaso...


Ay, Ilya, ¡el reino entero pa ti! Aquí roba medio libro, claro, pero, además, supone una ayuda para Troy. Ya sabéis que Ilya tiene un gaydar que si detectara bolas de dragón ya le habría hecho inmortal. Aquí, además, también detecta a una persona dañada y, sin que Troy se dé cuenta, este se encuentra confiando en él. Y ahí Rachel Reid, muy cuca, nos va dejando miguitas de curiosidad porque detectamos que algo pasa con Ilya, nos preocupamos, queremos saber... pero no sabremos hasta el libro siguiente.

Todas con Ilya en este libro

Role Model me ha gustado, aunque no me ha vuelto loca (salvo por las apariciones de Ilya, así soy). Con sus dos protagonistas totalmente opuestos, Rachel Reid narra una historia de amor y sanación sorprendente, bonita y dulce que queda muy bien integrada en la serie, sobre todo por el hecho de aparecer Rozanov en ella y de que ocurran determinados acontecimientos que obligan a lanzarse sobre The Long Game.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Troy, buenorrote, dale alegría al ci*ote


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miércoles, 10 de junio de 2026

Un mismo objetivo/Common Goal (Game Changers 4), Rachel Reid


El portero veterano Eric Bennett se ha enfrentado a algunos de los tiradores más duros sobre el hielo, pero nada le preparó para su último reto: la vida después del hockey. Es hora de hacer algunos cambios importantes, empezando por salir con hombres por primera vez.
El estudiante de posgrado Kyle Swift se mudó a Nueva York con el corazón roto. Había jurado encontrar a alguien de su edad de quien enamorarse. Hasta que conoce a un guapo y distinguido jugador de hockey de cabello plateado. A pesar de su intensa atracción física, Kyle no tiene intención de involucrarse emocionalmente. Le enseñará a Eric algunos trucos, se divertirán mutuamente y luego se marchará.
Eric está más que feliz de aprender todo lo que Kyle le enseñe. Y Kyle nunca esperó que su acuerdo de amigos con derecho a roce le dejara con ganas de más. El «felices para siempre» podría estar ante sus narices, pero no sucederá si son demasiado tercos para sincerarse sobre sus sentimientos.
Todo lo que quieren está a su alcance... Solo tienen que ser lo suficientemente valientes para agarrarlo.
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Seguimos con el maravilloso proceso de gayerización de la NHL que inició Rachel Reid con Game Changer. Y me remito a ese libro porque ahí está Scott Hunter ("¡contigo empezó todo!", que diría Piqué) y resulta que hay otro gay vigilándole la espalda...

¡El portero de su equipo!

Aunque le vigilará el culo por poco tiempo porque Eric Bennet está pensando en la retirada. Le da vértigo pero está dispuesto a afrontar ese gran cambio y, con él, dar un paso más: empezar a salir con hombres. Eric estuvo casado con una mujer pero poco a poco la relación se fue acabando y ahora, con toda la vida por delante y pocas cosas que hacer, Eric siente la necesidad de no ocultar más esa parte que siempre ha escondido. Obviamente, tener a Scott como compañero y amigo y ver lo feliz que es con su novio le hace plantearse muchas cosas. También, de nuevo gracias a Scott, frecuenta mucho el bar en el que siempre puedes encontrar al novio de este, Kip, y en el que trabaja como camarero Kyle Swift, amigo de Kip y que quisiera ser algo más...

Pues lo tienes bien jodido

Kyle oculta su corazón roto bajo un eterno flirteo con el guapo que se preste y, cuando conoce al maromazo de Eric, no puede evitar guiñarle el ojito por costumbre sabiendo que se lo hace a un maduro heterosexual, pero su gaydar no recibe las vibraciones que esperaba...

