lunes, 21 de septiembre de 2015

Odio en el paraíso, Sandra Brown


Schyler Crandall, hija adoptiva del poderoso propietario de un imperio de explotación forestal en Luisiana, abandona el hogar al sufrir la mayor humillación de su vida: su hermana anuncia en público que está esperando un hijo del novio de Schyler. Seis años después, la joven regresa y se ve envuelta en una maraña de intrigas provocadas por la cotidicia de su hermana y por las deudas de juego de su ex novio. Sin embargo, la presencia de Cash, un enigmático cajún de temperamento rudo y apasionado, dará un vuelco inesperado a su vida...


Queridas, lo decimos muchas veces pero hay que repetirlo muchas veces más: teneros como lectoras es un lujazo. A pesar de los diferentes criterios (que si los Malory son una kk, que si estás como las maracas de Machín por pensarlo, etc.) y de las diferencias irreconciliables (que si Grey es lo mejor del Universo, que si estás borracha por pensarlo y la mitad de nuestros maromos de libro se mean en él), a pesar de todo, nos queremos mutuamente.


¡Os ha salido la carta del amor moñas!

Sí, sí, hay que decirlo, nos queremos. Porque a pesar de todo eso aquí hay el suficiente amor (amor guarrer no, eh) como para que muchas perdáis un ratito en recomendarnos libros. Y resulta encima que nosotras os hacemos caso y, ¡tachán!, librazo que nos arreamos. Y eso es justo lo que ha pasado con Odio en el paraíso, todo un culebronazo de los que a mí me gustan.


Extasiada me hallo, oye

Schyler Crandall regresa al hogar familiar de Lousiana después de seis años de exilio voluntario en Londres. ¿El motivo de la huida? La infidelidad de su novio Ken con la perra de su hermana Tricia. ¿El del regreso? El infarto que estuvo a punto de llevar a la tumba a Cotton, su padre adoptivo. Schyler vuelve a estar junto a su padre y, mientras tanto, a meter las narices la vida familiar de la que salió huyendo y en su empresa maderera (lo que le va a poner en peligro su vida, directamente). Y como hablamos de meter, qué sería de ella si no se la metieran encontrara un incentivo asjhadjkhfdjak por el camino. Aquí, de hecho, ella encuentra poco, es la megaboa hipermasculina de Cash Boudreaux la que la encuentra a ella.


GrrrrrrrrrrrrrrAsíEstamosTodasGrrrrrrrrrrrrr

La primera aparición de Cash Boudreaux es un sueño mojabragas y lo sabéis. Él es cajún y el semental de la zona, del que puedes obtener los mayores placeres ajfkhakjda pero ni una palabra de cariño. El bastardo Cash hace lo que le da la gana cuando le da la gana y Schyler Crandall ha sido durante mucho tiempo un objetivo boíl que ahora no está dispuesto a dejar pasar.


Tranqui, Schyler, que Cash va a coger todo lo que quierakklajdfklaj 

Queridas, este libro es total y absolutamente un "chechiflín". Sí, una peli de ésas en las que hay intriga y además unos buenos polvetes con música de saxofón de fondo (como debe ser en una novela de los 80). Es una mezcla entre Retorno a Edén y True Blood y leemos con el calor pegajoso de Louisiana por todo el cuerpo. Con ese calor las neuronas deben estar reblandecidas y así salen la mayoría de los secundarios. Son extraños, pervertidos, tarados, ambiciosos, despojos de la humanidad, gente maltratada hasta la infinidad y, aunque no lo parezca, gente noble, que también hay alguno. Eso sí, el modo en el que se narra todo es como si te dieran una hostia bofetada.


Sandra Brown, la Bruce Lee de los pistos sureños

No hay sutilezas ni moñismos de ésos. Aquí se habla directo y claro y no nos referimos a Cash, que es más bruto que un bocadillo de esparto. No, es el modo de narrar, directo, crudo, sin irse por las ramas (¡megafan!). Pero vamos, tanto resume Sandra Brown que al final se olvida de contarnos más detalladamente cómo se resuelve todo.


