La estrella del hockey profesional Ryan Price puede ser un jugador agresivo, pero fuera del hielo lucha contra la ansiedad. Recientemente traspasado a Toronto, está decidido a empezar de cero en el dinámico barrio LGBTQ+ de la ciudad. Lo último que espera encontrar en su nuevo vecindario es un recuerdo de su pasado en la fabulosa forma de Fabian Salah.
Fabian, aspirante a músico, detesta el hockey. Pero eso no le impide sentirse atraído por un defensa de barba pelirroja. No ha olvidado el beso que casi se dieron en el instituto, y la química entre ellos no ha hecho más que intensificarse.
Fabian está más que feliz de ser el guía de Ryan en la escena gay de Toronto. Entre discotecas y exposiciones de arte, y el sexo más increíble, Ryan siente algo que no había experimentado en mucho tiempo: alegría. Pero desempeñar el papel de peso pesado en el hielo ha pasado factura a su cuerpo y a su mente, y un futuro con Fabian puede significar colgar los patines para siempre.
Bajo los efectos febriles de haber leído Heated Rivalry me lancé sobre el resto de libros de la serie porque, obviamente, tenía que leer The Long Game (la continuación de la historia entre Ilya y Shane). De paso, tampoco estaba mal ampliar mi repertorio de sporty melofós, que ya sabéis que son de mis maromos literarios favoritos. Pues nada, tendré que esperar a otro libro porque de este no me llevo nada más que un chasco.
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| Ojo lo que he disfrutado |
Ryan Price colecciona equipos de hockey en los que ha jugado como yo colecciono ex maromiales. ¡Incluso ha sido compañero de nuestro adorado Ilya! Pero cada dos por tres lo traspasan. No es un estrellón pero es un jugador solvente que no deja a nadie indiferente, entre su físico de tiarrón enorme que te da una hostia y te viste de torero y su posición como defensa del que se espera casi exclusivamente eso, que se líe a dar hostias. El público vibra cuando Ryan reparte estopa pero lo que la gente no sabe es que el mozo no adora el hockey precisamente, tiene a la ansiedad como eterna compañera y, además, no oculta entre sus compañeros que es gay, lo que le hace objeto de acoso, incluso de estrellas de su mismo deporte como Dallas Kent o Troy Barrett. Traspasado de nuevo, esta vez a los Toronto Guardians, decide intentar relajarse un poco, se va a vivir al barrio queer de la ciudad... y se encuentra con su crush adolescente.
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| Ryan mirando a Fabian |
Fabian Salah se cae de culo cuando ve entrar a Ryan en su trabajo. El jugador ya no es ese chaval tímido que su familia alojó en casa pero sigue despertando en él las ganas de rechupetearle hasta el DNI. Cuando era adolescente, Fabian pensó por un momento que podría haber algo entre ambos pero cómo iba a estar ese tochaco de hombre a fijarse en él, un chico gay poquita cosa que pasaba desapercibido. Ahora, Fabian no se esconde y no oculta su gusto por lo distinto, por llamar la atención, por el encaje, el eyeliner y el joyerío (las haggards no podemos objetar nada a su gusto) pero lo pone al servicio de su arte, ya que es compositor y cantante.
Y, por lo visto, Fabian también hace llorar a los ángeles cuando canta pero no por lo mismo motivo que Leonardo Dantés. Fabian ha recorrido mucho desde que era un chaval y su familia alojaba jóvenes jugadores de hockey y no va a dar un paso atrás ante Ryan. Él es como es y, además, odia el hockey, así que Ryan, jugador y heteruzo, es veneno puro. Pero, ay, cuando Ryan le cuenta que de hetero no tiene nada...
| Dos tazas de Ryan para Fabian |
Pues yo me moriré de muchos venenos pero del de este libro, no, porque no me ha gustado. Obviamente (al menos para mí) después de la historia de Ilya y Shane ni Henry Cavill dejando que le toque los abdominales me iba a dar tanta satisfacción pero tampoco pido yo mucho, con que este fuera cuqui me bastaba. Ryan Price, tan grandullón pero tan tierno y traumatizado, ha hecho su parte, pero Fabian... Ay, Fabian, qué insoportable eres.
Nada, que no me ha entrado de ningún modo este hombre, me ha parecido un egoísta que no está dispuesto a moverse lo más mínimo por Ryan, mientras que este cambia todo por amor. Entiendo que Fabian arrastra su pasado y le ha costado mucho llegar donde está pero no he llegado a empatizar con él en ningún momento, no he entendido el trato que le da a Ryan, que es un amor de hombre que necesita un achuchón y que le quieran mucho y no un egocéntrico al que hacer feliz a base de eterna atención y de tres toneladas de perlas de Majorica. La pareja me ha parecido muy descompensada y, sintiéndolo mucho, no me he creído nada de su historia de amor. Era todo tan extraño, tan ortopédico... Nada, que no he conectado y no he remontado la lectura. Bueno, miento, en el epílogo sí he disfrutado como cochina en charco, pero porque Fabian carece de importancia y hay otros que se llevan la atención, jijiji.
Y Rachel Reid no escribe mal precisamente, no es problema de calidad de escritura, es problema de calidad del protagonista, que no hay Dior que lo aguante. Así que, como Tough Guy no me ha gustado pero Ryan Price, sí, le doy en nuestro Gandymetro...






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