miércoles, 13 de mayo de 2026

El precio a pagar/Tough Guy (Game Changers 3), Rachel Reid


La estrella del hockey profesional Ryan Price puede ser un jugador agresivo, pero fuera del hielo lucha contra la ansiedad. Recientemente traspasado a Toronto, está decidido a empezar de cero en el dinámico barrio LGBTQ+ de la ciudad. Lo último que espera encontrar en su nuevo vecindario es un recuerdo de su pasado en la fabulosa forma de Fabian Salah.
Fabian, aspirante a músico, detesta el hockey. Pero eso no le impide sentirse atraído por un defensa de barba pelirroja. No ha olvidado el beso que casi se dieron en el instituto, y la química entre ellos no ha hecho más que intensificarse.
Fabian está más que feliz de ser el guía de Ryan en la escena gay de Toronto. Entre discotecas y exposiciones de arte, y el sexo más increíble, Ryan siente algo que no había experimentado en mucho tiempo: alegría. Pero desempeñar el papel de peso pesado en el hielo ha pasado factura a su cuerpo y a su mente, y un futuro con Fabian puede significar colgar los patines para siempre.
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Bajo los efectos febriles de haber leído Heated Rivalry me lancé sobre el resto de libros de la serie porque, obviamente, tenía que leer The Long Game (la continuación de la historia entre Ilya y Shane). De paso, tampoco estaba mal ampliar mi repertorio de sporty melofós, que ya sabéis que son de mis maromos literarios favoritos. Pues nada, tendré que esperar a otro libro porque de este no me llevo nada más que un chasco.

Ojo lo que he disfrutado

Ryan Price colecciona equipos de hockey en los que ha jugado como yo colecciono ex maromiales. ¡Incluso ha sido compañero de nuestro adorado Ilya! Pero cada dos por tres lo traspasan. No es un estrellón pero es un jugador solvente que no deja a nadie indiferente, entre su físico de tiarrón enorme que te da una hostia y te viste de torero y su posición como defensa del que se espera casi exclusivamente eso, que se líe a dar hostias. El público vibra cuando Ryan reparte estopa pero lo que la gente no sabe es que el mozo no adora el hockey precisamente, tiene a la ansiedad como eterna compañera y, además, no oculta entre sus compañeros que es gay, lo que le hace objeto de acoso, incluso de estrellas de su mismo deporte como Dallas Kent o Troy Barrett. Traspasado de nuevo, esta vez a los Toronto Guardians, decide intentar relajarse un poco, se va a vivir al barrio queer de la ciudad... y se encuentra con su crush adolescente.

Ryan mirando a Fabian

Fabian Salah se cae de culo cuando ve entrar a Ryan en su trabajo. El jugador ya no es ese chaval tímido que su familia alojó en casa pero sigue despertando en él las ganas de rechupetearle hasta el DNI. Cuando era adolescente, Fabian pensó por un momento que podría haber algo entre ambos pero cómo iba a estar ese tochaco de hombre a fijarse en él, un chico gay poquita cosa que pasaba desapercibido. Ahora, Fabian no se esconde y no oculta su gusto por lo distinto, por llamar la atención, por el encaje, el eyeliner y el joyerío (las haggards no podemos objetar nada a su gusto) pero lo pone al servicio de su arte, ya que es compositor y cantante.


Y, por lo visto, Fabian también hace llorar a los ángeles cuando canta pero no por lo mismo motivo que Leonardo Dantés. Fabian ha recorrido mucho desde que era un chaval y su familia alojaba jóvenes jugadores de hockey y no va a dar un paso atrás ante Ryan. Él es como es y, además, odia el hockey, así que Ryan, jugador y heteruzo, es veneno puro. Pero, ay, cuando Ryan le cuenta que de hetero no tiene nada...

Dos tazas de Ryan para Fabian

Pues yo me moriré de muchos venenos pero del de este libro, no, porque no me ha gustado. Obviamente (al menos para mí) después de la historia de Ilya y Shane ni Henry Cavill dejando que le toque los abdominales me iba a dar tanta satisfacción pero tampoco pido yo mucho, con que este fuera cuqui me bastaba. Ryan Price, tan grandullón pero tan tierno y traumatizado, ha hecho su parte, pero Fabian... Ay, Fabian, qué insoportable eres.


