El rey de los pescadores de cangrejos, Fox Thornton, goza de una reputación de ligón sexy y despreocupado. Todo el mundo sabe que estar con él es garantía de pasar un buen rato, en la cama y fuera de ella, y así es como lo prefiere. Hasta que conoce a Hannah Bellinger, que es inmune a sus encantos y a su físico, pero parece disfrutar de su... ¿personalidad? ¿Y quiere que sean amigos? Qué extraño. Sin embargo, le gusta demasiado como para arriesgarse a una aventura con ella, así que es mejor ser amigos y punto.Ahora, Hannah se encuentra en la ciudad por trabajo y duerme en la habitación de invitados de Fox. Sabe que es un reconocido don juan, pero son, sin duda, solo amigos. De hecho, está enamorada sin remedio de un compañero de trabajo y Fox es precisamente la persona que la puede ayudar a dar brillo a su deslucida vida amorosa. Armada con unos cuantos consejos cortesía del Casanova oficial de Westport, Hannah se dispone a llamar la atención de su compañero. a pesar de que cuanto más tiempo pasa con Fox, más lo desea. Mientras la línea que separa la amistad del tonteo empieza a difuminarse, Hannah admite que le gusta todo de Fox, pero se niega a ser otra conquista más.Vivir con su mejor amiga debería ser fácil, si no fuese porque se pasea por la casa envuelta en una toalla, duerme al otro lado del pasillo. y Fox fantasea con despertarse junto a ella durante el resto de su vida y... ¡hombre al agua! Ha caído de lleno en sus redes y ayudarla a ligar con otro hombre es una auténtica tortura. Pero si Fox logra enfrentarse a sus propios demonios y demostrarle a Hannah que está dispuesto a todo, ¿quizá lo escogería a él?
Este año voy de chasco en chasco y tiro porque me toca, pero reconozco que, tras leer Sucedió un verano y pasar un ratito estupendo, pensé que con Morder el anzuelo, el siguiente libro de la saga, me iba a pasar lo mismo. Craso error.
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| Mi castigo por tener esperanzas |
Hannah Bellinger y Fox Thorton se conocieron en el libro anterior, ese en el que Hannah abandona Los Ángeles para acompañar a su hermana Piper en su exilio y esta se enamora de Brendan, el mejor amigo (y jefe) de Fox. Como no iba a estar Hannah de sujetavelas, Fox la entretiene.
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| Con sus encantos |
Ya veo que le precede su fama de follardín... Pero no, no la entretiene de ese modo porque Hannah no es una de esas mujeres de usar y tirar que Fox se trinca cada vez que le pica la cola. Hannah es intocable y por eso, aunque a Fox le atrae la chica, sujeta su nardo y se hace amigo de ella. Hannah, que no es una sandía y tiene ojos en la cara y sensibilidad en el xirri, también siente atracción hacia Fox pero, como ni puede imaginar que semejante maromazo pueda mirar a una chica normalita como ella con afán guarreril, se conforma con ser su amiga y descubrirle el fascinante mundo en el que vive, el de la música y el coleccionismo.
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| Me encanta |
Conmigo ya vamos mal por ese camino porque, no os ofendáis si sois megamelómanos y coleccionistas, pero no he conocido gente más coñazo que los que solo hablan de discos (bueno, los que solo hablan de cine son primos hermanos en el sopor) y Hannah es una de esas personas. Pero bueno, cada una tenemos lo nuestro y, además, lo que a mí me interesa es el pichabrava encantador de Fox, así que cogí el libro con muchas ganas por él. Pues las ganas por la ventana porque ha sido una lectura mñe, plana, sosa y que aún no sé qué nos cuenta para ser tan larga (realmente no es muy larga pero se me ha hecho eterna). Resulta que Hannah y Fox han estado en contacto durante los siete meses que pasan entre un libro y otro, contacto mensajeril de ese que te hace tener mariposillas en el estómago cuando recibes un Whatsapp. Por unas romance reasons de lo más forzadas, Hannah acaba viviendo en casa de Fox y, aunque la cola de Fox da saltos de la alegría, Hannah es intocable y Fox tiene que mantenerse dentro de su papel como amigo, incluso ayudarla, si es necesario, a que conquiste al maromo del que Hannah está colgada. ¿Y por qué Fox no puede hacer ningún movimiento con Hannah ni meterle de todo menos miedo cuando es lo que ambos desean? Pues porque sus bajos han tenido más tráfico que Despeñaperros y esa fama perjudicaría a la adorable e intachable Hannah.
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| Me tenéis convencidísima |
Más de treinta años tiene el chaval y está maduro de tener el culo duro. El libro es un constante recordatorio de lo que lastra a Fox su fama de ligón, una fama contra la que no quiso luchar cuando pudo y a cuyos brazos se lanzó, y un constante recordatorio para Hannah de que su amistad con Fox puede ayudar al mozo y, de paso, hacer que sea su pareja. Porque eso es el libro, ver cómo pasan de la amistad al amor y cómo ambos asumen que se han enamorado, no hay más. Por cierto, que te venden Morder el anzuelo como un friends to lovers cuando no lo es, porque estos son friends porque no han podido ser lovers antes y eso hace el friends menos friendly y más guarry de lo que realmente es. El libro se me ha hecho largo, pesado y repetitivo, con mucho pensamiento y muy poquita acción. Lo único que ocurre es la evolución personal de Fox, ya que la de Hannah queda en un plano secundario, ni siquiera lo que se supone que era más importante (su relación con Sergei o su trabajo) tiene el peso esperado. El libro es Fox pero el Fox de esta historia es un Fox deslucido y sin encanto, muy alejado del que conocimos en el libro anterior. Como lo suyo son los guarrerismos, Hannah le frena para que no piense que solo quiere eso de él, así que tampoco tenemos muchas secuencias sexuales (y las que hay tampoco me han parecido la bomba, son un poco ortopédicas).
Y todo esto alargado innecesariamente, que no había llegado a la mitad del libro y no sabía qué más nos quería contar la escritora, con tanto dar vueltas a lo mismo y sin que ocurriera gran cosa. Es un libro que no supera la comparación con el anterior y muy probablemente por eso mi opinión se ve afectada, ya que el anterior me pareció sexi y divertido, y este, a su lado, ha sido soso y aburrido. Aquí ocurren pocas cosas que no sean internas de los personajes, lo que les ocurre fuera no me ha interesado y lo que les ocurre por dentro... pues casi tampoco. Entiendo que es un libro más sentimental y de evolución personal pero no he sido capaz de creerme nada de lo que nos cuenta ni de entender por qué los personajes no podían estar juntos casi desde el principio, teniendo en cuenta que son adultos y no adolescentes.
En fin, que Morder el anzuelo me ha parecido un bluff, un libro soso, que no cuenta nada, aburrido y que consigue quitarle la gracia a un personaje que me encandiló cuando lo conocí en el libro anterior. Me lo podía haber ahorrado.
Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...