Qué pena, estaba tan cerca del culebrón perfecto...

Según se va desarrollando la trama vamos abriendo las piernas el abanico de personajes y dedicando algo más de tiempo en conocerlos (que qué asco la mayoría, por Dior). Éste es un mundo de débiles que hacen parecer a los protas más fuertes aún (y eso que Schyler tiene unos sopapos y la historia personal de Cash es de ponerse a llorar a moco tendido pero se cuenta sin regodearse en ella, lo que hace que adoremos más a Cash). Porque sí, aquí se adora a Cash (o se le odia, que no hay término medio). Que sí, que es un bruto y que blablabla. ¡Hombretones asi quiero yo en mi cama vida! ¡Que se dejen de charleta y me demuestren lo que vale un peine! (hablando en guarrer, claro). Ah, y encima esto.


Sí, Cash también es del club "Nos meamos en Grey"

Yo poco más os puedo decir, salvo que me ha encantado la novela y el estilo de Sandra Brown. Eso sí, os digo que si buscáis la típica novela romántica aquí no la vais a encontrar. Éste es un mundo de cab**ones y de duros y los duros no destapan su corazoncito (si lo tienen) hasta el final. Aquí no hay flores ni paseos cogidos de la mano ni historias ñoñas. Aquí hay una historia de deseo, de ambición, de odio y de amor intensa y más ochentera que mis carpetas del instituto. Vamos, un culebrón de lujerío con sudores pegajosos. ¡Justo lo mío!

Por todo esto y mucho más, le damos en nuestro Gandymetro...

Cash, dime oui y te doy el mundo (y la llave de mi cabaña)


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jueves, 17 de septiembre de 2015

El escandaloso matrimonio de Lady Isabella (MacKenzies & MacBrides 2), Jennifer Ashley


Lady Isabella Scranton escandalizó a la sociedad londinense la noche de su baile de presentación al fugarse con el atractivo sinvergüenza lord Mac Mackenzie. Tras varios años de turbulento matrimonio, volvió a escandalizar a todo el mundo, en esta ocasión abandonándole. Casi cuatro años después Mac se ha reformado, convirtiéndose en un hombre todavía más carismático que antes, cuya única meta es recuperar a su esposa; traerla de vuelta a su vida, a su casa... y a su cama. Y está dispuesto a comportarse como el intachable caballero que no es, si de esa manera lo consigue. Pero un peligro les acecha. Aparece en sus vidas un hombre muy parecido físicamente a Mac, capaz de imitar el peculiar estilo de sus pinturas, que quiere suplantarle en todos los aspectos de su vida y pretende incluso arrebatarle a Isabella. Ese canalla va a poner en peligro su prestigio, su fortuna e incluso su vida...


Ay, los hermanos MacKenzie, cómo prometían en la primera entrega de esta serie de novelas... Porque junto a Ian, Cameron y Mac tenían una historia detrás que se dejaba ver un poco entre las aventuras del loco MacKenzie y Beth. 

Los MacKenzie a punto de enseñar la flor de su secreto

Cuando conocí a Lord Ian, me llamó mucho la atención la relación entre su hermano Mac y su mujer, Isabella. Estaban separados aunque se veía que ahí todavía ardían bajos enagüiles y kilterianos, porque ojo cuidao con Mac: viste kilt frecuentemente y le gusta ir a boa suelta, cosa que todas aplaudimos. De hecho, el tío se dedica a pintar y lo hace a pechote descubierto y ataviado con la falda escocesa que tanto nos hace imaginar. 

Soy diestro con la espada, la boa y el pincel, que viene a ser lo mismo, lassies

El caso es que estaba deseando ver qué había pasado entre este tiazo y su encantadora esposa y cómo se iban a reconciliar, porque de eso tenía que ir la novela. Y jodó si se reconcilian... Para mí ahí está el fallo: esperaba mucha tensión sexual entre ellos tras varios años sin hablarse ni catarse mutuamente. Pero es recuperar el diálogo y a la Isabella le falta tiempo para agarrar crema pastelera y ponerla de guarnición en la boa de Mac (y esto es literal). Pero vayamos por partes.