Eric creyendo que es sutil

Aquí el que tiene chicha interesante es Eric, que ha estado casado con una mujer y no por esconderse sino porque realmente se enamoró, es un reconocido deportista profesional, se siente viejuno y se encuentra en una etapa en la que el gayerismo está buscando rendijas por su cuerpo para escaparse. Encontrarse con Kyle, un chico majo, guapo, divertido y sin complicaciones es un soplo de aire fresco en su vida y una oportunidad que no puede dejar escapar. Todo resulta algo más fácil desde que Scott salió del armario por eso Eric encuentra la valentía de acercarse a Kyle, dejarse llevar por el flirteo para saber cómo es eso de estar con un hombre... y luego buscarse otro.


No seré yo la que critique las romance reasons de los libros pero aquí, donde se intenta tener cierta conexión con la realidad, me sorprende bastante que un hombre como Eric, con la cantidad de viajes que hace y la experiencia vital que tiene, necesite enseñanzas guarreriles de un chaval de su entorno no por darle gusto a su cola morena sino para aprender guarrerismos y buscarse luego otros hombres con los que practicarlos. WTF, hermoso? De todos modos, yo acojo esta trope en mis entretelas porque casi siempre me alegra la lectura (The Deal y Calle Dublín son unos maravillosos ejemplos) y, en ese sentido, Common Goal tampoco me ha decepcionado, he disfrutado muchísimo de las lecciones guarreriles entre Eric y Kyle. El sexo es hot, abundante y explícito (vi-va). Ellos se lo pasan bien y tú, estupendamente. Además, ambos me parecen encantadores (Eric especialmente) y ver cómo se relacionan y pasan del sexo al amor está bien, me parece que ocurre de modo bastante natural. Vamos, que esta pareja ha sido para mí todo lo que la del libro anterior no fue. Ya sé que todo es culpa de mis expectativas y, seamos sinceras, la sombra de Ilya y Shane es demasiado alargada para algunas de nosotras, pero con el otro no conecté en ningún momento y la pareja me pareció extremadamente forzada, igual que poco atrayente. Aquí me ha pasado justo lo contrario, los dos personajes me han parecido agradables, sus tonterías guarreriles me han encantado y su amor me lo he creído. 


Además, al ser Eric parte del equipo de Scott y pertenecer Kyle al entorno de Kip puedes disfrutar más plenamente del universo Game Changers, incluyendo una (muy innecesaria para la historia pero tremendamente necesaria para mí) aparición de Ilya Rozanov, sin el cual claramente ni Rachel Reid ni yo podemos vivir.

Tranquilas, hay para todas

Pero... Ay, este libro tiene un gran "pero" que me ha molestado mucho y que, si sois habituales por aquí, sabéis que no dejo pasar casi ninguna vez: la falta de comunicación. Ahí se reflejan las inseguridades de cada uno de los protagonistas y es cierto que les da profundidad pero, mira, entre personas adultas no creo yo que cueste tanto sentarse a comentar lo que sientes y no que cada uno, allá en la soledad de su cabecita, se dedique a pensar lo que cree que piensa el otro y actúe en base a ese pensamiento inventado. Eso de "yo sé mejor que tú lo que te conviene y eso no soy yo".

Una mierda pa ti

En adolescentes o adultos a medio cocer lo puedes creer pero en Eric, que peina canas en los cataplines, me lo trago malamente las dos primeras veces y mucho peor las chorrocientas que vienen después. En fin, que por algún lado había que quebrar la felicidad y Rachel Reid tiró por un camino que yo no aguanto. Obviamente en romántica no hay ruptura que cien años dure pero sí se puede llevar algún Gandy por el camino.

Common Goal es un libro entretenido, divertido, muy sexi y con su punto emotivo que me ha hecho pasar unos ratos estupendos y al que estropea el reiterado uso de la falta de comunicación de la pareja (aunque no lo suficiente como para empañarme una lectura que, sorprendentemente, me ha gustado mucho más de lo que esperaba).