Nada, que no me ha entrado de ningún modo este hombre, me ha parecido un egoísta que no está dispuesto a moverse lo más mínimo por Ryan, mientras que este cambia todo por amor. Entiendo que Fabian arrastra su pasado y le ha costado mucho llegar donde está pero no he llegado a empatizar con él en ningún momento, no he entendido el trato que le da a Ryan, que es un amor de hombre que necesita un achuchón y que le quieran mucho y no un egocéntrico al que hacer feliz a base de eterna atención y de tres toneladas de perlas de Majorica. La pareja me ha parecido muy descompensada y, sintiéndolo mucho, no me he creído nada de su historia de amor. Era todo tan extraño, tan ortopédico... Nada, que no he conectado y no he remontado la lectura. Bueno, miento, en el epílogo sí he disfrutado como cochina en charco, pero porque Fabian carece de importancia y hay otros que se llevan la atención, jijiji.

Y Rachel Reid no escribe mal precisamente, no es problema de calidad de escritura, es problema de calidad del protagonista, que no hay Dior que lo aguante. Así que, como Tough Guy no me ha gustado pero Ryan Price, sí, le doy en nuestro Gandymetro...

Besotes para el maromo grandote


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martes, 5 de mayo de 2026

Los Davenport (Los Davenport 1), Krystal Marquis


En 1910, los Davenport son una de las pocas familias negras que cuentan con enorme riqueza y buena posición social en unos cambiantes Estados Unidos.
Olivia Davenport, la hermosa hija mayor, está lista para cumplir con su deber al casarse… hasta que conoce a un carismático líder de la lucha por los derechos civiles, y saltan chispas.
En cambio, a la hija menor, Helen, le interesa más arreglar automóviles que enamorarse… a menos que sea del pretendiente de su hermana.
Amy-Rose, la amiga de la infancia convertida en doncella de las hermanas Davenport, sueña con abrir su propio negocio… y con casarse con el hombre con el que nunca podría estar: John, el hermano de Olivia y Helen.
Pero la mejor amiga de Olivia, Ruby, también le ha echado el ojo a John… La presión familiar la lleva a urdir un plan para conquistar su corazón, justo cuando otra persona conquista el de ella.
En este inicio de bilogía, cuatro mujeres decididas y apasionadas descubren el valor necesario para seguir su propio camino en la vida… y en el amor.
Pues aquí estoy de nuevo para traeros una lectura a la que me lancé con muchas ganas, pero ya anuncio que ha sido un chasquito lector.

Qué novedad, ¿eh?

El caso es que empecé con entusiasmo esta novela al tener como protagonistas a cuatro chicas negras en el Chicago de 1910. Algo diferente y con fundamento a la hora de colocarnos personajes no blancos en una historia de época, con todo lo que ello supone, y sin los edulcoramientos y/o fantasías que se llevan ahora (y no sigo, que me echan de aquí). 

Sí, lo tuyo es tan true como tu pelo

Pero lo que debería haber sido la gran virtud del libro  (que no niego que no haya nada digno de resaltar en ese sentido) se queda en agua de borrajas. Que sí, que esto se supone que es una novela romántica, pero el trasfondo, que es interesante, no ha sido bien explotado por la autora. Se ven ciertas pinceladas de lo que era ser negro y rico en ese momento, el problema del mestizaje, la lucha por conquistar derechos, pero no hay tanto peso como yo esperaba. Es más, en la nota final de la autora hay mucha más información que en la novela en sí y reivindica que haya más historias de este tipo. Pues hija, qué poco has aprovechado la oportunidad.

Así no


Yendo a la parte romántica, un mñé como un piano de grande, además de una estafa, porque la autora te deja a medio para que sigas con la segunda parte. Tú estás viendo cómo va todo sobre ruedas, muy fácil, y ya te hueles lo que va a pasar: los problemas al final para que te piques. Perfectamente podría haber escrito una novela completa, pero ya sabemos cómo funciona esto.