Advierto que le voy a dar palos a esta novela, eh

Cada capítulo comienza con un fragmento en plan el diario de Lady Confidencia (ay, Jennifer, que te has copiado de Julia Quinn) pero con menos gracia, y que nos sirve de referencia para saber cómo se desarrolló la relación entre Isabella y Mac al principio. Lo malo es que eso hace la función de flashback sin ser suficiente en cuanto a la información que da. Cuando leía esta novela recordaba la gran Acuerdos privados, donde el uso del pasado se alternaba de forma magistral con el presente para darnos a conocer todos los detalles de lo que pasó entre la pareja protagonista. Jennifer Ashley prefiere dar pinceladas, que no digo que esté mal, pero deja la historia bastante coja. Por otra parte, lo que en La locura de Lord Ian MacKenzie era una virtud, aquí es la gran cagada: la trama de intriga. No puede ser más tonta ni más ridícula, en serio. La usa para que Isabella y Mac vuelvan a hablarse y a frungir, que muy bien, pero ya podría haber buscado otro argumento.

Jennifer: estás a un paso de entrar en el Club del Porro

Como ya he comentado, una vez que se dirigen la palabra, empiezan los diálogos con segundas y primeras intenciones, cosa que promete, pero Jennifer no se recrea en esto (¡mal!), sino que va demasiado directa al tema sexual, si bien los personajes aún tienen mucho que limar para dejar de lado la simple relación carnal y volver a confiar el uno en el otro. La autora ha desaprovechado una buena historia sobre una pareja que comparte un pasado con tintes dramáticos y hasta trágicos, y no desarrolla tanto ese "escandaloso" matrimonio que da nombre a la novela. 

¡Menos resumir y más explicar, coñio!

Así que, para mí, ha sido una decepción. Los protagonistas no son malos, sino que están mal explotados y, no me matéis, me he llegado a hartar de tanto trocotró sin más.. Mira que Lord Ian iba al tema, pero esa novela tiene algo de lo que ésta carece, no sé cómo explicarlo... le falta "alma". Hubiera sido mejor quitar la tontería del falso Mac y haber contado más del matrimonio antes de separarse. Lo único que sí voy a pedirle a Mac es lo siguiente (que una no es tonta del todo):



De todas formas, lord Cameron, cuya historia pasada y futura se vislumbra en las dos anteriores novelas, me hace ojitos... ¡Habrá que leerlo!

Por todo esto, recibe en nuestro Gandymetro...

Mac, te doy dos Gandys por tu manejo del pincel 



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lunes, 14 de septiembre de 2015

Simplemente irresistible (Chinooks Hockey Team 1), Rachel Gibson


Georgeanne Howard, una encantadora belleza sureña, deja a su prometido plantado en el altar cuando se da cuenta de que no es capaz de casarse con un hombre que podría ser su abuelo... por mucho dinero que éste tenga. John Kowalsky, inconscientemente, la ayuda a escapar... hasta que se percata de que se está fugando con la novia de su ¡¡¡jefe!!!... pero ya es demasiado tarde para dar marcha atrás.En lo más alto de su carrera, esta rebelde estrella del hockey no quiere ser el salvador de nadie –salvo de sí mismo– y no importa lo bella que la dama en cuestión pueda ser. Lo malo es que les espera una larga noche por delante –una noche demasiado ardiente como para resistirse a la tentación.Años más tarde, Georgeanne y John vuelven a encontrarse. Ella parece haber tomado las riendas de su vida y él ha dejado atrás sus días de juerga. Pero se queda completamente asombrado cuando se entera de que esa noche inolvidable con ella tuvo como fruto una preciosa niña, Lexie –su hija–, y está decidido a formar parte de su vida.Georgeanne ha amado a John desde el momento en que se metió en su Corvette rojo siete años atrás, pero no quiere volver a arriesgar su corazón en el intento. ¿Realmente se ha convertido en un hombre nuevo? ¿Será capaz de enfrentarse a la furia de su jefe, perdiendo su última oportunidad de alcanzar la gloria, para demostrar que esta vez su amor será para siempre?