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

3'5. Eric te para los goles con la boa


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miércoles, 13 de mayo de 2026

El precio a pagar/Tough Guy (Game Changers 3), Rachel Reid


La estrella del hockey profesional Ryan Price puede ser un jugador agresivo, pero fuera del hielo lucha contra la ansiedad. Recientemente traspasado a Toronto, está decidido a empezar de cero en el dinámico barrio LGBTQ+ de la ciudad. Lo último que espera encontrar en su nuevo vecindario es un recuerdo de su pasado en la fabulosa forma de Fabian Salah.
Fabian, aspirante a músico, detesta el hockey. Pero eso no le impide sentirse atraído por un defensa de barba pelirroja. No ha olvidado el beso que casi se dieron en el instituto, y la química entre ellos no ha hecho más que intensificarse.
Fabian está más que feliz de ser el guía de Ryan en la escena gay de Toronto. Entre discotecas y exposiciones de arte, y el sexo más increíble, Ryan siente algo que no había experimentado en mucho tiempo: alegría. Pero desempeñar el papel de peso pesado en el hielo ha pasado factura a su cuerpo y a su mente, y un futuro con Fabian puede significar colgar los patines para siempre.
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Bajo los efectos febriles de haber leído Heated Rivalry me lancé sobre el resto de libros de la serie porque, obviamente, tenía que leer The Long Game (la continuación de la historia entre Ilya y Shane). De paso, tampoco estaba mal ampliar mi repertorio de sporty melofós, que ya sabéis que son de mis maromos literarios favoritos. Pues nada, tendré que esperar a otro libro porque de este no me llevo nada más que un chasco.

Ojo lo que he disfrutado

Ryan Price colecciona equipos de hockey en los que ha jugado como yo colecciono ex maromiales. ¡Incluso ha sido compañero de nuestro adorado Ilya! Pero cada dos por tres lo traspasan. No es un estrellón pero es un jugador solvente que no deja a nadie indiferente, entre su físico de tiarrón enorme que te da una hostia y te viste de torero y su posición como defensa del que se espera casi exclusivamente eso, que se líe a dar hostias. El público vibra cuando Ryan reparte estopa pero lo que la gente no sabe es que el mozo no adora el hockey precisamente, tiene a la ansiedad como eterna compañera y, además, no oculta entre sus compañeros que es gay, lo que le hace objeto de acoso, incluso de estrellas de su mismo deporte como Dallas Kent o Troy Barrett. Traspasado de nuevo, esta vez a los Toronto Guardians, decide intentar relajarse un poco, se va a vivir al barrio queer de la ciudad... y se encuentra con su crush adolescente.

Ryan mirando a Fabian

Fabian Salah se cae de culo cuando ve entrar a Ryan en su trabajo. El jugador ya no es ese chaval tímido que su familia alojó en casa pero sigue despertando en él las ganas de rechupetearle hasta el DNI. Cuando era adolescente, Fabian pensó por un momento que podría haber algo entre ambos pero cómo iba a estar ese tochaco de hombre a fijarse en él, un chico gay poquita cosa que pasaba desapercibido. Ahora, Fabian no se esconde y no oculta su gusto por lo distinto, por llamar la atención, por el encaje, el eyeliner y el joyerío (las haggards no podemos objetar nada a su gusto) pero lo pone al servicio de su arte, ya que es compositor y cantante.


Y, por lo visto, Fabian también hace llorar a los ángeles cuando canta pero no por lo mismo motivo que Leonardo Dantés. Fabian ha recorrido mucho desde que era un chaval y su familia alojaba jóvenes jugadores de hockey y no va a dar un paso atrás ante Ryan. Él es como es y, además, odia el hockey, así que Ryan, jugador y heteruzo, es veneno puro. Pero, ay, cuando Ryan le cuenta que de hetero no tiene nada...

Dos tazas de Ryan para Fabian

Pues yo me moriré de muchos venenos pero del de este libro, no, porque no me ha gustado. Obviamente (al menos para mí) después de la historia de Ilya y Shane ni Henry Cavill dejando que le toque los abdominales me iba a dar tanta satisfacción pero tampoco pido yo mucho, con que este fuera cuqui me bastaba. Ryan Price, tan grandullón pero tan tierno y traumatizado, ha hecho su parte, pero Fabian... Ay, Fabian, qué insoportable eres.