Cada capítulo es desde el punto de vista de una de las chicas: las dos hermanas Davenport, Olivia y Helena, privilegiadas, ricas, viven muy protegidas por sus padres. De hecho, su padre fue esclavo y escapó, y eso es casi un tema tabú en su casa (y una historia más interesante que contar, no es por nada). Ahora es dueño de una gran empresa de carruajes, pero se niega a reconvertirla en una fábrica de coches, que es lo novedoso. Olivia es la hija perfecta, totalmente integrada en cuanto a maneras y comportamiento en la alta sociedad. Helena, por su parte, está interesada en el mundo del motor y no duda en colarse en el taller paterno para pringarse de grasa y montar y desmontar todo artilugio que se le ponga por delante. 


Las otras dos chicas son Ruby Tremaine, amiga de las Davenport, cuyo padre está inmerso en una campaña política que los lleva algo apretados económicamente, por lo que le buscan a su hija un buen partido para casarse: John Davenport, el hermano de Olivia y Helena. Por último, tenemos a Amy-Rose Shepherd, sirvienta de las Davenport, aunque la tratan casi como familia; es mestiza y con ganas de tener su propio negocio de peluquería y colada por John.

Amy-Rose, te necesito

Hasta aquí todo bien. ¿Cuál es el problema del libro? Que suena a ya leído y, además, no hay conflicto apenas hasta casi el 90% de la lectura. Al principio, Olivia y Ruby están ya emparejadas por obra y gracia de sus padres. De pronto, todo sucede al mismo tiempo para ellas y las otras dos chicas: se enamoran y, qué casualidad, el elegido nunca es el ya destinado a ellas o el apropiado por las razones que sean. Pero no pasa nada, porque ellos les corresponden y los otros dos no ponen pegas tampoco, ya que son intercambiables (yo me entiendo). Washington DeWitt, Jacob Lawrence, Harrison Barton y el citado John Davenport son todos unos maromos que huelen a loción de afeitado, pino, bergamota y no sé qué más. Están buenísimos, tienen hoyuelos, dientes perfectos, labios carnosos, torsos firmes... un puto aburrimiento. Incluso el más cañero y reivindicativo de ellos me ha dejado fría, porque es tan típico que se le veía venir a kilómetros. Todos son un dechado de virtudes como no os podéis imaginar. Que no digo yo que tengan que ser unos feos, unos padentristas o unos pirados mentales, pero es que no tienen defecto. Sí, los protas de romántica suelen ser así, pero necesitamos que haya algo más en la historia. Los "problemas" que surgen casi al final no creo que sean muy complicados de resolver en la siguiente novela. 

Un déjà vu continuo leyendo esto

La autora afirma que quiere dar protagonismo a mujeres negras y cómo van encontrando su lugar en la vida y en el amor. Me parece muy loable, pero no me ha entusiasmado la manera de hacerlo. Lo de su lugar en la vida, vale, descubren que hay cosas por las que luchar fuera de sus mansiones, tienen expectativas profesionales más allá de casarse... En el amor, vuelvo a decir que es como leer algo que ya has visto mil veces: el amor imposible por la diferencia de clases; la atracción por el tipo que te pincha y te saca de tu burbuja; el que te quiere a pesar de tus intereses distintos a los de las demás mujeres; el que usas para dar celos y luego te enamoras de él. Un cliché detrás de otro, pero sin más sustancia, con unos personajes sin apenas relieve. Helena, por ejemplo, prometía mucho con su interés por los motores y la ingeniería, pero ahí se queda la cosa, más en lo anecdótico y en que su padre no le haga mucha gracia su afición. A todos les falta un "nosequé" para hacerlos memorables. Creo que la Krystal Marquis ha querido abarcar tanto que ni llega a convencer como romántica ni como historia con carga de crítica social. 