¡Oh, qué problemas tiene ser una novata en esto de leer novela romántica! No has leído esto y es un sacrilegio, no has leído lo otro y lo que te estás perdiendo... ¡Yo lo que quiero es leer como si no hubiera hubiera un mañana!


¡Ojalá! Y una de las vidas, a leer nada más

Pues una de esas cosas que me estaba perdiendo por haber leído tan poco es la obra de Rachel Gibson, cuyo nombre había escuchado pero de la no sabía nada hasta que leí este post en el blog Romántica, no rosa. Y claro, yo veo que es tipo SEP y ya estoy dando palmas con las orejas.


A Renly también le gustan los deportistas sudorosos

Georgeanne Howard es una chica de Texas y a mucha honra (que anda que no lo repite veces). Oculta algunos traumas bajo su rutilante fachada de mujer buenorra (esto es, tiene dos tetas como dos carretas y un cuerpo con más curvas que un circuito de Fórmula 1). Todo el mundo tiene derecho a equivocarse y Georgeanne no es menos que nadie, por eso huye de su propia boda con el viejuno dueño de un equipo de hockey. En esa huida es ayudada por John Kowalsky, un machote que encuentra irresistible a la charlatana sureña y que es el jugador estrella de cierto equipo de hockey a cuyo dueño acaban de plantar en el altar...


¡Ooooiiiiiisssss! ¡Pistos ricos, pistos ricos!

Pues estos pistos no son nada comparados con los que nos encontramos siete años después, cuando Georgeanne y John se reencuentran, muy cambiados en algunos aspectos pero iguales en otros. Y con un lazo irrompible: las ganas de fo**arse una hija. Y con un problema: John no lo sabe.


¡Toma! Esto se pone cada vez mejor

Sí, ¿verdad? Esta historia tiene todos los ingredientes para gustarme. Unos protas que se acercan y les arden hasta las pestañas, con diálogos ingeniosos, un reencuentro, una niña no pesada, unos traumas arrastrados... Entonces, por favor, ¿me explicáis por qué no me ha gustado?


Bueno, tampoco es para tanto

Vamos por partes. Georgeanne es como Tristón, que sólo quiere un amiguito que la quiera y, cuando conoce a John, se queda patidifusa porque vaya pedazo de maromo, de volverte las bragas del revés con la mirada. Pero John está a otras cosas (no es que sea gay, eh, es que no quiere los jaleos que le puede traer un ñiqui ñiqui con ella) y prefiere no acercarse al fuego, que luego se hace pupa. Pero el abuelo de él (sí, hay un abuelo que no vale para nada -en la novela, digo, que el señor es muy majo-) le pone las cosas en bandeja y si a eso le sumas las artimañas de Georgie...



Soy John, me he tirado a Georgie al fuego

De aquellas noches locas vienen estas niñas, todo el mundo lo sabe. Y resulta que John quería ser papi desde hacía mucho tiempo así que no está dispuesto a renunciar a Lexie (que así se llama la hija) ni de co*a y esto nos abre la puerta a los mejores momentos del libro: los de la niña y los que pasa con su padre. La niña es como Shin Chan cuando se traviste y tiene unas ocurrencias desternillantes. Y una niña así es capaz de sacar lo mejor de un hombre rudo como John.


Todo sea por ganar una hija

Y, obviamente, todo esto con John poniéndose palote cada vez que le ve el escote a Georgeanne, porque no se nos puede olvidar que aquí hay una historia de amor de fondo, ¿no? Pues chica, a veces no lo parece.