Nada, que no me ha entrado de ningún modo este hombre, me ha parecido un egoísta que no está dispuesto a moverse lo más mínimo por Ryan, mientras que este cambia todo por amor. Entiendo que Fabian arrastra su pasado y le ha costado mucho llegar donde está pero no he llegado a empatizar con él en ningún momento, no he entendido el trato que le da a Ryan, que es un amor de hombre que necesita un achuchón y que le quieran mucho y no un egocéntrico al que hacer feliz a base de eterna atención y de tres toneladas de perlas de Majorica. La pareja me ha parecido muy descompensada y, sintiéndolo mucho, no me he creído nada de su historia de amor. Era todo tan extraño, tan ortopédico... Nada, que no he conectado y no he remontado la lectura. Bueno, miento, en el epílogo sí he disfrutado como cochina en charco, pero porque Fabian carece de importancia y hay otros que se llevan la atención, jijiji.

Y Rachel Reid no escribe mal precisamente, no es problema de calidad de escritura, es problema de calidad del protagonista, que no hay Dior que lo aguante. Así que, como Tough Guy no me ha gustado pero Ryan Price, sí, le doy en nuestro Gandymetro...

Besotes para el maromo grandote


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martes, 10 de marzo de 2026

Más que rivales/Heated Rivalry (Game Changers 2), Rachel Reid


Nada interfiere en el juego de la estrella del hockey profesional Shane Hollander.
Ahora que es capitán de los Montreal Voyageurs, no permitirá que nada lo ponga en peligro, y mucho menos su sexy rival, a quien le encanta odiar.
El capitán de los Boston Bears, Ilya Rozanov, es todo lo que Shane no es. Autoproclamado rey del hielo, es tan arrogante como talentoso. Nadie puede vencerlo, excepto Shane. En público, son enemigos. En privado, no pueden dejar de tocarse.
¿Lo más inteligente? Alejarse, una vez que unos cuantos encuentros secretos se convierten en una lucha por mantener su relación fuera de la prensa. La verdad podría arruinarlos a ambos. Pero para Shane e Ilya, el secreto pronto deja de ser una opción...
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"No me parece que Rachel Reid escriba mal pero he estado más entretenida con la rivalidad de Scott con un tal Rozanov que con el resto del libro". Esto escribí hace varios meses en mi reseña de Game Changer, el primer libro de esta serie, serie que leí motivadísima por la reseña que mi querida Bona Caballero hizo de Heated Rivalry allá por 2022, donde dejé este brillante comentario: "Lo tiene todo para que me guste, así que me la apunto ya mismo!". Ya veis cómo son mis motivaciones, que tengo muchas ganas de leer algo y lo leo cuatro años más tarde... Y me puse finalmente con Heated Rivalry porque se hizo la serie y no quería yo llegar a los maromos catódicos sin haber conocido a los literarios antes.

El sentir general de las cuatro lectoras que nos quedan

Todo esto viene porque parece que no sacaba hueco para este libro pero desde que lo leí en diciembre de 2025 hasta ahora mismo que escribo esta reseña me he caído en la marmita de los Hollanov y de ahí no salgo si no es con las patas por delante. 
47 años para 15 tengo

Pero yo soy toda una profesional del reseñeo (...), así que dejo a un lado la serie, echo mano de mis notas de diciembre y... ¡a reseñar a los Ilya y Shane literarios que voy!

Viajamos en el tiempo y en el espacio como si de un Outlander cualquiera se tratara esto pero sin tantas fumadas gabaldonianas. Por ahora nos vamos a Montreal en 2016 a ponernos los patines y echarnos un partido de hockey. Ni dos párrafos pasan y ya sabes que el archienemigo de Shane Hollander, capitán de los Metro Voyageurs, es el capitán de los Boston Bears, el ruso Ilya Rozanov (cuyo nombre ya nos sonaba de dar robar protagonismo molestar un rato en el libro anterior). Esa misma noche se enfrentan en el hielo. ¿Cómo quedan? Pues mira, chica, ni que esto fuera Estudio Estadio. El caso es que, tras el partido, Shane está medio molido en su casa, cansado pero sin descansar esperando a alguien. ¿El de la pizza?