La forma de escribir, entre correcta y mediocre. Mucha mariposa revoloteando en el estómago, fruncimientos varios (eso que no falte), calor cuando el hombre de turno está cerca, hambre (sí, siempre están diciendo que tienen la barriga vacía, ¡parecen Carpanta, pijo!), descripciones de ropa y peinados... ¿Leeré el siguiente? Pues sí, a ver si hay una evolución en todos y saber cómo acaban. Y aquí estaré para contároslo.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Cuatro hombretones y ninguno me pone


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martes, 21 de abril de 2026

Los desamparados de Devon (serie), Mimi Matthews


La oferta de matrimonio. Él busca una esposa y pone un anuncio; ella busca refugio y lo contesta. ¿Qué sucederá cuando el pasado de ambos les aceche?
Una dama independiente. Un pasado oscuro acecha a dos almas libres con deseos distintos que acabarán unidas en una búsqueda y también en el amor.
Una historia de conveniencia. ¿Puede alguien que siempre ha desempeñado el papel de villano convertirse en un héroe? ¿Y qué sucederá cuando estalle el escándalo?
Una dama de invierno. Una remota abadía costera, una mujer que busca ser invisible y un hombre que no dejará que lo sea. Dos almas sensibles que forjarán una amistad inesperada.
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Lo prometido es deuda y aquí vengo a contaros algunas lecturas de una autora estupenda que me he echado al cuerpo en todos estos meses de abandono blogueril. Y, para sorpresa de nadie, os traigo una primera tanda de libros super ranciedad friendly. Vamos, que aquí no busquéis trocotró porque no lo vais a encontrar. 

Kim echándome del blog (y con razón)

Un momento, eh. Es que no hay sexo ni falta que le hace. Por cierto, un monumento a Libros de Seda por apostar por escritoras de romántica de esta nueva oleada de clean romance. Encima los comparten por Storytel, así que tengo allí mi biblioteca a tope de cositas por leer.

Sí, pero la tele con dos rombos #Viejuna

Entrando ya en materia, esta serie se compone de cuatro libros citados arriba. Lo cierto es que leí la primera novela hace unos dos años y no me hizo mucho tilín. Me llamó la atención el instalust siendo enaguas rancias y me hizo torcer el morro el padentrismo del protagonista. 

Un cliché que a mí me cansa

El año pasado decidí dar otra oportunidad a esta autora empezando una serie distinta, Las londinenses, formada por otras cuatro novelas: La sirena de Sussex, La bella de Belgrave Square, El lirio de Ludgate Hill y La musa de Maiden Lane (ésta no la he leído aún, en junio sale la traducción, deseando estoy). Al terminar la tercera me di cuenta de que había ciertos personajes que eran de Los desamparados de Devon. Mimi Matthews une muy bien sus libros, los ubica en un universo único en el cual interactúan, haciendo más creíble el contexto histórico. Eso me llevó a leer el resto de novelas y, queridas, lo hice del tirón.

No daba abasto

No es que sean la leche en verso, pero están tan bien escritos (bueno, los fruncimientos de ceño y labios, EJEM, que son la peste en cualquier novela de ahora) y tan bien montados que no se echan en falta escenas de cama. Es más, hasta algunos pueden pasar por el altar a mitad de novela y no nos vamos a encontrar con boas descomunales cuya punta es como una ciruela madura (sí, ya sabéis que ESO lo he leído yo y glosado por aquí).

Os pregunto, autoras describiendo vergas imposibles

Si algo se le agradece a la autora es, primero, dejarse de una p*ta vez ya el enemies to lovers, que parece que algunos (no quiero mirar a nadie) no saben escribir otra cosa en romántica. Y, segundo, y no menos importante, poner sobre la mesa temas que casi nunca vemos en este género. De entrada, los protagonistas masculinos marcan la diferencia: cuatro huérfanos que sufrieron lo indecible en un orfanato miserable y cuya inquebrantable amistad ha perdurado en el tiempo, salvo en el caso de uno de ellos, que desapareció de allí sin dejar rastro para desconcierto de los otros tres chicos (sus buenas razones tenía). Cada uno ha prosperado a su manera: Justin Thornhill es un veterano de guerra con muchas cicatrices externas e internas; Thomas Finchley es un abogado al que no se le resiste un caso; Alex Archer es el que se fue y vuelve con pinta de villano; y Neville Cross es el más especial del grupo ya que, tras sufrir un accidente durante su niñez en el orfanato, se ha quedado un poco tocado y le cuesta expresarse, así que prefiere estar rodeado de animales que cuidar y que no le dan conversación.

Cuatro maromos pal cuerpo, yeah!