¿¡¿PERO QUÉ ME ESTÁS CONTANDOOOO?!?

Pues eso, que aquí se cuenta todo como con mucha mala leche por todos los lados, te cuesta ver el amor bajo tanta dureza y encabronamiento. Entiendo que John sea un tío duro (que vaya experiencias ha vivido el pobre) y me encanta, no me quejo. Pero lo hace tan sumamente duro que muchas veces cuesta tenerle simpatía. Y yo se la he tenido pero siempre era todo como un intento que no llegaba a anidar como debe ser en mi corazón, que busca hombres duros pero que se dejen querer. ¡Que John, tú no te dejas, jodío! ¡Mucho decir que el escote te pone calentorro pero de ahí no sales! Y con Georgie me ha pasado lo mismo, estaba ahí que la entendía pero es que no me terminaba de llegar. 


Eres raruna si no te ha gustado, Kim

No es que la haya odiado, es que me ha parecido todo un "quiero y no puedo". Hay que decir que es la primera novela de la Gibson y que, a su lado, lo que yo escribo es un prospecto de crema de hemorroides. Y vaya por delante que esta novela le encanta a todo el mundo menos a mí (y a Gema, nuestra sweetie, que la leyó conmigo #RarunasPower). Y tengo que reconocer que me sorprendió y gustó que se trataran (aunque fuera de pasada) temas muy duros. Lo mismo es problema mío, que esperaba algo más dulce, pero me pareció que era todo muy brusco, que te lanzaban las situaciones a la cabeza sin delicadeza alguna y eso no me terminó de convencer.


De la Gibson para Kim, con todo su cariño

Simplemente irresistible ha sido para mí de todo menos irresistible. Una historia mezcla de Susan Elizabeth Phillips y Judith McNaught que se queda en una imitación de ambas aunque con buenas intenciones y algunos momentos destacables y en la que el cariño y la ternura quedan eclipsados por el encabronamiento.
(De todos modos yo leí ésta porque quería leer la segunda novela de la serie, de la que hablan maravillas, así que el chasco es menor. Sí, yo soy así)

Por todo esto le damos en nuestro Gandymetro...



John, manejas muy bien el stick pero no como para meterme un gol


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jueves, 10 de septiembre de 2015

Te doy mi corazón (Serie Bridgertons 3), Julia Quinn


Como en el cuento de Cenicienta, Sophie ve una noche cumplirse su sueño. A espaldas de su madrastra, se viste como una reina y acude al baile de disfraces mas importante de Londres. Lo que es más, consigue captar la atención de Benedict Bridgerton, el soltero más atractivo y encantador de la reunión. Sin embargo, pronto vuelve a enfrentarse a su cruda realidad, la de una hija ilegitima, pobre y sin recursos. El destino quiere darle una segunda oportunidad cuando entra a servir en casa de Benedict, aunque el no reconoce en ella a la hermosa joven a la que lleva años buscando. Ella es ahora una simple criada, incapaz de revelarle la verdad. La magia de aquella noche parece perdida para siempre o quizás no?


¡Qué gusto da poder pulirse a unos hermanos buenorros sin parecer una pilingui! Y es que eso sólo se puede lograr leyendo (¡o viviendo en Dinastía!), porque hay que ver las sagas literarias que tenemos... Yo con esta familia tengo para hartarme, entre cuñados y hermanos, que no hay que hacer ascos a los buenorros. Y ahora le ha tocado el turno a Benedict.


Hola, chata

[Ay, Cumblabla, me caes genial pero NO]

Benedict Bridgerton es el Bridgerton Número 2. Una vez pillado Anthony, que es el duque, son Benedict y Colin los que atraen la atención de las jóvenes casaderas y de sus cansinas madres, pero échale tú el guante a Colin (¡qué más quisiera yo!). Benedict, sin embargo, es menos escurridizo, más obediente y, por eso, más coñazo. Sophie Beckett sólo comparte con Benedict la ciudad, porque es una bastarda. No es que yo la insulte, eh, que soy toda finura, es que es la hija ilegítima de un conde a la que éste no reconoce pero tampoco abandona. La tiene como pupila, sin descuidarla pero lejitos. Todo esto cambia cuando el hombre se casa con la hija del demonio Araminta, que, básicamente, odia a Sophie y que aprovecha la muerte del conde para convertirla en su esclava y la de sus hijas.