No, el del fiambre ruso

(Bueno, así me imaginaba yo a Ilya antes de perder las bragas por Connor Storrie, que soy muy de Dolph y de Ivan Drago #Viejuna).
Ahí que se presenta Ilya en casa de Shane y no para hablar de logaritmos neperianos precisamente sino para darle a los ritmos penerianos. Tras morirte por el susto y resucitar, ves que Shane no quiere eso, no quiere estar allí siendo objeto de guarreridas a troche y moche por parte de tremendo ruso pero ni bajo aviso de impacto inminente de meteorito querría Shane estar en otro sitio. Un "ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio" en el que Shane e Ilya están involucrados y ocultos... desde hace siete años.

Y todo sin salir del prólogo

Tras llamar al Samur para que resuciten a las de nuevo muertas lectoras, nos vamos a 2008, donde unos jovenzuelos Ilya y Shane se conocen en los Campeonatos Mundiales de Hockey junior. Su fama les precede porque a estos chavales los ojeadores los tienen fichados desde que echan los dientes de leche pero es la primera vez que se ven y se enfrentan. Nuestro Ilya adolescente no conoce a Shane salvo por su fama y, justo por ella, lo reconoce como rival a batir y a odiar, porque nadie puede ser mejor que él. Pero cuando Shane se acerca a Ilya para presentarse, ese chaval majete con sus adorables pecas no resulta tan odiable como el ruso hubiera deseado. Eso no le impide darle pal pelo en el hielo, faltaría más, igual que meses más tarde no le quita gusto a eso de quedar por encima de Shane en el draft y ser elegido por los Boston Bears, el archienemigo equipo de los Montreal Voyageurs, que elige a Shane. Eso los pone a ambos en la misma conferencia, lo que implica que van a verse las caras mucho más de lo deseable. Como alternamos puntos de vista, también podemos ver cómo Shane se caga en tó (educadamente, que es un chico muy correcto) al quedar siempre por debajo de Ilya pero resulta complicado odiarle cuando en las distancias cortas Ilya es más cordial, más amable, más un hombre que un adolescente, más propenso a despertarle calores que las hogueras de San Juan...

Shane y nosotras con Ilya

A base de saltos temporales les vemos ir reencontrándose en competiciones, en grabaciones, en los partidos y tras ellos... Y poco a poco esas ganas de meterse de todo menos miedo se plasmas en actos de meterse de todo menos miedo, lo que lleva a una relación oculta de encuentros sexuales megahot que va removiendo los cimientos, las creencias, las esperanzas y los sueños de Ilya y de Shane. Es que años de sexo maravilloso y prohibido entre dos personas que se tienen tienen cada vez más cariño no pueden quedarse solo en eso, a esa relación puramente sexual se le van abriendo grietas por las que se meten no solo las 🐍 sino también los sentimientos. Aunque, claro, no los gestionan igual...

Stop rait nau

Vale, no os voy a contar yo el libro entero, que me pongo me pongo y parezco Doña Adelaida destripando Cristal (si lo has pillado, la menopausia is coming). Tenía muchas ganas de leer Heated Rivalry desde que leí la reseña de Bona pero no esperaba yo que me iba a atropellar un tren de sentimientos y de amor por esta historia, y aquí me hallo, muerta matada y tan feliz. No es que lleve leyendo romántica tanto tiempo pero a veces parece que ya he leído todo lo que me va a conquistar y a dejar huella, así que encontrarme totalmente absorbida por esta historia, obligándome a dejar de leer porque tenía que seguir con la vida y sin poder dejar de pensar en volver a abrir el libro fue una de las mejores sorpresas que he tenido últimamente. Tan metida estaba en la lectura que tomé tres notas guarras para hacer la reseña, ni un segundo de lectura quería perder (así que esta reseña va a sufrir las consecuencias 😆). He disfrutado enormemente de todo pero, si hay dos cosas que me han enamorado del libro, estas han sido su estructura y, por supuesto, Ilya Rozanov los protagonistas Ilya Rozanov. En cuanto a la estructura, reconozco que no soy especialmente fan de los saltos temporales porque acabo más perdida que Carracuca pero aquí la historia se beneficia de ellos. Con ese prólogo que te deja loca, automáticamente me encontré devorando la evolución de la relación entre ambos, dándome igual los rotulitos que marcaban el lugar y la fecha. La relación entre Ilya y Shane es justo como la narración, un todo que se construye a partir de momentos sueltos que roban y ocultan a la luz del día y en la exposición pública. Con esta narración, Rachel Reid quita mucha paja de la historia y nos hace ver únicamente lo importante sin redundancias (no como en el libro anterior, que te mete en un coma profundo con tantas mierdas de Scott), nos centra en la evolución de los personajes, juntos y por separado, y, si estás tan metida en la historia como lo estaba yo, te zampas los capítulos uno tras otro. Este no es uno de esos libros donde todo va bien y esperas que en algún momento se joda todo, ¡es que estás todo el tiempo sufriendo porque no pueden tener una relación! 