Es verdad que ya hemos visto huérfanos en otras series como Los hombres de Roxbury House de Hope Tarr o Los huérfanos de Saint James de Lorraine Heath, pero aquí los tiros van por otros lados. La primera entrega trata lo fácil que era declarar loca a una mujer para quitarle todo y encerrarla en un manicomio pa los restos. Lo cierto es que la autora explota poco aquí el ambiente gótico del lugar en el que transcurre la historia, ya esperaba yo ahí una trama más en ese sentido, pero no. En la segunda, la conquista de la independencia femenina es un buen aliciente para leer, y más si viene aderezado todo con un apasionante viaje a La India y una pareja que tiene una buena química añdkjfañskdjslks pero intereses contrapuestos (¡y a ver cómo soluciona la autora eso! Spoiler: muy bien). En la tercera, el protagonista masculino es el que se largó y vuelve con pinta de villano, pero que sabemos que tiene un corazón de oro (en una novela menos rancia, tendría también una boa de oro). Por último, Neville Cross es el maromo de Una dama de invierno, pequeño chasco porque esperaba más para este entrañable hombretón de pocas palabras

En cualquier caso, Mimi Matthews es una autora para tener en la recámara en caso de necesidad de salir de un bloqueo lector. Si bien no te va a dar calores xixiles ni quizá a veces historias muy memorables, al menos no te cabrea como un mono con mierdeos mal llevados, féminas pichotiles o tíos que dan ganas de mandarlos de una patada a las antípodas. Así que si no os espanta la ranciedad, podéis echarle un ojo a alguna de sus novelas. Yo voy a seguir leyéndola.


Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Mimi Matthews, sigue dándonos rancio-maromazos

PD: de Mimi Matthews he leído también los dos primeros libros de Historias de SomersetLa obra de arte Caballero Jim. El primero me pareció flojísimo, se nota que es lo primero que escribió. El segundo mejor, pero tampoco es para tirar cohetes, amable y ya. Volveré a la carga con otra reseña conjunta cuando publiquen el último de la serie Las londinenses, que tiene cosas muuuuy interesantes.




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jueves, 9 de abril de 2026

Volviendo a empezar (Windy Ciy 5), Liz Tomforde


HALLIE
A los once años, mi familia se mudó al lado de la suya.
A los trece, fue mi primer amor.
A los dieciséis, nos enamoramos el uno del otro.
Y a los diecinueve, nos rompimos mutuamente el corazón.
Seis años después, he conseguido unas prácticas con un famoso diseñador de interiores en otra ciudad. Por desgracia, la misma en la que él juega al hockey.
Pensaba que Chicago era lo suficientemente grande como para evitarlo, hasta que me llevo la sorpresa de mi vida y, sin saberlo, me mudo justo a la puerta de al lado. ¿Lo peor? El proyecto de reforma que me han asignado, con el que espero convertir esas prácticas en el trabajo a tiempo completo de mis sueños… es su casa.
Pero ¿cómo se supone que voy a transformar su nidito de soltero en un hogar familiar cuando ni siquiera soportamos estar en la misma habitación?
Puede que una vez amara a Rio DeLuca, pero ya no soy esa chica.

RIO
Nunca pensé que sería el último soltero de mi grupo de amigos. Pero tras años intentando encontrar el amor, he llegado a la conclusión de que quizá ya no exista para mí.
Eso hasta que, sin querer, contrato a Hallie Hart para que reforme mi casa y nuestra vieja historia me hace evocar recuerdos que he mantenido en secreto durante años.
A ver, hay algo que mis amigos no saben.
Esa conexión que perseguía desde que me mudé a Chicago, esa persona a la que algunos buscan durante toda la vida... Yo ya la había encontrado a los doce años.
Y, ahora, la única chica a la que he amado se muda a la casa de al lado.
Otra vez.
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No os exagero si os digo que tengo esta entrada abierta en Blogger desde San Fermín de 2025 y que, a fecha de hoy, solo tiene la sinopsis y los Gandys. Pero, como ya os dije en el estado de la nación haggardiana, tengo un fabuloso cuadernito del Pepco de 50 centimillos donde me dediqué a escribir alguna reseña suelta antes de que se me vaciara el cerebro y doy gracias porque una de esas reseñas sea esta porque no me he disfrutado yo esta serie entera de la Tomforde para dejarme al maromo más adorafollable sin reseñar.


