Tras 900 años de exilio en las áridas tierras de Alaska, Zarek, el cazador oscuro, regresa a la civilización por un tiempo. Durante ese período logra cabrear tanto a Artemisa y Dioniso que éstos acaban exigiendo su muerte. Pero el líder de los cazadores oscuros, Acheron, insiste en que tenga un juicio justo. Artemisa accede de mala gana a que Astrid, diosa de la justicia, sea quien decida si Zarek tiene alguna cualidad a su favor que le redima. Para que nada influya en su decisión, Astrid es privada temporalmente del sentido de la vista.
Criado como esclavo y habiendo sufrido constantes abusos toda su vida, Zarek jamás conoció la bondad humana. A estás alturas poco le importa lo que piensen de él, por lo que disfruta molestando a todo el que se le pone por delante... lo que significa que la amable y dulce Astrid le tiene completamente desconcertado. Pero Astrid no pierde la calma por mucho que Zarek refunfuñe y enseñe los dientes. Y será finalmente a ella a la que Zarek abriá una puerta que creía cerrada hace mucho tiempo.
¡Estoy muy orgullosa de mí misma porque esta vez no han pasado años entre mis lecturas darkcazadoriles! Yeah! Y es que gracias a Dior que está Vero de Mi Rinconín de Lectura para tirarme de los visones y embarcarme en un buddy read de esta serie con ella, porque esta serie me da más pereza que depilarme en invierno (y no sé por qué). Y eso que el Cazador que nos tocaba ya me había llamado la atención
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| Vamos, jamelgo, que mi edredón no se calienta solo |
Zarek de Moesia es el Cazador renegado, el que, en lugar de saludarte, prefiere arrancarte la cabeza de cuajo, el odiado y repudiado por sus compañeros. Por desgracia para ellos, sigue siendo uno del dark team y Ash lo saca de su exilio en Alaska si es necesario. Y justo fue necesario en El abrazo de la noche, donde conocimos a Zarek. Ahí, como renegado que es, se pasó varias veces por el forro del abrigo las reglas de Aquerón y, tras un incidente
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| Zarek himself |
Y es que Artemisa (a la que por aquí vamos a empezar a llamar ArtiPuti) quiere que muera pero Ash-el-que-vela-por-las-causas-perdidas consigue que Zarek sea juzgado. Y para eso eligen a Astrid, una ninfa hija de la Justicia que se dedica a eso, a juzgar, y es más dura que la pata de mi cama, nunca declara a alguien inocente. Una vez estuvo a punto de hacerlo porque se dejó llevar por el
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| Aquí hay un pisto que ni en Cristal |
Y esto es lo que os cuento de este libro. Básicamente sigue el mismo esquema que los anteriores (y por anteriores me refiero justo al anterior porque, como ya os comenté, hace tanto que leí los otros que ya es un milagro que me acuerde de los protagonistas). Durante todo el libro nos vamos a dedicar a varias cosas:
1. sufrir por Zarek para que no lo maten;
2. sufrir por Ash;
3. sufrir por Zarek al conocer su horripilante pasado;
4. sufrir con Ash;
5. sufrir por Zarek porque no echa un polvo con Astrid;
4. sufrir por Ash como colofón lecturil.
Y chimpún. Retomamos la historia de Zarek justo en el mismo punto en el que la dejamos en el libro anterior y sufrimos. Luego vemos cómo Ash y ArtiPuti llegan a un acuerdo, se lo transmiten a Astrid y sufrimos. Luego vemos que ArtiPuti es una puti y que Zarek está en peligro y, adivinad, sufrimos. Y mientras Astrid y Zarek se conocen (sufrimos) y descubrimos el pasado de Zarek y vemos lo mal que lo pasa Aquerón y SUFRIMOS COMO PERRACAS.