Pero no sabéis cómo de bitch es

Sophie, la pobre, tan cerca de las maravillas de la vida y a la vez tan lejos. Pero hasta las polillas más insignificantes pueden tener su momento de gloria, ayudadas por unas hadas madrinas, una buena planta y un disfraz. Rodeada de misterio, Sophie vive una noche de ser otra persona y conocer al que, en otras circunstancias, podría ser el amor de su vida...


¡Que tú no!

Benedict queda perraco conmocionado por la bella desconocida (bella porque lo intuye, que realmente le ve media cara, pero es más que suficiente para comer morretejahdskjal) pero Sophie sale por patas a las doce de la noche no sea que el carruaje se convierta en calabaza. Y, tras esa noche, que marcará a ambos para el resto de sus vidas, cada mochuelo a su olivo y Sophie, a la mi**da, básicamente, hasta que dos años después se vuelven a reencontrar, ella como una criada y él como el amor de su vida con el que lleva dos años soñando y que no la reconoce.


La vida es una

Pues sí, queridas, la vida es una mierder con Sophia. No es bastante crecer sin madre, sin padre, sin amor y con una bruja, es que encima tiene que ser una criada (cuando no debería serlo) y se enamora del hombre más inalcanzable con el que se reencuentra esperanzada y, ale, hostión a tu orgullo. Pero mientras la mente de Benedict no la reconoce, su instinto perraquil se despierta cosa mala, haciendo que la sangre se le reconcentre ahí abajo y tenga que tener a Sophia en su cama, a pesar de seguir pensando en la maravillosa mujer de la fiesta de disfraces (aunque no nos vayamos a engañar, que éste no pierde folleteo en cama por fantasía en mano, IYKWIM)

O lo que te dejen, chaval

Me quedé loca cuando vi que la historia es claramente el cuento de Cenicienta, en plan WTF are you telling to me, Julia Quinn? ¿Ya se te han acabado las ideas? Así que leía ya con una ceja levantada y el judging you escrito en la frente. Pero según iba leyendo me fui olvidando del cuento y metiendo en la historia (no te queda otra, porque dime tú a mí en qué parte de Cenicienta se come tetamen, a ver).


¡Ese cuento no lo he leído yo!

No tenía ninguna fe en Benedict, tengo que reconocerlo, y me ha sorprendido muchísimo. No sé por qué me lo había imaginado un poco palo (aunque la verdad es que no sabemos nada de él, pero de los que hemos conocido me parecía el más mñe) y me ha sorprendido, sobre todo por la adorabilidad y sensibilidad que guarda dentro. Me encanta cómo toma el pelo a Sophie y cómo se comporta con ella (ya no digamos en el sofá dormitorio, donde demuestra que será muy educado pero que, cuando la sangre le abandona la cabeza, le abandonan también el decoro y la decencia).


¡Bien por ti y tu picha, Benedict!

Ha estado genial ver lo buen hijo (¡omegafan de su madre again!) y lo buen hermano que Benedict es, sobre todo con Colin (¡¡aaaaaaaaaaayyyy, mi Colin!! ¡Cómo la has cagado! Hago la croqueta de la felicidad ante la perspectiva de que tu libro sea el siguienteajshdajkd). Pero poco más hemos podido ver en este libro, no hay mucha novedad (salvo tener una mala malísima a la que deseas que atropellen todos los carruajes de Londres uno tras otro). Y, claro está, no nos libramos de la cotilla mayor de las enaguas, Lady Whistledown, que sigue con su Sálvame enagüil, aunque esta vez, queridas, nos deja con un cliffhanger digno del mejor de sus cotilleos...