El mensaje que nos deja Rachel Reid

En cuanto a los personajes... Ay, estoy totalmente enamorada de Ilya, por si no lo habéis notado. Ambos son fantásticos, tan distintos y tan complementarios, pero, claro, Ilya es el caramelito y Rachel Reid bien que lo sabe. Él es el que te descoloca en el libro anterior y aquí ya te remata, porque cuando ves una capa rascas un poquito y sale otra más, y otra después. Es un personaje complejo que constantemente lleva un circo de siete pistas que maneja perfectamente hasta que mete ahí a Shane y se le va todo al carajo. La evolución de la relación entre ambos se ve natural (dentro de que cómo voy a saber yo cómo puede ser una relación entre dos estrellas del hockey gays natural), nada forzada, pero no se dejan de lado las contradicciones de ambos personajes, la lucha constante entre lo que creen que necesitan y lo que realmente quieren. Ninguno de los personajes es igual al final que al inicio del libro pero precisamente por la complejidad de Ilya ver su evolución es algo que te deja con el corazón a tope y las patas vueltas. Bueno, y si hablamos de patas vueltas, así es como se te quedan si hablamos de los guarrerismos de este libro...

Aquí me tenéis, en plena lectura

Ay, madre, ¡que me caiga encima un glaciar que me enfríe las calores internas! Si no te gusta mucho leer sexo, tú te lo pierdes este no es tu libro. El sexo es hot, abundante y descriptivo y muchos de esos encuentros suponen un avance en la relación o un descubrimiento importante para los personajes, así que vas al infierno si te los saltas 😂. Pero el libro es mucho más que sexo, es ver cómo se saca adelante una relación que ni sus propios protagonistas podrían haber imaginado. Los momentos sexuales son estupendos pero ay, AY, esos en los que vemos cómo van formándose y asomando los sentimientos en Ilya y Shane... 


No sé si os habéis dado cuenta pero Heated Rivalry ha sido una verdadera delicia para mí, un libro de esos que te engancha desde el principio, va echando raíces en tu corazón y de ahí no se mueven ni historia ni personajes incluso aunque hayas terminado de leerlo. No es un libro aislado dentro del universo de Game Changers, de hecho ciertas cosas que ocurren en el libro anterior tienen repercusión aquí, pero la historia de amor de Ilya y Shane es de esas que cobra vida y supera incluso todo lo que esperabas, de esas que cierras el libro y, aunque quieras, no puedes dejar de pensar en ella. A mí, desde luego, me ha conquistado por completo, por eso se lleva en nuestro Gandymetro...

"Te adoro" en haggardiano se dice "Hollanov"

                               
Bona Caballero, además de unas maravillosas reseñas, hace otra clase de entradas que hay que leer sí o sí. Y aquí se marca una de diez que tenéis que leer, donde repasa la romántica, los boa/boa, los sporty melofó y la serie Game Changers. ¡No os la podéis perder!


COMPARTIR ES EL MEJOR CAMINO PARA QUE UN MAROMAZO LLAME A TU PUERTA
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