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| Cuanto más sufro, más disfruto #MasocaModeOn |
Al menos ése ha sido mi sentimiento general. Y es que Zarek tuvo el pobre una vida humana peor que la de los bichos que vivían en las letrinas romanas. Cuando se convirtió en Cazador Oscuro no lo pasó mejor ya que siempre ha sido el renegado (cosas de ser un asesino), al que únicamente dirigían la palabra dos compañeros, Ash y Jess Sundown. Pero obviamente Astrid entra en su vida y, tras no querer roce con ella, va a tener roce y cuatro tazas más. En ese aspecto, este libro es mucho más romántico y menos guarreril que el anterior. No es que no haya refrote, por favor, con lo palotes que se ponen estos mozos, pero Zarek ha recibido tanto odio en su vida que, cuando consigue algo de cariño, lo disfruta y lo mima y lo adora y Sherrilyn Kenyon se centra más en ese aspecto. Y a esta haggard que os escribe le parece estupendo, que en el libro anterior me sobró guarrerismo. De hecho en determinados momentos me ha parecido hasta algo cursi porque vemos cierta moñización de Zarek. Y es que si ha habido una cosa que me ha sacado de quicio han sido las constantes citas a El Principito. Me vais a permitir la licencia tipográfica pero DEJAD DE DARME POR CULLEN CON EL DICHOSO PRINCIPITO QUE ME SACA DE LUGAR Y ME PARECE MOÑAS Y VOMITO ARCO IRIS. ¡HOMBRE YA!
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| Anda y métete El Principito por el ojal |
Aún así hay más sufrimiento que moñismo, faltaría más. Se va intercalando el presente con fragmentos del pasado de Zarek, lo que sirve es para echarnos un poco más de sal en la herida y sufrir/disfrutar más con él. Además, vamos descubriendo más cositas sobre Ash para mantenernos con la intriga y tenerle tanto amor como odio le tenemos a Artemisa (ArtiPutiiiiiiiiiiiiiii, I hate you). También la escritora nos presenta nuevos personajes y nuevos tipos de bichos, lo que contribuye a que mi cerebro vaya camino del petamiento entre apolitas, katagarianos y su fruta madre en bicicleta (por lo que os ruego que me perdonéis si se me ha ido la raza de alguno en la reseña, una ya no está para tantos trotes paranormales). La gran ventaja que tiene esta serie es que al menos no está escrita de un modo que nos haga más complicada aún la lectura (bastante tenemos con ubicarnos en todo lo demás). El lenguaje muy sencillo, directo, con expresiones diarias y malsonantes (que a mí me chocan pero me encantan). Hay notas de humor sueltas, en algunos diálogos y sobre todo en este libro gracias a Simi y Sasha (por supuesto soy fan de ambos, especialmente de Simi, que adora a ArtiPuti hasta límites insospechados).
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| El deseo más íntimo de Simi y de las fans de Aquerón |
Sin embargo, no todo ha sido maravilloso leyendo este libro, me ha pasado algo similar a lo del libro anterior. Me parece que la trama se va desarrollando estupendamente hasta que se empieza a ejercer el sublime ejercicio del roce amoroso y ahí se empieza a estancar la historia. Para mi gusto, Sherrilyn Kenyon alarga innecesariamente esa parte y, además, acaba resolviendo todo de un modo excesivamente fácil y rápido, demasiado teniendo en cuenta el pisto que hay montado. Debo reconocer, tapándome los ojos y distorsionando mi voz para que no me reconozcáis y me tiréis tomates, que me cuesta que estas historias me lleguen al corazoncito. Lo paso fatal con las partes del pasado, disfruto mucho de la lucha y de las relaciones entre los Cazadores y los demás bichos, pero no logro conectar igualmente con las historias de amor. Zarek y Astrid me han parecido una pareja muy bonita pero mientras Zarek se llevaba mi corazón desde el principio, Astrid me ha parecido un personaje más plano, menos interesante, más olvidable. En fin, que aún no he hecho la croqueta con ninguna pareja.
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| Más pity tienen mis bajos |
A pesar de todo, siempre es muy entretenido sumergirte en el universo de los Cazadores Oscuros y, de todos los que llevo leídos, éste me ha parecido el más completo. Es muy ágil, muy entretenido, te hace sufrir y estar con el alma en vilo y te deja con una sonrisa en la boca por una parte y con la lagrimilla por otra. Si ya la historia de amor me hubiera encandilado habría sido estupendo. Al menos me ha gustado lo suficiente como para seguir leyendo la serie (y es que, queridas, Ash me tiene bien pillada por los... sentimientos, ejem).
Por todo esto y mucho más le damos a Bailando con el diablo en nuestro Gandymetro...
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| Zarek, yo te doy mi fuego bajeril para derretirte el corazón y la boa |



