Obi-Wan, sólo tú puedes decirnos qué le ronda a esta mujer

Te doy mi corazón me ha sorprendido muy gratamente, queridas lectoras. Sé que no de las novelas de la saga mejor valoradas pero, aunque he echado de menos más humor, Julia Quinn lo ha suplido con una historia bonita que a mí personalmente me ha resultado muy agradable leer. (Y no, no me ha molestado para nada que se haya pulido La Cenicienta. ¿Quién no quiere vivir un cuento de hadas de vez en cuando?)

Por todo esto le damos en nuestro Gandymetro...


Benedict, quítame el disfraz con los dientes


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lunes, 7 de septiembre de 2015

La novia rebelde (Serie Novias de los Lairds 1), Julie Garwood


Por mandato del rey, el poderoso escocés Alec Kincaid debe casarse con una joven inglesa. La elegida era Jamie, hija menor del barón Jamison, una belleza de ojos color violeta. Alec ansiaba acariciarla, domarla, poseerla.... para siempre. Pero Jamie había jurado que jamás se rendiría a ese bárbaro de las Tierras Altas.Él era todo aquello contra lo cual el corazón de Jamie estaba en guardia: un pícaro arrogante y bien plantado cuyo aspecto rudo insinuaba placeres salvajes. Pero aunque los besos de fuego de Alec encendían su sangre, Jamie se le resistía implacablemente.


¿Cómo se puede pasar en apenas tres días del éxtasis a la indignación más absoluta? Pues leyendo los denominados "clásicos de la literatura romántica". Si mi anterior reseña destilaba amor y devoción por las novelas de antes, ésta ha sacado de nuevo el hacha de guerra que tenía enterrada desde hace tiempo. ¡Esto es un horror de libro! Y ya no hay excusas, porque Una rosa en invierno es de 1982 y La novia rebelde de 1989. Nada justifica este horrendo sinfustismo mal escrito que nos brinda Julie Garwood. A esta perpetradora la voy a poner a la cola de las autoras que hay que echarse al cuerpo sí o sí por ser de las de toda la vida. Juro que no había leído cosa más pobre en cuanto a contenido y forma desde ciertos truños que leí y prefiero no recordar. 

Yo mientras leía este coñazo supremo

Supongo, queridas, que recordaréis cómo se inauguró el Club del Porro: con La novia cautiva. Por lo que se ve, todas aquellas novelas que llevan en su título la palabra "novia" van a ser un desastre. Ojo, la de la Lindsey al menos tenía una redacción aceptable, pero lo de Julie Garwood es otro nivel: el subterráneo. Yo creo que quiso fumarse un canuto para escribir y no tenía marihuana a mano, así que saqueó el cajón de la mesa de estudio de su hijo, dio con el pegamento Imedio y a aspirar para que llegaran las musas. Lo que ella no sabía es que no es lo mismo colocarse con hierba que con sustancias químicas artificiales.


De la sinopsis que ronda por ahí no hay que hacer caso. Eso de que "ella se le resistiría implacablemente" es la mentira más grande que he visto nunca en una contraportada. Pero empezaré por el principio. Se nos presenta a la jovencita inglesa Jamie Jamison como un dechado de virtudes al estilo McGyver, capaz de hacer gestas tales como cazar con arco (que no está mal), curar lo incurable (oig), hablar gaélico (fíjate tú) y algo tan útil como saber montar de pie sobre los lomos de su yegua. Aunque es la menor de la familia y ni siquiera es hermana real de sus hermanas (paso de contar el lío de esa casa, que parece la familia Preysler-Iglesias-Falcó-Boyer), es tan guay del Paraguay que las defiende a todas, las cuales son un hatajo de lloronas insoportables. El personaje de Jamie apestaba a pichotismo desde el minuto uno, y es que me recordaba a esa otra Pichote insigne llamada Megan y protagonista Deseo concedido. Para mí que la Maxwell se fue a buscar la inspiración en los clásicos, pero no tuvo otra idea que agarrar la novela más mala que había, con el amplio abanico que hay para consultar.

