Boston, 1721: Delia McQuaid, una joven camarera de origen humilde y vida torturada, ve una salida a su desesperada situación cuando llega a sus oídos la noticia de que un viudo busca mujer para casarse. Delia se cita con el titular del anuncio, Tyler Savitch, y no puede evitar sentir por él amor a primera vista.Sin embargo, Tyler solo representa a Nat, un granjero de Maine con dos hijas, y no está interesado en ningún tipo de compromiso. Así, Delia acaba siendo la esposa de Nat, quien sigue profundamente enamorado de su difunta mujer. Poco a poco se adapta a la vida en la colonia, pero, justo cuando parecía que todo iba a mejorar, el poblado sufre un terrible saqueo por parte de los indios abenaki y Delia es raptada junto con otras mujeres. Incapaz de negar los sentimientos que despierta en él esa valiente mujer, Tyler acudirá a rescatarla.
Hoy vengo con otro libro del Reto Rita: Una pasión indomable. La pobre Johanna Lindsey tiene el honor de haber sido la autora inaugural del ya afamado Club del Porro, pero mucho ojo con el jurado de los premios RITA, porque menudos años se tiraron bajo los efectos del cannabis. Después de Maravilla (novela amable) y Pecado y virtud (buenas enaguas), empezaron con los canutos y se les ocurrió premiar un bodrio como el de La novia rebelde y una fumada de Laura Kinsale: El príncipe de la medianoche. El alijo de maría en manos de este jurado debía ser enorme, porque aún les quedaba suficiente hierba como para dar como ganadora esta novela de Penelope Williamson. No os podéis imaginar, queridas, el esfuerzo supremo que me ha supuesto leer esto. Con decir que al final ya leía en diagonal y me he saltado todos los momentos de trocotró...
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| "¡Vamos a premiar a la Garwood, verás qué risas, jajaja!" |
El planteamiento del principio parece prometedor: Delia McQuaid, una zagala inculta de diecisiete años, ve la posibilidad de salir de su entorno de miseria a través de un anuncio en el que se busca esposa. La persona que ha puesto dicho anuncio es un médico, Tyler Savitch, un chulazo impresionante que deja a Delia con las enaguas encharcadas en cuanto lo ve.
Pero aquí hay truco. ¿Por qué un apuesto hombre necesitaría buscar una mujer usando un método así? Porque la mujer no es para él, sino para otro. Y empieza el problema para la pava de Delia, que ya se ha enamorado de Tyler en cuanto lo ha visto. Hasta aquí todo normal, porque la chica es tan joven que no me extraña que caiga rendida ante los encantos de él, ya que no conoce nada más que a gentuza. Lo que se sale de madre es la actitud del médico. Se siente atraído por la moza de taberna pero, oh, no quiere amarla, porque es una garrula y despierta en él algo que prefiere no sentir (pffffff). Ahora, de no tirársela no dice nada, porque estamos ante uno de esos casos de priapismo que tanto odio.
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| Os presento a Tyler y a su boa con vida propia |
El tío se pasa la novela tratando fatal a la pobre Delia, que es honrada con lo que siente y así se lo dice, mientras él la obliga prácticamente a casarse con el otro señor, viudo y con dos hijas. La tensión sexual entre la pareja es eso, tensión sexual literalmente, porque lo que está tenso de manera constante es el prepucio de este sujeto (además de los pezones de ella, que tela también). Os juro que es ridículo leer continuamente que su boa se aprieta contra la bragueta, que tiene una erección magnífica o que está a punto de estallar del deseo. Un no parar.
Encima los momentos de sexo me han parecido un coñazo. El primero, horrible, con el animal de Savitch embistiendo (sic) como un Miura entre las piernas de Delia, porque cree que no es virgen (precioso todo). Los que vendrán mucho más adelante, leídos con poca gana.
En general, mucha documentación sobre los indios nosequé, los colonos del Maine y mucho blablablá, pero la historia en sí me ha resultado insoportable. Pensaba que el trayecto desde Boston hasta la llegada a la colonia iba a ser otra cosa, pero no. Una vez en su destino, Delia anda siempre metiéndose en líos de los que Tyler la rescata, mientras sigue comportándose como un auténtico mierda, como un macaco y un desagradable. ¿Habré leído libros con protas que tenía problemas para amar y todo ese rollo? Pues el de este libro se lleva uno de los premios gordos al Capullo de Honor. Incluso tiene momentos en los que su mente es la de un violador en potencia. Ése es el nivel, señoras.
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| Mira lo que tengo aquí, pequeña Delia |
Penelope Williamson no ha sacado provecho de una historia que parecía interesante. Primero, es cansina con tanta descripción (juro que me he saltado páginas enteras). En segundo lugar, la historia de amor no me ha gustado nada: Delia se enamora de alguien que puede ser su tabla de salvación para cambiar su vida. En cuanto a Tyler, tiene un conflicto interno que no sabe resolver y sólo piensa en cómo acostarse con Delia. A mí que no me engañen: lo del amor es un pegado postizo. Lo único que le interesa a este Príapo del Nuevo Mundo es estar todo el día metiendo su chorra en caliente. Dato: hay un momento en el que sólo ha pasado ocho horas sin darle al tema y piensa que el miembro se le va a atrofiar por falta de uso. ¡Pero que lo dice así, tal cual!
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| Venga, con esto mismo, que no se me caiga por el desuso |
Un chasco lector de los grandes, queridas. Por eso voy a dejarme de experimentos y me voy ahora mismo de cabeza a una novela que espero me haga suspirar como a mí me gusta. Ya os contaré...
Por todo esto recibe en nuestro Gandymetro...
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| Vete a pelártela bien lejos de mí, Tyler |













