Así que, Rio, hermoso, ha llegado tu momento. Despido esta serie que me ha dado más alegrías que zamparme una bolsa entera de Twix minis con penilla pero también contenta porque no le puedo poner pega alguna. 

[Inciso: cuando escribí esto aún no sabía que iba a haber una novela más relacionada con el universo Windy City -que, por cierto, acabo de terminar de leer]

Sabéis que los sporty melofós son de mis maromos favoritos (algún día deberíamos hablar sobre los tipos de maromos románticos que más nos gustan...) y Liz Tomforde ha logrado modernizarlos y hacerlos tan sexis como los de SEP pero sin ese cierto aire machistoideviejuno que se les puede achacar a mi Dan Calebow y sus compañeros, con lo que resultan más accesibles y agradables a las lectoras, que ahora valoramos mucho un maromo que nade en la piscina del feminismo (pero nos trinque igualmente). Y en esa piscina feminista Rio DeLuca nada mejor que nadie.

Soy el rey del feminismo

Rio ha sido el confidente de todas las mujeres de esta serie, además de aportar estupendos momentos cómicos. Pensarás tú que, como buenorro que es, se le tirarán las chicas encima. ¡Error! Bueno, chicas no le faltan pero él no quiere eso, ¡él lo que quiere es el amor eterno y maravilloso que todos los de su alrededor tienen! Todos van cayendo como fichas de dominó y él, a comerse los mocos. ¿Por qué, oh, dioses de la romántica, no puede encontrar él a la mujer de su vida? Pues porque ya la encontraste, Rio. Y la perdiste.


Hallie Hart permanece arrinconada en la memoria y el corazón de Rio, básicamente porque la quiso mucho y el dolor que ella le causó fue proporcional al amor que le tuvo. Pero en la romántica no te vuelve el dolor de rodilla cuando parece que va a llover, te vuelve el amor de tu vida literalmente a la puerta, porque Hallie se va a convertir (de nuevo) en la vecina de Rio. Para Hallie la vida cambió totalmente cuando sus padres se mudaron y conoció a un adolescente Rio, que era patoso hasta en el deporte en el que luego triunfó. Aunque Rio se hizo amigo de su hermano, con Hallie hubo una conexión intantánea que les hizo amigos especiales.

Amigos de esta clase

Pero Hallie ya no es una niña enamoriscada y, si bien entiende por qué Rio no quiere saber nada de ella, también sabe que él no conoce toda la verdad sobre lo que destrozó sus familias y el amor e ilusiones que ambos tenían. ¿Queréis saber qué ocurrió? ¡Pues, colegas, tenemos que rebobinar!

Si hacías esto, eres más vieja que el hilo negro

Rebobinar en su historia a través de capítulos del pasado en los que podemos disfrutar de la dulzura de su amistad primero, de cómo se van enamorando después, de cómo se les van despertando los fuegos internos guarreriles y de cómo se va todo a la mierda. Rebobinar aquí cobra un sentido especial ya que Hallie tenía una costumbre que me ha llegado especialmente al corazón y es que cada año hacía una recopilación de canciones donde cada una de ellas le recordaba un momento especial de ese año. Si sois como yo de viejunas especiales, sabréis lo que es poner una cinta de casete canción y volver a tener diecisiete años.

Mentalmente, que físicamente estoy así

Los libros de Liz Tomforde se han convertido en comfort reads para mí, los espero como agua de mayo. No son libros de grandes conflictos entre los personajes (les basta con sus traumitas propios) y todos viven en una especie de mundo happy flower donde no hay hueco para racismo/machismo/mierdas varias de la vida y eso hace que no sean profundos ni de esos que te van a cambiar la vida pero sí te dan un ratito feliz mientras lees. Y este me ha dado un ratito muy feliz, la verdad. Venía a esta historia con ese puntito de miedo que da adorar a un personaje en los libros previos y tener miedo de que precisamente en su historia la autora la cagara. Pero para nada, este libro mantiene la tónica de los anteriores, es una pequeña balsa de felicidad lectora. Claro que hay conflictos (de hecho aquí el lío principal viene por algo que suelo odiar, la falta de comunicación entre los personajes) pero no es algo que te haga querer tirar el Kindelito por la ventana o coger un megáfono para gritar cuatro cosas malsonantes. Sufres lo justito porque la Tomforde no te tira a la charca de la desesperación y disfrutas del camino porque sabes que esto acabará bien. ¡Ay, qué placer es leer romántica! Y más si es con un maromo como Rio, que es un rayito de sol que te ilumina el día.