Más de una lo está, desde luego

El caso es que a Jamie y a una de las lloronas las casan por mandato real con Alec Kincaid y Daniel Ferguson, dos highlanders temibles, fieros, bárbaros y blablablá. Casi medio libro trata del viaje desde Inglaterra hasta Escocia, y ya la primera noche la supuesta novia rebelde que jamás se rendiría al bruto escocés recibe un besarraco con lengua invasora y le falta tiempo para abrirse de piernas. Me explique usted, señora Garwood, dónde está la resistencia de la gran Jamie indomable, fuerte y cabezona (que para muchas escritoras de romántica esto último es una gran cualidad que da calidad al personaje, y lo que consiguen es que acabes de ellas hasta el cardado, por no decir hasta el toto). Empezaba a sospechar que la historia no iba a mejorar, sino todo lo contrario, y no me equivocaba.



Como era de esperar, al llegar a las tierras de Alec, Jamie sufre el rechazo de algunos por ser inglesa, por ser la segunda mujer de Kincaid y porque la va liando parda con su fuerte carácter aka pichotismo, pero poco a poco se va ganando a la gente gracias a sus grandes cualidades (de verdad, es que me daban ganas de vomitar). El argumento a partir de aquí es el nadismo más absoluto, el vacío total, una sucesión de situaciones sin interés ninguno aderezadas con algún casquete. En el prólogo te presenta un texto en cursiva narrado en primera persona que se supone que es alguien que ha asesinado a la primera esposa de Alec haciendo creer a todos que se suicidó. De vez en cuando hay un párrafo semejante, pero nos importa un pijo quién es porque se intuye desde el principio, no hay misterio ninguno.

Imágenes de la mente de Julie Garwood mientras escribía

La relación entre Alec y Jamie se basa en la nada, sólo en que ambos piensan que, ay, me quiere, ay, lo quiero, ay, no se lo digo, ay, no me lo dice, ay, que si le digo a ella que la quiero soy débil, ay, que necesito que me diga que me quiere... Pichoteces una detrás de otra. Entre tontuna y tontuna, hay follisqueo con algún Scottish breakfast e interrupción del sueño que no salvan la novela tampoco. Personajes planos, incongruencias históricas (dice que los escoceses llevan vestido), mala redacción y lo que ya me ha parecido insoportable es la manera de la Garwood de escribir los diálogos. ¿Cuántas veces se puede decir en una conversación el nombre de la otra persona? Esta señora no tiene límites. Ejemplo: 

-Jamie, blablablá -dijo Alec.
-Blablablá, Alec. Porque blablablá, Alec -dijo Jamie.
-Blablablá, Jamie -respondió Alec.
-Alec, blablablá -asintió Jamie.

Y sustituya usted los nombres propios por "esposa" y "marido" y ya es para pegarse un tiro. No podía más, en serio. Las últimas páginas las he leído en diagonal. Y el final es de vergüenza ajena, primero por la tonta resolución del misterio del asesino, y después por esa reunión al estilo gitano de Deseo concedido con todos los que iban a declarar la guerra a Alec por las pichotadas de Jamie rindiéndole homenaje a la chica por ser la mujer más maravillosa del mundo: curar enfermos, salvar a niños de ataques de jabalíes, rescatar a niñitas de familias que las maltratan y encontrar la piedra filosofal y la cura del cáncer ya si se pone. 

Pues casi

Por todo esto, recibe en nuestro Gandymetro...

Alec, me da igual que hagas Scottish breakfast

P.D.: Sé que en esta reseña digo mucho la palabra Pichote y sus derivados, pero todo sea por dejar claro que de pichotismo va la cosa, ya que no hay otra manera mejor de definir este libro. Y que mi estilo aquí haga juego con el redundante de Julie Garwood. Porque yo lo valgo.


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