Volviendo a empezar ha sido un estupendo colofón para esta serie. Es un libro ligero, divertido, sexy y más emotivo de lo que yo esperaba pero igualmente disfrutable, por lo que le doy en nuestro Gandymetro...

Rio, tócame la doble pletina


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martes, 31 de marzo de 2026

El buscador de novias (St. Leger 1), Susan Carroll


Se han casado por poderes, él desde el castillo de Leger, mientras ella permanecía en Londres; no se conocen. Ella esperaba encontrar un hombre gentil, educado y culto. Él, una mujer fuerte, capaz de encajar en aquella vieja mansión de piedras toscas y gastadas, de estancias oscuras y pasado lúgubre. Ni él ni ella han visto satisfechas sus expectativas: porque él es rudo, de mal talante, más dispuesto al golpe que a la caricia, y porque ella es fina y delgada, demasiado educada y... pelirroja. Sólo el buscador de novias sabe que aquel hombre y aquella mujer compartirán al fin un amor de leyenda.
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(ADVERTENCIA: esta reseña estaba esbozada desde noviembre de 2024 -sí, habéis leído bien-, así que ya me acuerdo de poco -o nada- de la novela. Se intentará rematar como se pueda y espero que os sirva de algo). 

De entrada, que me perdone la lectora que me recomendó este libro, pero no recuerdo quién fue, sorry (¿Bona, fuiste tú?). Desde aquí darle las gracias porque, aunque no me haya entusiasmado como para ir en una nube durante la lectura, es una propuesta distinta. Siendo un retelling (y van ya...) del cuento de la Bella y la Bestia, aquí sí encontramos una historia en la que se incluye fantasía, como en el original. 

¡Qué ilusión!

No, no os precipitéis, que él no es una especie de animal lleno de pelos (qué pena, oiga) ni ella una joven que romperá el hechizo, pero algo de magia hay. Desde los tiempos de Próspero, el fundador de la saga, los St. Leger tienen como suerte (o desgracia, según se mire) nacer con algún don especial, ya sea poder leer los sentimientos de otros, hablar con los animales o, en el caso de Anatole, mover objetos con la mente y ver el futuro. Este último don es lo que le ha prevenido de alejarse de una mujer "de las llamas" que lo perjudicará. 


Por otra parte, sobre ellos recae una especie de maldición, que los obliga a casarse quien disponga el llamado Buscador de Novias, arriesgándose a lo peor si no contraen matrimonio con la persona elegida por él. Y lo que ocurre es que Fitzleger, el buscador, ha visto en Madeline, una joven pelirroja, a la esposa ideal para Anatole. El pisto está servido.

Ay, que lo mismo es la churri chunga de las visiones

La relación entre ambos va a ser difícil al principio, como es natural. Ella, mujer del XVIII, el Siglo de las Luces, es una persona muy racional que no puede creer en historias de poderes y mucho menos en predestinación para emparejarse. Él, por su parte, es un hombre rudo y con bastante trauma desde la infancia debido a sus poderes, con los que tiene una complicada relación, ya que los odia pero también respeta todas las tradiciones y legado familiar. 

Y que tu madre te odie y te tema también
Con todos estos mimbres la autora nos construye una historia con un trasfondo bastante distinto a otros dentro de la novela romántica paranormal, en la que suelen pulular vampiritos, viajes en el tiempo o berserkers escoceses. Aquí se le da la vuelta al cuento de la Bella y la Bestia como hemos comentado y el protagonista terminará transformándose (aunque sólo interiormente, claro) gracias al amor de la mujer que, según el destino, le corresponde. En definitiva, es una novela muy disfrutable, con un toque diferente, aires góticos, cero pichotismo, sexo algo raruno al principio y buenos protagonistas.

Por todo esto, se lleva en nuestro Gandymetro...

Anatole, espero que mi pelo moreno te mole


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